Hemos visto que el sueño que vives ahora es el resultado del sueño externo que capta tu atención y te alimenta con todas tus creencias. El proceso de domesticación puede llamarse el sueño de la primera atención, porque así utilizaron por primera vez tu atención para crear el primer sueño de tu vida.
Una manera de transformar tus creencias es concentrar tu
atención en todos esos acuerdos y cambiarlos tú mismo. Al
hacerlo, utilizas tu atención por segunda vez, y por consiguiente, creas el sueño de la segunda atención o el nuevo sueño.
La diferencia estriba en que ahora ya no eres inocente. En tu
infancia no era así; no tenías otra elección. Pero ya no eres un niño. Ahora puedes escoger qué creer y qué no. Puedes elegir creer en cualquier cosa, y eso incluye creer en ti.
El primer paso consiste en ser consciente de la bruma que hay en tu mente. Debes darte cuenta de que sueñas continuamente. Sólo a través de la conciencia serás capaz de transformar tu sueño. Cuando seas consciente de que todo el sueño de tu vida es el resultado de tus creencias y de que lo que crees no es real, entonces empezarás a cambiarlo. Sin embargo, para cambiar tus creencias de verdad, es preciso que centres tu atención en lo que quieres cambiar. Debes conocer los acuerdos que deseas cambiar antes de poder cambiarlos.
De modo que el siguiente paso es volverte consciente de todas las creencias que te limitan, se basan en el miedo y te hacen infeliz. Haz un inventario de todo lo que crees, de todos tus acuerdos, y mediante este proceso, empezarás a transformarte. Los toltecas llamaron a esto el Arte de la Transformación, y es una maestría completa. Alcanzas la Maestría de la Transformación cambiando los acuerdos que se basan en el miedo y te hacen sufrir y reprogramando tu propia mente a tu manera. Uno de los procedimientos para llevar esto a cabo consiste en estudiar y adoptar creencias alternativas como los Cuatro Acuerdos.
La decisión de adoptar los Cuatro Acuerdos es una declaración de guerra para recuperar la libertad que te arrebató el parásito. Los Cuatro Acuerdos te ofrecen la posibilidad de acabar con el dolor emocional, y de este modo te abren la puerta para que disfrutes de tu vida y empieces un nuevo sueño. Si estás interesado, explorar las posibilidades de tu sueño sólo dependerá de ti. Los Cuatro Acuerdos se crearon para que nos resultaran de ayuda en el Arte de la Transformación, para ayudar-nos a romper los acuerdos limitativos, aumentar nuestro poder personal y volvernos más fuertes. Cuanto más fuerte seas, más acuerdos romperás, hasta que llegues a la misma esencia de todos ellos.
Llegar a la esencia de esos acuerdos es lo que yo llamo ir al
desierto. Cuando vas al desierto, te encuentras cara a cara con tus demonios. Una vez has salido de él, todos esos demonios se convierten en ángeles.
Practicar los Cuatro Acuerdos es un gran acto de poder.
Deshacer los hechizos de magia negra que existen en tu mente requiere un gran poder personal. Cada vez que rompes un acuerdo, aumentas tu poder. Para empezar, rompe pequeños acuerdos que requieran un poder menor. A medida que vayas rompiendo esos pequeños acuerdos, tu poder personal irá aumentando hasta alcanzar el punto en el que, finalmente, podrás enfrentarte a los grandes demonios de tu mente.
Por ejemplo, la niña pequeña a la que le dijeron que no cantase tiene ahora veinte años y todavía continúa sin cantar. Un modo de superar su creencia de que su voz es fea es decirse: “De acuerdo, intentaré cantar aunque sea verdad que canto mal”. Entonces, puede fingir que alguien aplaude y le dice “iOh! ¡Lo has hecho de maravilla”. Quizás esto agriete el acuerdo un poco, pero todavía estará allí. Sin embargo, ahora tiene un poco más de poder y coraje para intentarlo de nuevo, y después una y otra vez hasta que, por fin, rompa el acuerdo.
