domingo, 3 de noviembre de 2019

"Las Leyes Espirituales" Vicent Guillem (27) 2ª Ley: Ley del libre albedrío - 2

Pues no sé. Supongo que habría gente a favor y gente en contra.

En el actual estado de la humanidad, y siendo muy generosos, más del 80% estaría en contra de estas medidas. Y se levantarían protestas y revueltas tremendamente violentas por todo el planeta para impedir el cumplimiento de esa nueva ley. Bajo este dilema, ¿qué debería hacer el mandatario? ¿Renunciar a sus propias convicciones para complacer al pueblo o por el contrario imponer las leyes a pesar de la oposición de la mayoría? Si toma la primera decisión estaría vulnerando su propio libre albedrío, al tener que hacer cosas que van en contra de su propia voluntad. Si elige la segunda estaría vulnerando el libre albedrío del pueblo, al imponerles una ley que va en contra de su voluntad.

Entonces se trata de un dilema sin solución posible.

Sí la hay. Y es la que se da. Esto es, que no hay gente evolucionada gobernando vuestro mundo. Si los seres avanzados no asumen posiciones de gobierno material en mundos como el vuestro es sencillamente porque mayoritariamente vosotros no queréis que ellos estén al mando, ni queréis aceptar los cambios que ellos proponen. Y ellos tampoco desean imponer su voluntad sobre la vuestra, porque saben que no sirve de nada obligar. Ya se han dado en la historia de vuestro planeta numerosos casos de gente más o menos honesta que llegaron a desempeñar altos cargos de poder e intentaron cambiar las cosas para bien. ¿Y qué pasó? Pues que duraron muy poco. Los que estaban alrededor los eliminaron. Por eso los espíritus elevados solo aconsejan, predican con el ejemplo sin imponer y luego cada cual elige aquello con lo que se siente afín.

¿Cuáles serían los resultados prácticos de la aplicación de la ley del libre albedrío en la Tierra si, al igual que ocurre en otros mundos más avanzados, decidiéramos seguirla?

La desaparición de cualquier forma de esclavitud, de coacción, de opresión, de manipulación, de daño de unos seres humanos hacia otros.
Un ser avanzado jamás violaría el derecho a la vida de otros seres. Por lo tanto, desaparecerían las guerras, la pena de muerte, el asesinato y el aborto porque con esas prácticas se está vulnerando el derecho a la vida de otros seres.
Desaparecería cualquier forma de maltrato o abuso sexual contra niños y adultos. Por lo tanto, desaparecerían la pederastia, las violaciones, la prostitución y cualquier otra forma de práctica sexual en la que se fuerza o coacciona la voluntad de otros seres humanos, especialmente cuando se trata de los seres más débiles e indefensos.
Desaparecería cualquier fórmula que coacciona la libre expresión del pensamiento y del sentimiento. No existirían, por tanto, la censura, la manipulación, el engaño, la represión ni el secuestro.
Desaparecería cualquier religión, filosofía o doctrina egoísta que justificara la opresión, la agresión, el control o la violencia contra otros seres humanos por diferencias raciales, religiosas, culturales, económicas, políticas o de cualquier otra índole. Por tanto, desaparecerían el racismo, el totalitarismo, el fascismo, el fanatismo religioso, el militarismo, el imperialismo o el capitalismo, porque son ideologías que basan el bienestar de unos cuantos en el sufrimiento de otros seres humanos. Cualquiera que sea la forma de esclavitud, sea esta material o mental, que se intente imponer al ser espiritual fracasará, porque el espíritu se revelará internamente contra aquello que le esclaviza, y tarde o temprano luchará con todas sus fuerzas para liberarse. Esta es la razón por la que cualquier doctrina, religión, ideología, sistema político o económico que no respete la ley del libre albedrío del espíritu será inestable y efímero, mientras que los basados en las leyes espirituales son estables y duraderos.
Desaparecería cualquier forma de esclavitud, maltrato físico o psicológico, dentro y fuera de los lazos familiares, de los padres contra los hijos, de los hijos contra los padres, de maridos contra mujeres o de mujeres contra maridos, de jefes contra empleados, de fuertes contra débiles.
Desaparecería cualquier práctica, afición o diversión basada en generar sufrimiento y destrucción a otros seres vivos, sobre todo a aquellos evolutivamente más cercanos, como los mamíferos superiores, que no obedecen a motivos de estricta supervivencia, como la tauromaquia, la caza, la pesca y la ganadería en los países desarrollados.

Pero para poder seguir una ley es preciso conocerla, ¿no? ¿Cómo es posible enseñar algo a gente que no tiene interés en aprender sin obligarles de alguna forma? ¿No habría que hacer como se hace con el niño rebelde que no quiere ir a la escuela, al cual se le obliga de alguna forma para que vaya y aprenda?

