miércoles, 7 de febrero de 2018

C S M (23) Cap. IX: Control, Purificación y Educación de la Mente.

Lo mismo que hicimos con el cuerpo emocional, trataremos primero el problema del control del cuerpo mental inferior, porque purificarlo y educarlo requiere cierto grado de control de sus actividades. Como se verá, se asemejan mucho los métodos para el tratamiento del cuerpo emocional y el del cuerpo mental inferior, debido a la semejanza en su constitución y a la estrecha relación que existe entre ellos. Por tanto, mucho de lo que se ha dicho sobre la educación del cuerpo emocional es aplicable a la del mental inferior.

Para controlar la mente inferior, el primer paso es objetivarla, separarla de nuestra conciencia. La gran mayoría de personas cultas han superado la etapa de identificarse por completo con su cuerpo físico, en la que se encuentran los pueblos salvajes y semicivilizados. Algunas pueden también separarse parcialmente de sus deberes y emociones y tienen cierta conciencia de que ellas no son las emociones y deseos que constantemente las arrastran. Pero hay muy pocas personas que puedan separarse de sus mentes. Les parece que la mente es uña y carne de su mismísimo ser, y cuando hacen un esfuerzo por separarla de la conciencia les parece que no queda nada, tan estrecha es la identificación de la conciencia con su vehículo. Y sin embargo, para el que quiera controlar su mente es absolutamente necesario objetivarla.

El esfuerzo por controlar, purificar y fortalecer la mente por medio de una disciplina sistemática, irá haciendo al estudiante cada vez más consciente de ese dualismo entre el controlador y lo controlado. Pero al principio es necesario concentrarse por algún tiempo en observar los movimientos de la mente, a fin de adquirir en cierta medida la capacidad de objetivarla. Sólo así se familiarizará el estudiante con sus tendencias y características, y aprenderá a disociarse de ellas. Cuando haya adquirido cierta habilidad en esta dirección, debe comenzar a ejercer un control general sobre las actividades de su mente inferior.

El primer paso es crear el hábito de concentrarse totalmente en cada una de sus actividades durante el día. Muchos de los que comienzan a practicar la concentración y la meditación no saben que los resultados que logran durante los cortos períodos de sus ejercicios mentales dependen en gran medida del control y uso de su mente durante el resto del día. El que deja que su mente vague mientras atiende a sus tareas cotidianas, jamás logrará concentrarla bien durante el período de su meditación, porque la dispersión de la mente durante el día produce esa tendencia a vagar, la cual no puede ser superada totalmente durante el corto tiempo dedicado a ejercicios de concentración y meditación. Por tanto debemos formar el hábito de concentrar toda nuestra mente en cada porción de trabajo que nos venga, en vez de prestarle sólo una atención parcial. No importa que ese trabajo sea o no sea importante en lo que respecta a esa tendencia a vagar. Ya estemos escribiendo una carta, o leyendo un libro, o conversando con alguien, o cualquier otra cosa, la mente debe estar concentrada en lo que hace. Toda nuestra mente debe estar en cada una de las acciones que tengamos que hacer en el curso normal de la vida. Esta práctica no sólo mejorará enormemente la calidad de nuestro trabajo, sino que pondrá los cimientos de ese dominio mental que es uno de los objetivos principales que debe imponerse todo estudiante de la Renovación de Sí Mismo.

La mayoría de los que están acostumbrados a dejar vagar sus mentes, se imaginan que la vida se volverá tediosa, y tensa si tienen que prestar atención concentrada a todo cuanto hacen. Ese es un concepto equivocado. Aunque esta práctica requiere cierta cantidad de vigilancia, y produce una sensación de tensión al principio, gradualmente se forma el hábito de concentrarse y la mente lo hace entonces automáticamente en todas sus actividades sin sentir tensión alguna. La mente es una criatura de hábitos, y es fácil mantenerla concentrada una vez que se establece definidamente la costumbre.