Esta es una manera de salir del sueño del infierno. Pero
necesitarás reemplazar cada acuerdo que te cause sufrimiento y que rompas por uno nuevo que te haga feliz. Así evitarás que el viejo acuerdo vuelva a aparecer. Si ocupas el mismo espacio con un nuevo acuerdo, entonces el viejo desaparecerá para siempre, y su lugar lo ocupará el nuevo.
En la mente existen muchas creencias tan resistentes que
pueden hacer que este proceso parezca imposible. Por ello es necesario que avances paso a paso y que seas paciente
contigo mismo, porque se trata de un proceso lento. El modo en que vives ahora es el resultado de muchos años de domesticación. No puedes pretender que ésta desaparezca en un solo día. Romper los acuerdos resulta muy difícil, porque en cada acuerdo que establecimos pusimos el poder de las palabras (que es el poder de nuestra voluntad).
Para cambiar un acuerdo, necesitamos la misma cantidad de
poder. Es imposible cambiar un acuerdo con un poder menor
del que utilizamos para establecerlo, e invertimos la mayor parte de nuestro poder personal en mantener los acuerdos que tenemos con nosotros mismos. Esto sucede porque, en realidad, nuestros acuerdos son como una fuerte adicción. Somos adictos a nuestra forma de ser, a la rabia, los celos y la autocompasión. Somos adictos a las creencias que nos dicen: “No soy lo bastante bueno, no soy lo suficientemente inteligente. ¿Por qué voy a molestarme en intentarlo? Si otras personas lo hacen es porque son mejores que yo”.
Todos estos viejos acuerdos dirigen nuestro sueño de la vida
porque los repetimos una y otra vez. Por consiguiente, para
adoptar los Cuatro Acuerdos, es necesario que pongas en juego la repetición. Al llevar a la práctica los nuevos acuerdos en tu vida, cada vez podrás hacer más y mejor. La repetición hace al maestro.
domingo, 20 de mayo de 2018
domingo, 13 de mayo de 2018
De la EXCUSA de lo que llamamos "DESPISTES". Algunas reflexiones.
"""Estoy
hasta los mismísimos ovarios de lo que llamamos "despistes".
Es una forma muy cómoda de zafarse de responsabilidad, compromisos
adquiridos ... "Es que soy muy despistad@ y se me ha olvidado".
Seguro que suena a muuuuuuuchooooos.
De
mucho más joven también ponía esa EXCUSA cuando me olvidaba de que
había quedado con alguien a una hora, de que le había dicho que le
iba a ayudar en …, a hacer …, a dar …
Desde
mi experiencia muy personal -como siempre repito- he llegado a la
conclusión de los “despistes” son falta de interés real.
Vivimos en un mundo tan rápido, tan automático, tan mecanicista,
tan … que no estamos en lo que estamos. EL AQUÍ Y AHORA SIGUE
SIENDO UNA ENTELEQUIA, UNA UTOPÍA, INCLUSO PARA LOS QUE PRE-SUMIMOS
QUE SOMOS SERES MUY DESPIERTOS, MUY CONSCIENTES, O ESO NOS CREEMOS.
En ello estamos. Vamos a HACERLO R E A L I D A D DE UNA PUÑETERA
VEZ.
Leo
un cartel de algo que me interesa. La cuestión es que NO LEO, con lo
que realmente no me entero de lo que estoy leyendo y resulta que es
otro día del que yo me había montado mi película personal, aunque
en el cartel pone fecha y hora en negrita, para que no se me pase
entre el resto del texto. Igual con mogollón de situaciones de la
vida diaria. Es más fácil preguntar: “Esto que has compartido ¿te
acuerdas cuando era...? ¿dónde? ¿a qué hora era? ¿ …? ¿...?
“ Como si la persona que comparte tuviera que memorizar toda la
información y ser la secretaria de 200 contactos o más que tiene en
el güasa.
Estoy
hasta los mismísimos ovarios de que me ninguneen. Que se olviden de
que existo. De que queden conmigo en … y después: “Es que me he
despistado”.
