domingo, 12 de mayo de 2019

"Las Leyes Espirituales" Vicent Guillem (4)

¿Y qué tipo de pruebas o circunstancias son esas que tenemos que pasar en cada vida y por qué?

Muchas de esas pruebas consisten en experimentar en nosotros mismos aquello que hemos hecho a los demás, en enfrentarnos a las consecuencias de las situaciones que nosotros mismos hemos provocado, para que tomemos conciencia del sufrimiento o felicidad que estas acciones han tenido sobre los demás. Las pruebas son de lo más variopintas, pero en general son pruebas que tienen la intención de que nos vayamos desprendiendo del egoísmo y creciendo en amor.

¿Y es necesario morirse o vivir una experiencia cercana a la muerte para experimentar la conciencia de que tú eres tu espíritu y no tu cuerpo?

No. De hecho todos vosotros tenéis la capacidad de separaros temporalmente de vuestro cuerpo, y así sucede de forma inconsciente en una etapa del sueño. Pero hay gente que es capaz de conseguir inducir esta separación de forma consciente a través de ciertas técnicas de relajación. Los viajes astrales aportan pruebas de que la conciencia no está ligada al cuerpo.

¿Qué es un viaje astral?

Es una separación temporal del cuerpo. Pero ¿por qué preguntas lo que ya sabes? ¿Acaso no has llegado aquí de esa forma?

Yo solo estaba intentando probar lo que otros han descrito. Una cosa es la teoría y otra la práctica. ¡No me esperaba que fuera a ocurrir algo así!

Pues ocurre. Tu cuerpo no está aquí. Está tumbado en tu cama. Pero tú sí.

¿Quieres decir que no solo podemos vivir sin estar ligados a un cuerpo, sino que estando físicamente vivos podemos salir y volver del cuerpo sin que se produzca la muerte?

Así es.

¿Qué es lo que se separa exactamente?

Se separa el espíritu del cuerpo físico que, como ya he dicho, solo es un revestimiento que se utiliza para poder actuar en el mundo físico. Sin embargo, esta separación es solo temporal y siempre existe un nexo entre los dos que nunca se rompe y que permite la vuelta al cuerpo físico sin que haya ningún tipo de problema de salud. Es el llamado cordón de plata.

¿Qué es el cordón de plata?

Es el nexo de unión entre el cuerpo astral y el físico, como un cordón umbilical que permite aportar al cuerpo físico la energía vital que necesita para continuar con vida en ausencia del cuerpo astral. Los clarividentes suelen describir este "cordón" como una especie de hilo muy elástico de tono plateado, extensible hasta el punto de que por mucho que se separe el cuerpo astral del cuerpo físico, el cordón siempre da de sí lo necesario, es decir, se alarga hasta grandes distancias cuando el espíritu se separa y viaja lejos del cuerpo físico.

¿Y dónde va el espíritu cuando se separa del cuerpo?

Donde su pensamiento le lleva, al mundo astral, y ese es un viaje natural que responde a una dinámica necesaria en el desarrollo humano. Esas visitas nocturnas procuran a la persona energías y experiencias que le ayudan más tarde en su vida física, puesto que allí es asistido por entidades espirituales más avanzadas que le aconsejan y guían. Si quieres saber algo más, te aconsejo que leas el libro El viaje astral de Oliver Fox.

¿Cuerpo astral? ¿Mundo astral? ¿Entidades espirituales? ¡Buf! ¡Espera un poco! ¡Esto va demasiado rápido para mí!

Bueno, yo solo intento responder a lo que tú me preguntas. Pero, como vamos saltando de unas cosas a otras, no podemos profundizar en nada. Si te parece lo que podemos hacer es dejarlo aquí por el momento, porque ya es hora de que vuelvas al cuerpo. Ahora ya tienes algunas cosas sobre las que ir indagando por tu cuenta y reflexionando. Busca los libros que te he recomendado e intenta leerlos. Te servirán como prueba para confiar en que todo esto que has vivido no es una alucinación de tu mente, sino una auténtica realidad.

No sé si me acordaré de todo...

No te preocupes. Si pones tu voluntad, recordarás lo que necesites para encontrarlos. Recoge las nuevas preguntas que te vayan surgiendo durante ese tiempo para formularlas en las próximas ocasiones en que nos veamos, si es que quieres que nos sigamos viendo.

¿Cuándo nos volveremos a ver?