Simultáneamente debe acometerse otra práctica: la de ejercer una selección constante entre los pensamientos que buscan introducirse a la mente. Cuando no estamos ocupados en alguna actividad mental en particular, pensamientos de toda clase que están flotando en el ambiente mental circundante vienen y chocan sobre nuestro cuerpo mental y tienden a provocar vibraciones en respuesta. La investigación clarividente ha mostrado definidamente que los pensamientos no son cosas vagas de que somos conscientes en el plano físico, sino cosas definidas en el plano mental, con formas características y poderes vibratorios. Cuando una de estas formas-pensamiento toca nuestro cuerpo mental, o cuando las vibraciones que emanan de esas formas tropiezan con el cuerpo mental, tienden a producir vibraciones simpáticas y nos damos cuenta del pensamiento correspondiente. Claro que todos los pensamientos que aparecen en nuestra mente no son de origen externo; algunos se deben a actividades iniciadas en el cuerpo mental mismo; pero en la mayoría de los casos es difícil distinguir entre estas dos clases de pensamientos.

Sea que los pensamientos vengan de fuera o se inicien en el cuerpo mental, hay que entrenar a éste para que ejerza constante discernimiento entre ellos, y no permitirle que se solace en pensamientos de tipo indeseable. Pensamientos de odio, venganza, celos y orgullo, se apretujan en torno nuestro, y los pocos pensamientos buenos generados por almas puras y nobles se pierden prácticamente entre la gran masa de pensamientos de tipo bajo. De suerte que si queremos proteger nuestra salud mental, es absolutamente necesario aprender a ser positivos ante toda clase de pensamientos malos.

La mejor manera de atacar un pensamiento indeseable es enfocar la mente hacia algún otro pensamiento, preferible de carácter elevado y noble. La mente no puede pensar sino en una sola cosa a la vez, y el mero volver la atención hacia otra cosa elimina el primer pensamiento de un modo natural. Por ningún motivo hemos de tratar de combatir el pensamiento deteniéndonos en él, pues esto le conferiría fuerza adicional y dificultaría su expulsión. Si arrojamos accidentalmente un fósforo encendido sobre un material combustible, el mejor método de prevenir un incendio es apagarlo inmediatamente. Si le damos tiempo al material para encenderse, la tarea de apagarlo será mucho más difícil.

Cuando se ha sostenido esta práctica por un tiempo largo y se ha formado el hábito de discernir, la mente rechaza automáticamente los pensamientos malos, y no se requiere esfuerzo consciente para mantenerlos fuera. Se ha establecido cierta nueva tasa vibratoria en el cuerpo mental, y nada que desarmonice con esta tasa superior puede afectarlo. Se puede decir que ese es el modo científico de purificarlo. Lo que en verdad ha ocurrido es que la constitución del cuerpo mental ha cambiado gradualmente y ahora predominan las combinaciones más finas de materia mental en su composición, lo cual facilita expresar pensamientos de tipo superior y le dificulta responder a los que generalmente llamamos pensamientos malos.

Debemos recordar que nada malo proveniente del exterior puede afectarnos si no existe algo en nosotros que responde a ese mal. El que esté completamente libre de todo deseo por la bebida, puede andar entre bebedores sin que ello le afecte en lo más mínimo; en cambio eso sería en extremo peligroso para el que aunque no sea adicto a la bebida, tenga todavía latente el ansia de beber. No siempre podemos escoger nuestro ambiente o compañías, ni controlarlos totalmente; de modo que el camino que nos queda para proteger nuestra salud mental es el de volvernos puros y positivos ante lo malo. Entonces podemos movernos a salvo en cualquier ambiente, y elevar gradualmente a las personas con quienes tratamos, mediante nuestra tasa de vibraciones más alta.