¿Por
qué será que no se me “despista” nada de la cantidad de
peticiones que me hacen, eventos a los que quiero acudir? Que son
cantidad. Porque me pongo “recordatorios” en varios sitios: el
almanaque de la cocina, el Calendario del móvil. Amén de que SI
REALMENTE ME INTERESA, N O SE ME OLVIDA. TE LO ASEGURO.
HAZME
UN REVERENDO FAVOR: HAZ-´TE CONSCIENTE DE TU VIDA EN PRIMER LUGAR.
NO PERSIGAS ILUMINARTE SIN VIVIR UNA VIDA TERRÍCOLA CO-HE-REN-TE.
Vuelvo
a re-cordar, una vez más, las palabras del Maestro Yeshúa “...
como a ti mismo” ¿Te gustaría que te hicieran lo que le acabas de
hacer al otro?
¿Es
mucho ego todo esto? Me importa tres c.....s Tenemos una dialéctica
con el dichoso ego que, al final, siempre lo traemos a colación para
excusarnos de lo que no hicimos “por despiste”: “Es que tienes
un ego ...” cuando alguien se mosquea por que se han olvidado de
ti.
Se
sigue hablando/escribiendo/compartiendo mucho acerca del “egoismo”
como si eso fuera malo-malísimo. La cuestión es lo que nos han
enseñado como egoísmo no lo es tal cual. Miro la etimología: Del
latín ego = yo, el ser individual + ísmo = tendencia, práctica de.
¿Habrá algo más sano que la tendencia hacia sí mismo. Recuerda:
NO puedes dar lo que no tienes. Si no te Amas a ti mismo,
difícilmente Amarás a los demás (ojo: Amar, no querer); si no te
cuidas a ti mismo, complicado que cuides del otro, si no … a Tí
Mismo … Si no tienes ¿cómo puñetas vas a dar nada?
Nos
han educado en el supuesto -repito lo de supuesto- dar. Si no tengo
¿qué puñetas voy a dar? Tenemos que re-aprender el Recibir. De eso
sabe y mucho la Kabbalah."""
Esto
compartí ayer en otro blog que gestiono.
Tiene
y muuuuucho que ver con la parte de Los Cuatro Acuerdos que comparto
hoy.
Por
eso, y porque este blog tiene muchos diferentes lectores que el otro,
lo vuelvo a compartir.
Los Cuatro Acuerdos. (17) El Camino Tolteca hacia la Libertad. Romper viejos acuerdos.
Todos hablan de libertad. Distintas personas, diferentes razas y distintos países luchan por la libertad en todo el mundo. Pero ¿qué es la libertad? En Estados Unidos decimos que vivimos en un país libre. Sin embargo, ¿somos realmente libres? ¿Somos libres para ser quienes realmente somos? La respuesta es no, no somos libres. La verdadera libertad está relacionada con el espíritu humano: es la libertad de ser quienes realmente somos.
¿Quién nos impide ser libres? Culpamos al Gobierno, al clima, a nuestros padres, a la religión, a Dios... ¿Quién nos impide, realmente, ser libres? Nosotros mismos. ¿Qué significa, en realidad, ser libres? A veces nos casamos y decimos que perdemos nuestra libertad, pero cuando nos divorciamos, seguimos sin ser libres. ¿Qué nos lo impide? ¿Por qué no podemos ser nosotros mismos?
Tenemos recuerdos de tiempos pasados en los que éramos
libres y disfrutábamos de ello, pero hemos olvidado lo que
verdaderamente significa la libertad.
Si vemos a un niño de dos o tres años, o quizá de cuatro, descubrimos un ser humano libre. ¿Por qué lo es? Porque hace lo que quiere hacer. El ser humano es completamente salvaje, igual que una flor, un árbol o un animal que no ha sido domesticado: ¡salvaje! Y si observamos a estos seres humanos de dos años de edad, descubrimos que la mayor parte del tiempo sonríen y se divierten. Exploran el mundo. No les da miedo jugar. Sienten miedo cuando se hacen daño, cuando tienen hambre y cuando algunas de sus necesidades no se ven satisfechas; pero no les preocupa el pasado, no les importa el futuro y sólo viven en el momento presente.