Depende de ti. De si quieres seguir profundizando en los temas que tan superficialmente hemos comenzado a abordar, o prefieres quedarte como estás.

A medida que vamos hablando me van surgiendo más preguntas, respecto a la evolución, a la inmortalidad del espíritu y estas cosas.

Guárdalas para la próxima ocasión. Lo que podemos hacer es ir abordando las preguntas por temas aunque, como verás, es casi imposible profundizar en algún aspecto sin necesariamente entrar en otro tema. También las respuestas sugieren otras preguntas que requieren más explicación.

Pero tienes que entender que de momento mantenga una postura de escepticismo respecto a lo que cuentas.

Lo comprendo. Sé que tu búsqueda de respuestas es sincera y que estás abierto a escuchar, de lo contrario yo no estaría aquí. Percibo que has escuchado detenidamente y que necesitas tu tiempo para meditar lo que hemos hablado. Eso es suficiente para mí. Hasta la vista, hermano.

Adiós, Isaías.

Y casi sin darme tiempo a despedirme, sentí un fuerte tirón. Y con la misma velocidad con la que había salido catapultado hacia fuera, sentí como si me lanzara en caída libre a la velocidad del rayo hasta precipitarme sobre mi cuerpo. La vuelta al cuerpo fue muy dura. ¡Qué contraste con la liviandad de estar fuera del cuerpo, con la dulce y serena vibración que sentí en aquel lugar de ensueño! Sentí frío. Me sentí mareado, con ganas de vomitar y pesado, como si me hubiera puesto un traje de plomo que pesara cien kilos. Al principio no podía moverme, no podía hablar. Fue entonces cuando comencé a tomar conciencia de lo que me había pasado. Estaba impactado. Lloré de emoción. Aquella había sido la experiencia más extraordinaria de mi vida. Durante los meses siguientes intenté volver a la normalidad. Pero por mucho que lo intentaba no podía ver las cosas de la misma manera. Casi todo me parecía banal. Las preocupaciones cotidianas, el trabajo. Muchas veces me quedaba como ido, sin escuchar, sin ver lo que había a mi alrededor, pensando en aquella experiencia. Me daban ganas de contárselo a la gente, a la familia, a algún amigo. Pero luego mi sentido común me decía que no me esforzara, que no lo iban a entender, que me iban a tomar por un loco. Me sentía un extraño, como si fuera extraterrestre. Me preguntaba cuánta gente habría experimentado aquello. Con el tiempo comenzaron a surgirme dudas. ¿Y si todo hubiera sido una alucinación, fruto de mi imaginación? Para intentar contrarrestarlas recordé algo que Isaías me dijo: “Busca los libros que te he recomendado y léelos. Te servirán como prueba para confiar en que todo esto que has vivido no es una alucinación de tu mente”. Me puse a buscar por Internet los libros. No podía recordar los nombres y los títulos, pero sí palabras y nombres que recordaba de nuestra conversación. Puse en Google “reencarnación, vidas pasadas, vida después de la muerte”, y empezaron a surgir los nombres de autores y títulos, y pude reconocer entre ellos los que Isaías había mencionado. Los estudié con detenimiento y fueron confirmando punto por punto lo que él me había dicho. Si aquello había sido una alucinación era realmente muy acertada.

Volví a tener ganas de ver a Isaías. De que su mirada dulce me reconfortara. De sentirme otra vez en paz. Los libros me habían ayudado a saber que había otra gente intentando responder a las mismas preguntas que yo, y que ellos, por su parte, habían emprendido un camino para intentar responderlas. Pero también me generaron muchas más preguntas, preguntas que iba anotando en una libreta y que repasaba mentalmente de vez en cuando para poder recordarlas, por si tenía oportunidad de volver a ver a Isaías. Aunque me costaba reconocerlo, necesitaba que Isaías me siguiera explicando, aclarando dudas, porque aquel anciano joven había conseguido por primera vez que las respuestas de alguien me llegaran muy profundamente. Además, ¡me hacía sentir tan bien, tan querido...! Seguía siendo escéptico, pero algo en mi interior me decía que estaba en el camino correcto. Así que retomé los ejercicios de relajación con la esperanza de volver a contactar con Isaías. Y me volví a salir del cuerpo. Está vez no necesité tanto esfuerzo. En solo cinco sesiones estaba fuera. Volví a experimentar las mismas sensaciones, el mismo viaje. Y allí estaba él. Esperándome de nuevo, con una sonrisa en la cara y su mirada enternecedora de la primera vez.






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