Esta práctica de vigilancia constante y actitud positiva hacia pensamientos que vienen de fuera, no sólo mejora la salud mental y purifica gradualmente los pensamientos, sino también desarrolla esa estabilidad mental tan necesaria para practicar con buen éxito la meditación. Uno de los problemas más difíciles para quienes emprenden estas prácticas, en las primeras etapas, es el de alejar los pensamientos intrusos durante la meditación. El modo apropiado de tratar con esos pensamientos es adoptar una actitud positiva hacia ellos, e ignorarlos completamente. La práctica de vigilancia constante durante el día, ayudará mucho a mantener esta actitud positiva y a adquirir esa resistencia a los impactos externos que es condición necesaria para el buen éxito en la meditación.

La disciplina general de la mente trazada en estos párrafos, si se adopta con toda sinceridad, será útil a toda persona aun en la vida mundana corriente, aunque no aspire a la vida superior de desarrollo espiritual. Se volverá más eficiente, más equilibrada, y estará en mejor condición para encarar las pruebas y dificultades incidentales de la vida. Pero esta disciplina general es apenas una preparación preliminar para el más intensivo adiestramiento de la mente que requieren los que aspiran a vivir la vida superior del espíritu y hollar la senda que lleva a la perfección.



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lunes, 5 de febrero de 2018

C S M (22) Cap. VIII: Funciones del Cuerpo Mental.

Luego de estas consideraciones preliminares, pasemos ahora a las funciones del cuerpo mental inferior. Cuando analizamos las del cuerpo emocional vimos que la primera es la de convertir las vibraciones recibidas por medio de los órganos sensorios físicos, en sensaciones. Las vibraciones que afectan dichos órganos son llevadas por los nervios a los centros cerebrales correspondientes, se reflejan desde allí al cuerpo emocional, cuyos centros las convierten en sensaciones. Este proceso no se detiene ahí, sino que por otro reflejo llegan a la mente inferior y se convierten allí en percepciones. De modo semejante a como las ondas luminosas que pasan por la lente de una cámara producen una imagen en el telón esmerilado, así también estas diversas vibraciones que entran por las diversas avenidas de los sentidos producen imágenes de diferentes clases en el telón de la mente

Estas imágenes se producen en un medio llamado en sánscrito Chidakasha, palabra derivada de Chitta, el aspecto formador de imágenes, de la mente inferior. Puede parecer algo raro aplicar el término “imagen» a estas impresiones producidas en la mente por las vibraciones que entran por los cinco órganos de los sentidos; pero este uso está reconocido hoy por la psicología. Cuando oímos una nota tocada en un instrumento musical, llamamos
imagen auditiva” la impresión producida en la mente, tal como llamamos “imagen visual” la que produce la vista de un objeto. Tenemos, pues que la primera función básica del cuerpo mental inferior es la de convertir las sensaciones emocionales en percepciones mentales de color, forma, sonido, gusto, olor y tacto.

Su segunda función básica es la de combinar estas percepciones o imágenes mentales derivadas de diferentes órganos sensorios en una imagen compuesta. Expliquemos por medio de un ejemplo. Tengo ante mí una naranja. La impresión que recibo a través de la vista me da una idea de la forma y color de la naranja. La que recibo a través del olfato me da una idea de su olor. Si toco la naranja, sé cómo se siente al tacto. Si la toco con la lengua, tengo una idea de su sabor. Pues bien, una idea completa de la naranja estará compuesta de todos estos cuatro elementos, y así es función del cuerpo mental inferior la de combinar estos elementos en una imagen compuesta y darme un cuadro más completo del objeto.