Los niños muy pequeños no tienen miedo de expresar lo que sienten. Son tan afectuosos que, si perciben amor, se funden en él. No les da miedo el amor. Esta es la descripción de un ser humano normal. De niños, no le tenemos miedo al futuro ni nos avergonzamos del pasado. Nuestra tendencia natural es disfrutar de la vida, jugar, explorar, ser felices y amar.
Pero ¿qué le ha pasado al ser humano adulto? ¿Por qué somos tan diferentes? ¿Por qué no somos salvajes? Desde el punto de vista de la Víctima, diremos que nos ocurrió algo triste, y desde el punto de vista del guerrero, diremos que lo que nos sucedió fue normal. Lo que pasa es que el Libro de la Ley, el gran Juez, la Víctima y el sistema de creencias dirigen nuestra vida, y ya no somos libres porque no nos permiten ser quienes realmente somos. Una vez nuestra mente ha sido programada con toda esa basura, dejamos de ser felices.
Esta cadena de aprendizaje que se transmite de un ser humano a otro, de generación en generación, es muy corriente en la sociedad humana. No culpes a tus padres por enseñarte a ser como ellos. ¿Qué otra cosa podían enseñarte sino lo que sabían? Lo hicieron lo mejor que supieron, y si te maltrataron, fue debido a su propia domesticación, a sus propios miedos y a sus propias creencias. No tenían ningún control sobre la programación que ellos mismos recibieron, de modo que no podían actuar de otra forma.
No culpes a tus padres ni a ninguna otra persona que te haya maltratado en la vida, incluyéndote a ti mismo. Pero ya es hora de poner fin a ese maltrato. Ya es hora de que te liberes de la tiranía del Juez y de que cambies los fundamentos de tus propios acuerdos. Ya es hora de que te liberes del papel de Víctima.
Tu verdadero yo es todavía un niño pequeño que nunca creció. En ocasiones, cuando te diviertes o juegas, cuando te sientes feliz, cuando pintas, escribes poesía o tocas el piano, o cuando te expresas de cualquier otro modo, ese niño pequeño reaparece. Estos son los momentos más felices de tu vida: cuando surge tu yo verdadero, cuando no te importa el pasado y no te preocupas por el futuro. Entonces eres como un niño.
Pero hay algo que cambia todo esto: son lo que llamamos
responsabilidades. El Juez dice: “Espera un momento, eres
responsable, tienes cosas que hacer, tienes que trabajar, tienes que ir a la universidad, tienes que ganarte la vida”. Nos acordamos de todas estas responsabilidades y la expresión de nuestro rostro cambia y se ensombrece de nuevo. Si observas a unos niños que juegan a ser adultos, verás de qué manera se transforma la expresión de su cara. Un niño dice: “Juguemos a que soy un abogado”, e inmediatamente adopta la expresión del adulto. Si asistimos a un juicio, esas son las caras que vemos, y eso es lo que somos. Sin embargo, todavía somos niños, pero hemos perdido nuestra libertad.
La libertad que buscamos es la de ser nosotros mismos, la de expresarnos tal como somos. Sin embargo, si observamos nuestra vida, veremos que, en lugar de vivir para complacernos a nosotros mismos, la mayor parte del tiempo sólo hacemos cosas para complacer a los demás, para que nos acepten. Esto es lo que le ha ocurrido a nuestra libertad. En nuestra sociedad, y en todas las sociedades del mundo, de cada mil personas, novecientas noventa y nueve están totalmente domesticadas.
Lo peor de todo es que la mayoría de la gente ni siquiera se da cuenta de que no es libre. Algo en su interior se lo susurra, pero no lo comprende, y no sabe por qué no es libre. Para la mayoría de las personas, el problema reside en que viven sin llegar a descubrir que el Juez y la Víctima dirigen su vida, y por consiguiente, no tienen la menor oportunidad de ser libres. El primer paso hacia la libertad personal consiste en ser conscientes de que no somos libres. Necesitamos ser conscientes de cuál es el problema para poder resolverlo.