Como he dicho, si acabamos de decir que cumplir la ley del libre albedrío es respetar la voluntad del espíritu de decidir libremente, por muy espiritual que sea, la misma naturaleza de la ley impide imponerla, pues al hacerlo estaríamos vulnerando la misma ley. En otras palabras, el fin no justifica los medios y menos si en los medios estamos incumpliendo el fin que perseguimos. Obligar no es la forma y, como ya he dicho, lo que se obtiene por la imposición o la coacción se pierde cuando desaparece la fuerza coartadora. El espíritu volvería a ser como es en realidad y no como las circunstancias le han obligado a ser. Precisamente, la reencarnación y el olvido de las vidas anteriores están pensados para que el espíritu experimente el libre albedrío y evolucione por propios méritos, sin ningún tipo de coacción. Ya hemos hablado ampliamente de ello anteriormente, de que es el propio espíritu el que elige libremente si quiere o no avanzar, y el tipo de pruebas a las que quiere enfrentarse para avanzar. Y respecto al ejemplo que pones del niño y la escuela, las corrientes educativas más avanzadas espiritualmente, que también han llegado a vuestro mundo, intentan no coaccionar al niño, sino que buscan estimular sus propias capacidades, haciendo atractivo y no tedioso el aprendizaje, que es la mejor manera de que el niño aprenda, no por obligación sino por devoción.

¿Cuál es la forma correcta de que la gente conozca las leyes espirituales?

La única forma es predicar con el ejemplo, y es lo que han hecho los espíritus avanzados que encarnaron en la Tierra. Estoy hablando de Jesús, Buda, Krishna, Zoroastro, Antulio y otros avatares o seres avanzados, que encarnaron en la Tierra para enseñar la ley del amor, la del libre albedrío y las otras leyes espirituales. Hicieron de su vida un ejemplo de aplicación personal y de vida en armonía con las leyes espirituales sin obligar a nadie a hacer lo mismo.

Pues la ley del libre albedrío no les ha quedado muy clara a los supuestos seguidores de Jesús, ya que han acabado imponiendo a los demás sus creencias por la fuerza, mediante el uso de la violencia, la coacción y el miedo. Me refiero a la Iglesia católica, con la Inquisición y las Cruzadas.

Entonces son los seguidores los que no están a la altura del mensaje que dicen llevar. Pero esto no es culpa de Jesús o los avatares, sino del egoísmo y la falta de evolución imperante en vuestro mundo, que ha llevado a cierta gente a apropiarse de unas ideas que eran verdaderas y a deformarlas para controlar y manipular a los demás. Las religiones o creencias que imponen u obligan no conseguirán que el espíritu evolucione, ni se pueden considerar verdaderas ni en armonía con Dios y la espiritualidad superior, ya que nadie que vulnere la ley del libre albedrío se puede considerar como intermediario de Dios o que cumple los designios de Dios, y desaparecerán irremediablemente de la Tierra con el tiempo. Pero hablaremos de este tema específicamente en otra ocasión, ya que es bastante importante.

Pero, a pesar de esta intervención, no veo que las cosas hayan mejorado mucho en el mundo.

Algo sí. En épocas pasadas se criaba a humanos como si fueran ganado, para comerlos, y esto ahora os parecería una abominación. El canibalismo está prácticamente extinguido de la Tierra. Hace menos de doscientos años todavía existía la esclavitud de forma legal y existía el comercio de esclavos en todo el mundo. Aunque ahora exista la esclavitud en otras formas, por lo menos la esclavitud formal es perseguida y penada por las leyes de todos los países, y se practica de espaldas a la legalidad. Las persecuciones religiosas, aunque todavía existen en algunas partes del mundo, han disminuido en intensidad y en crueldad y existe legislación en muchos países que protege el derecho de libre creencia, impensable en Europa antes de la reforma protestante. La pena de muerte como forma de castigo se ha abolido en muchos países. La redacción y aprobación por un organismo internacional como la ONU de la carta de declaración de los derechos humanos, aunque en la práctica no se esté cumpliendo, es un ejemplo claro de que existen espíritus en vuestro planeta suficientemente avanzados para reconocer que existen derechos fundamentales que no deben ser vulnerados. En ella se especifican perfectamente los derechos que garantizan la ejecución del libre albedrío y exigen el cumplimiento a las naciones de acciones que impidan que se vulnere el libre albedrío de otros seres humanos. Por tanto, esta carta puede considerarse un desarrollo muy acertado de la ley del libre albedrío. En los diez mandamientos encontramos también algunas pinceladas de respeto al libre albedrío, como los mandamientos “no matarás” y “no robarás”. Aunque quede mucho por hacer, todo esto son avances respecto a la situación de épocas pasadas.




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