La mente no sólo combina estos elementos sueltos en una imagen compuesta, sino también suministra del almacén de la memoria los elementos que puedan faltar. Cuando vemos de lejos una naranja, la única imagen que llega a la mente es la visual que da su forma y color; pero vemos en la mente mucho más que lo que nos están informando los sentidos. Sucede que la mente ha recogido impresiones de diversas clases al examinar naranjas en ocasiones previas, ha guardado estas impresiones en el almacén de la memoria, y de allí extrae algunos de los elementos faltantes, con lo cual nos da una idea más completa de la naranja que la que sin ello podríamos obtener. Este mundo externo que percibimos por medio de los sentidos, resultaría muy pobre y poco interesante si la mente no cumpliera esta función de
almacenar y proveer los elementos faltantes, pues entonces solamente percibiríamos con la mente lo que los sentidos le pusieran por delante.

Conectada íntimamente con la función de combinar imágenes recibidas por medio de los órganos sensorios, está la función inversa de fragmentar en sus componentes cualquier impulso mental que pueda encontrar expresión a través de los órganos motores. El cuerpo mental inferior es el coordinador de todos los movimientos que hacemos en nuestra vida ordinaria para encarar cualquier situación en el mundo externo. Así, cuando vemos que se nos aproxima algo que amenaza herir nuestro cuerpo físico, nuestras manos, piernas y todos los músculos adoptan instantánea y automáticamente la posición más adecuada para evitar el daño. Todos estos movimientos complicados y eficientes son posibles, gracias a la coordinación y control que el cuerpo mental inferior ejerce, aunque generalmente esto ocurre tan rápidamente que no lo notamos.

Al multiplicarse las experiencias en la vida del individuo, sigue aumentando el número de imágenes de objetos que se acumulan en el almacén de su memoria; y gradualmente empieza la mente a elaborar estas imágenes de maneras diferentes; las arregla y las reagrupa; las clasifica y las compara; y así evolucionan, una tras otra, nuestras diversas facultades mentales de razonamiento, juicio y demás. Vamos aprendiendo gradualmente a pensar.

Es conveniente entender claramente que pensar no es otra cosa que establecer relaciones entre las imágenes presentes en nuestra mente; y que por tanto, la calidad de nuestro pensar dependerá en gran medida de la clase y cantidad de esas imágenes. Una mente llena de imágenes claras y correctas en relación con cualquier asunto, estará en condiciones de pensar mucho mejor con respecto a ese asunto que una mente pobremente abastecida de tales imágenes.

Con frecuencia parece que pensáramos sin esas imágenes pero si ahondamos en la cuestión hallaremos que en tales casos estamos usando señales o signos de esas imágenes, y que la base de nuestro proceso de pensar está compuesto de imágenes que hemos adquirido por la observación, la lectura, o algún otro medio. Cuando vamos a un Banco vemos muy poco dinero; la mayoría de las transacciones se hacen por medio de cheques y giros; pero sabemos que estos son meramente signos de cambio o de dinero, el cual es la base real de todas las transacciones.

Pero aunque es esencial tener estas imágenes, la sola presencia de un gran número de imágenes bien definidas en la mente, no es suficiente para pensar bien. Tiene que existir el artista que arregla esas imágenes de tal modo que se produzcan bellos modelos de pensamiento. Si ponemos en manos de un hombre burdo un cofre lleno de piedras
preciosas, él no puede formar nada con ellas; pero si se las damos a un buen joyero, él producirá con ellas piezas de diferentes diseños y exquisita belleza. Asimismo, la mera
acumulación de conocimientos por la lectura y la observación para acrecentar nuestras imágenes mentales, no es suficiente. Tenemos que pensar con claridad y persistencia hasta que aprendamos a producir con el material así reunido, pensamientos de hermosos patrones
o que puedan ser utilizados bellamente en nuestra vida.