El primer paso es siempre la conciencia, porque hasta que no seas consciente no podrás hacer ningún cambio. Hasta que no seas consciente de que tu mente está llena de heridas y de veneno emocional, no limpiarás ni curarás las heridas y continuarás sufriendo.
No hay ninguna razón para sufrir. Si eres consciente, puedes rebelarte y decir: “ya basta”. Puedes buscar una manera de sanar y transformar tu sueño personal. El sueño del planeta es sólo un sueño. Ni tan siquiera es real. Si entras en el sueño y empiezas a poner en tela de juicio tu sistema de creencias, descubrirás que la mayor parte de las creencias que abrieron heridas en tu mente ni siquiera son verdad. Descubrirás que durante todos estos años has vivido un drama por nada. ¿Por qué? Porque el sistema de creencias que te inculcaron está basado en mentiras.
Por ello es muy importante para ti que domines tu propio sueño; este es el motivo por el que los toltecas se convirtieron en maestros del sueño. Tu vida es la manifestación de tu sueño; es un arte. Y puedes cambiar tu vida en cualquier momento si no disfrutas de tu sueño. Los maestros del sueño crean una vida que es una obra maestra; controlan el sueño a través de sus elecciones. Todo tiene sus consecuencias, y un maestro del sueño es consciente de ellas.
Ser un tolteca es una forma de vivir en la cual no existen los
líderes ni los seguidores, donde tú tienes y vives tu propia
verdad. Un tolteca se vuelve sabio, se vuelve salvaje y se
vuelve libre de nuevo.
Existen tres maestrías que llevan a la gente a convertirse en
toltecas. La primera es la Maestría de la Conciencia: ser
conscientes de quiénes somos realmente, con todas nuestras posibilidades. La segunda es la Maestría de la Transformación: cómo cambiar, cómo liberarnos de la domesticación. La tercera es la Maestría del Intento: desde el punto de vista tolteca, el Intento es esa parte de la vida que hace que la transformación de la energía sea posible; es el ser viviente que envuelve toda energía, o lo que llamamos “Dios”. Es la vida misma; es el amor incondicional. La Maestría del Intento es, por lo tanto, la Maestría del Amor.
Hablamos del camino tolteca hacia la libertad porque los
toltecas tienen un plan completo para liberarse de la
domesticación. Comparan al Juez, a la Víctima y el sistema de creencias con un parásito que invade la mente humana. Desde el punto de vista tolteca, todos los seres humanos domesticados están enfermos. Lo están porque un parásito controla su mente y su cerebro, un parásito que se alimenta de las emociones negativas que provoca el miedo.
Si buscamos la descripción de un parásito, vemos que es un ser vivo que subsiste a costa de otros seres vivos, chupa su energía sin dar nada a cambio y daña a su anfitrión poco a poco. El Juez, la Víctima y el sistema de creencias encajan muy bien en esta descripción. Juntos, constituyen un ser viviente formado de energía psíquica o emocional, y esa energía está viva. No se trata de energía material, por supuesto, pero las emociones tampoco son energía material, ni lo son nuestros sueños, y sin embargo, sabemos que existen.
Una función del cerebro es la de transformar la energía material en energía emocional. Nuestro cerebro es una fábrica de emociones. Y ya hemos dicho que la principal función de la mente es soñar. Los toltecas creen que el parásito -el Juez, la Víctima y el sistema de creencias- controla nuestra mente y nuestro sueño personal. El parásito sueña en nuestra mente y vive en nuestro cuerpo. Se alimenta de las emociones que surgen del miedo, y le encantan el drama y el sufrimiento.
La libertad que buscamos consiste en utilizar nuestra propia
mente y nuestro propio cuerpo, en vivir nuestra propia vida en lugar de la vida de nuestro sistema de creencias. Cuando
descubrimos que nuestra mente está controlada por el Juez y la Víctima y que nuestro verdadero yo está arrinconado, sólo tenemos dos opciones.