Al considerar las funciones de la mente inferior es necesario hacer por lo menos una breve referencia a la ilusión inherente en el conocimiento de una cosa a través de un medio refractor. El hecho escueto de que mientras permanecemos en la región de la mente inferior estamos confinados a nombres y formas (a nuestras imágenes mentales), significa que nunca podemos conocer las cosas como realmente son. Toda imagen es relativa; jamás
puede darnos la cosa en su totalidad, sino apenas un corte o sección de ella, como si dijéramos, por más que nos imaginemos equivocadamente que conocemos la cosa como es el tocarla con nuestra mente. Aun en el caso de la percepción sensorial, podemos obtener millares de impresiones diferentes de un objeto simple, al mirarlo desde diferentes lados y distancias. Pero ninguna de ellas representa al objeto en su totalidad. Y en el caso de
percepciones no sensorias, son mucho mayores las dificultades para obtener una idea fiel del objeto.

Esta consideración debiera ponernos en guardia contra el riesgo de tomar nuestras ideas y opiniones, que se basan en la operación del intelecto, por realidades de la vida; apenas son representaciones parciales de ellas, si no desfiguradas. Esto debiera mostrarnos también la inutilidad de tratar de entender o conocer las cosas como son, por medio del instrumento mental. No podemos conocerlas, en el sentido real de la palabra, mientras no trascendemos el intelecto y logremos verlas a la luz de la Realidad en que existen. Es el mismo caso que el de alguien que mira las luces de color del espectro pero no puede saber lo que es la luz integrada blanca mientras no vaya al otro lado del prisma y vea la luz que está produciendo ese espectro.

Quedan otros dos puntos para informar al estudiante, sobre las funciones de la mente inferior. Uno es, que la imagen del objeto que percibimos por medio de nuestros sentidos, es lo que solamente existe en nuestra mente, y no representa fielmente al objeto que la formó. Los objetos físicos corrientes que percibimos en torno nuestro, son meros conglomerados de átomos y moléculas en vibración; y la forma, tamaño, color, etc., que vemos en ellos, no existen en ellos sino solamente en nuestra mente. El objeto es meramente una causa instrumental desconocida que excita la imagen mental que se forma en nuestra mente. De suerte que realmente vivimos en un mundo de imágenes mentales que se forman en nuestra mente, y proyectamos este mundo por un proceso que en sánscrito se llama Vikshepa. Este proceso de proyectar nuestro mundo mental, tan evidente para cualquiera que se tome el trabajo de pensar acerca de lo que es la percepción sensoria, debiera convencernos de dos cosas: Primera, que el mundo en que vivimos está realmente dentro de nosotros, en nuestra mente. Y, segunda, que en realidad estamos viviendo entre ilusiones del tipo más crudo, sin siquiera darnos cuenta de ello.

El último punto por anotar con respecto a las funciones del cuerpo mental inferior, es que este cuerpo y la mente concreta son dos cosas diferentes. El cuerpo mental es un vehículo hecho de materia sutil, y no es sino un instrumento que tiene sus raíces en Prakiti (la materia). La mente o Manas inferior, es una modificación de la conciencia que funciona bajo las limitaciones de los planos inferiores y utiliza el cuerpo mental para expresarse. Esta mente es sensible, es de la índole de la conciencia, y tiene sus raíces en Purusha (el espíritu). Esta tendencia a confundir el cuerpo mental con la mente, es muy común y es la causa de la confusión que sufren muchos estudiantes con respecto a los fenómenos de los planos superfísicos.


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domingo, 4 de febrero de 2018

Los cuatro Acuerdos: Un libro de Sabiduría Tolteca (4)

Cualquier cosa que vaya contra el Libro de la Ley hará que sintamos una extraña sensación en el plexo solar, una sensación que se llama miedo. Incumplir las reglas del Libro de la Ley abre nuestras heridas emocionales, y reaccionamos creando veneno emocional. Dado que todo lo que está en el Libro de la Ley tiene que ser verdad, cualquier cosa que ponga en tela de juicio lo que creemos nos hace sentir inseguros. Aunque el Libro de la Ley esté equivocado, hace que nos sintamos seguros.

Por este motivo, necesitamos una gran valentía para desafiar nuestras propias creencias; porque, aunque sepamos que no las escogimos, también es cierto que las aceptamos. El acuerdo es tan fuerte, que incluso cuando sabemos que el concepto es erróneo, sentimos la culpa, el reproche y la vergüenza que aparecen cuando actuamos en contra de esas reglas.

De la misma forma que el gobierno tiene un Código de Leyes que dirige el sueño de la sociedad, nuestro sistema de creencias es el Libro de la Ley que gobierna nuestro sueño personal. Todas estas leyes existen en nuestra mente, creemos en ellas, y nuestro Juez interior lo basa todo en ellas. El Juez decreta y la Víctima sufre la culpa y el castigo. Pero ¿quién dice que este sueño sea justo? La verdadera justicia consiste en pagar sólo una vez por cada error. Lo que es verdaderamente injusto es pagar varias veces por el mismo error.

¿Cuántas veces pagamos por un mismo error? La respuesta es: miles de veces. El ser humano es el único animal sobre la tierra que paga miles de veces por el mismo error. Los demás animales pagan sólo una vez por cada error. Pero nosotros no. Tenemos una gran memoria. Cometemos una equivocación, nos juzgamos a nosotros mismos, nos declaramos culpables y nos castigamos. Si fuese una cuestión de justicia, con eso bastaría; no necesitamos repetirlo. Pero cada vez que lo recordamos, nos juzgamos de nuevo, volvemos a considerarnos culpables y nos volvemos a castigar, una y otra vez, y otra, y otra más. Si estamos casados, también nuestra mujer o nuestro marido nos recuerda el error, y así volvemos a juzgarnos de nuevo, nos castigamos otra vez y nos volvemos a sentir culpables. ¿Acaso es esto justo?

¿Cuántas veces hacemos que nuestra pareja, nuestros hijos o nuestros padres paguen por el mismo error? Cada vez que
recordamos el error, los culpamos de nuevo y les enviamos todo el veneno emocional que sentimos frente a la injusticia, hacemos que vuelvan a pagar por ello. ¿Eso es justicia? El Juez de la mente está equivocado porque el sistema de creencias, el Libro de la Ley, es erróneo. Todo el sueño se fundamenta en una ley falsa. El 95 por ciento de las creencias que hemos almacenado en nuestra mente no son más que mentiras, y si sufrimos es porque creemos en todas ellas.

En el sueño del planeta, a los seres humanos les resulta normal sufrir, vivir con miedo y crear dramas emocionales. El sueño externo no es un sueño placentero; es un sueño lleno de violencia, de miedo, de guerra, de injusticia. El sueño personal de los seres humanos varía, pero en conjunto es una pesadilla. Si observamos la sociedad humana, comprobamos que es un lugar en el que resulta muy difícil vivir, porque está gobernado por el miedo. En el mundo entero, vemos sufrimiento, cólera, venganza, adicciones, violencia en las calles y una tremenda injusticia. Esto existe en diferentes niveles en los distintos países del mundo, pero el miedo controla el sueño externo.

Si comparamos el sueño de la sociedad humana con la descripción del infierno que las distintas religiones de todo el mundo han divulgado, descubrimos que son exactamente iguales. Las religiones dicen que el infierno es un lugar de castigo, de miedo, de dolor y de sufrimiento, un lugar donde el fuego te quema. Cada vez que sentimos emociones como la cólera, los celos, la envidia o el odio, experimentamos un fuego que arde en nuestro interior. Vivimos en el sueño del infierno.

Si consideramos que el infierno es un estado de ánimo, entonces nos rodea por todas partes. Tal vez otras personas nos adviertan que si no hacemos lo que ellas dicen que deberíamos hacer, iremos al infierno. Pero ya estamos en el infierno, incluso la gente que nos dice eso. Ningún ser humano puede condenar a otro al infierno, porque ya estamos en él. Es cierto que los demás pueden llevarnos a un infierno todavía más profundo, pero únicamente si nosotros se lo permitimos.





viernes, 2 de febrero de 2018

C S M (21) Cap. VIII: Funciones del Cuerpo Mental.

El cuerpo mental inferior es el vehículo de los pensamientos concretos. Trataremos de sus funciones, en este capítulo. Y, como en el caso del cuerpo emocional, lo haremos desde el punto de vista especial de la Renovación de Sí Mismo, limitándonos a considerar hechos y métodos que nos permitan entender y emplear este cuerpo eficientemente en su trabajo.

La mente humana es la cosa más maravillosa de la creación, y también el problema máximo del hombre que trata de hollar la senda que conduce a la perfección e Iluminación. Es nuestro principio separativo, que nos hace ver la multiplicidad del Uno. Es el centro del egoísmo que nos hace sentir que somos un individuo con intereses en conflicto con los de otros. Es el creador de la ilusión que produce en nuestra conciencia una visión desfigurada de la Realidad. El que quiera conocer la Realidad que sostiene este universo fenomenal, tiene primero que controlar la mente y luego trascenderla.

Al considerar las funciones del cuerpo mental inferior, lo primero que tenemos que anotar es que la psicología moderna usa la palabra “mente” de una manera muy general, porque ignora su verdadera constitución, su naturaleza y funciones. Reúne fenómenos que se originan en partes muy distintas de nuestro ser interno, y los coloca todos bajo el término general y bastante vago de “mente”. Nuestras emociones, pensamientos concretos,
pensamientos abstractos e intuiciones, todos están mezclados de un modo bastante confuso, y aun quienes han hecho un estudio especial de este asunto entienden muy imperfectamente la relación entre ellos.

La causa principal del caos que prevalece en este campo de la psicología es el uso de métodos equivocados para investigar fenómenos de la mente, debido a la actitud materialista de nuestra era científica. La psicología estudia la mente en sus funciones por medio de su instrumento físico, el cerebro, y no dispone de medios para ir más allá del cerebro y poder examinar las fuerzas o agencias que causan las diversas manifestaciones de conciencia que aparecen en el cerebro y por medio de él. Hasta hace poco se consideraba al cerebro como la fuente originadora de todos los fenómenos mentales. Esta opinión se expresó en el famoso aforismo de Lombroso, “El cerebro produce pensamientos como el hígado secreta bilis”. Pero investigaciones posteriores de los fenómenos psíquicos demostraron que esa opinión es insostenible, y la psicología moderna ha aceptado con desgano la idea de que la mente es independiente del cerebro aunque necesita de él para manifestarse en el plano físico.

Una de las mayores contribuciones de la Teosofía en el campo de la psicología, ha sido la de esclarecer todos los fenómenos mentales, rastrearlos hasta sus fuentes respectivas, clasificarlos según su índole y sus diferentes fuentes, y permitir así comprender la mente humana como jamás antes había sido posible. Se ha logrado poner orden y claridad en este campo, gracias a las investigaciones hechas por Ocultistas en los niveles superfísicos. Con el desarrollo de sus sentidos superfísicos, estos investigadores han podido examinar la constitución superfísica del hombre, clasificar los diferentes elementos de esa constitución, y rastrear hasta sus respectivos orígenes en los planos superfísicos las diversas clases de fenómenos que se suceden por medio del cerebro físico.

El primer hecho importante que se ha descubierto es el de que nuestros sentimientos y pensamientos concretos y abstractos se derivan de tres fuentes distintas; que son los resultados del funcionamiento de la conciencia por medio de tres vehículos sutiles diferentes; que el cerebro y el sistema nervioso se limitan a traer a la conciencia física diversos principios que operan en los planos superiores.

Ya hemos tratado de cierto juego de fenómenos que operan por medio del cuerpo emocional y producen nuestras sensaciones, sentimientos, deseos y emociones. Ahora trataremos del órgano del pensamiento, la maquinaria pensante que el alma usa para expresarse en el campo mental o tercer plano del sistema solar.

Lo primero que hay que anotar a este respecto es que, a diferencia del cuerpo emocional que es un todo indivisible y contiene materia de todos los siete subplanos del campo emocional, el cuerpo mental se componen de dos vehículos de conciencia: el mental inferior, y el mental superior. El cuerpo mental inferior, formado con materia de los cuatro subplanos inferiores, sirve como órgano de los pensamientos concretos. Y el mental superior, o cuerpo Causal, formado con materia de los tres subplanos superiores, sirve como órgano del pensamiento abstracto. Estos dos cuerpos están completamente separados uno del otro; tienen funciones distintas y son dos componentes diferentes de nuestra constitución total. El mental inferior es parte de la personalidad transitoria que se renueva a cada encarnación, mientras que el cuerpo Causal es el vehículo más denso del alma inmortal o Ego que perdura de vida en vida y se expresa parcialmente en las sucesivas personalidades.

Puede verse, pues, que nuestra mente es el campo de reunión del yo inferior y el Yo Superior, o sea de la personalidad temporal llena de limitaciones e ilusiones, y el Yo permanente que se expresa como la trinidad de Voluntad, Sabiduría e Inteligencia y forma nuestra alma espiritual. Como estos dos cuerpos, que operan ambos en el plano mental, tienen funciones muy diferentes, nos limitaremos a estudiar en este capítulo las funciones del mental inferior, el órgano del pensamiento concreto, y estudiaremos en otro capítulo las funciones del cuerpo mental superior.

Pero antes convendrá tal vez despejar el campo, observando la estrecha relación que hay entre este cuerpo y el emocional. Aunque estos dos vehículos de conciencia son bien distintos y pertenecen a planos diferentes, están muy estrechamente relacionados entre sí y trabajan en íntima combinación en la vida actual. Tan íntima es esta relación y tan indistinguibles suelen ser sus modos de operar, que frecuentemente se los trata como si fueran un solo vehículo. Así en la literatura teosófica temprana se habla de Kama como de un principio.

Esta íntima relación entre el deseo (kama) y la mente (manas), se debe a la evolución conjunta de los dos cuerpos, y se comprenderá mejor al considerar la manera como el deseo y el pensamiento actúan y reaccionan recíprocamente desde el comienzo mismo de su desarrollo. Cuando rastreamos la génesis del deseo, vimos que el elemento de la memoria y la anticipación de placeres y dolores ya experimentados con relación a objetos externos, provocan atracciones y repulsiones hacia esos objetos, y fomenta también deseos de varias clases. Esta interacción entre sensaciones pertenecientes al cuerpo emocional, y la memoria y anticipación pertenecientes al cuerpo mental inferior, es el comienzo de esa unión y relación íntimas entre el deseo y el pensamiento que ha sobrevivido hasta la etapa actual de la evolución. Más adelante, cuando el deseo crece, usa siempre la mente para lograr sus fines, para idearse medios de satisfacerlos, y durante mucho tiempo la mente inferior no es más que una servidora o esclava del deseo, y se desarrolla gradualmente y adquiere fuerza, empieza a ejercer un control cada vez mayor sobre el deseo, y finalmente se convierte en su dueña. En esta tarea de subyugar al deseo recibe fuerza de las fuentes espirituales internas, a las cuales va teniendo más acceso a medida que avanza en las etapas posteriores de la evolución.

Este funcionamiento combinado de los cuerpos emocional y mental inferior, se ve también en nuestra vida emocional. Vimos ya que las emociones se derivan de la interacción del deseo y el pensamiento; por tanto, cada vez que sentimos una emoción, los dos cuerpos vibran simultáneamente. La asociación tan íntima entre estos dos cuerpos se ve claramente cuando notamos el papel tan importante que las emociones desempeñan en la vida del individuo corriente.


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