Una es continuar viviendo como lo hemos hecho hasta ese
momento, rindiéndonos al Juez y la Víctima, seguir viviendo en el sueño del planeta. La otra opción es actuar como cuando éramos niños y nuestros padres intentaban domesticarnos. Podemos rebelarnos y decir: “¡No!”. Podemos declarar una guerra contra el parásito, contra el Juez y la Víctima, una guerra por nuestra independencia, por el derecho de utilizar nuestra propia mente y nuestro propio cerebro.
Por este motivo, quienes siguen las tradiciones chamánicas de América, desde Canadá hasta Argentina, se llaman a sí mismos guerreros, porque están en guerra contra el parásito de la mente. Esto es lo que significa en verdad ser un guerrero. El guerrero es el que se rebela contra la invasión del parásito. Se rebela y le declara la guerra. Pero eso no quiere decir que siempre se gane; quizá ganemos o quizá perdamos, pero siempre hacemos lo máximo que podemos, y al menos tenemos la oportunidad de recuperar nuestra libertad. Elegir este camino nos da, como mínimo, la dignidad de la rebelión y nos asegura que no seremos la víctima desvalida de nuestras caprichosas emociones o de las emociones venenosas de los demás. Incluso aunque sucumbamos ante el enemigo -el parásito-, no estaremos entre las víctimas que no se defienden.
En el mejor de los casos, ser un guerrero nos da la oportunidad de trascender el sueño del planeta y cambiar nuestro sueño personal por otro al que llamamos cielo. Igual que el infierno, el cielo es un lugar que existe en nuestra mente. Es un lugar lleno de júbilo, en el que somos felices, en el que somos libres para amar y para ser nosotros mismos. Podemos alcanzar el cielo en vida; no tenemos que esperar a morirnos. Dios siempre está presente y el reino de los cielos está en todas partes, pero en primer lugar necesitamos que nuestros ojos sean capaces de ver la verdad y nuestros oídos puedan escucharla. Necesitamos librarnos del parásito.
Podemos comparar el parásito con un monstruo de cien
cabezas. Cada una de ellas es uno de nuestros miedos. Si
queremos ser libres, tenemos que destruir el parásito. Una
solución es atacar sus cabezas una a una, es decir,
enfrentarnos a nuestros miedos uno a uno. Es un proceso lento, pero funciona. Cada vez que nos enfrentamos a uno de nuestros miedos, somos un poco más libres.
Una segunda solución sería dejar de alimentar al parásito. Si no le damos ningún alimento, lo mataremos por inanición. Para poder hacerlo, tenemos que ser capaces de controlar nuestras emociones, debemos abstenernos de alimentar las emociones que surgen del miedo. Resulta fácil decirlo, pero es muy difícil hacerlo, porque el Juez y la Víctima controlan nuestra mente.
Una tercera solución es la que se denomina la iniciación a la
muerte. Esta iniciación se encuentra en muchas tradiciones y
escuelas esotéricas de todo el mundo. La hallamos en Egipto, la India, Grecia y América. Es una muerte simbólica que mata al parásito sin dañar nuestro cuerpo. Cuando “morimos”, simbólicamente, el parásito también tiene que morir. Esta solución es más rápida que las dos anteriores, pero resulta todavía más difícil. Necesitamos un gran valor para enfrentarnos al ángel de la muerte. Tenemos que ser muy fuertes.
Veamos más de cerca cada una de estas soluciones.
¿Quién nos impide ser libres? Culpamos al Gobierno, al clima, a nuestros padres, a la religión, a Dios... ¿Quién nos impide, realmente, ser libres? Nosotros mismos. ¿Qué significa, en realidad, ser libres? A veces nos casamos y decimos que perdemos nuestra libertad, pero cuando nos divorciamos, seguimos sin ser libres. ¿Qué nos lo impide? ¿Por qué no podemos ser nosotros mismos?
Tenemos recuerdos de tiempos pasados en los que éramos
libres y disfrutábamos de ello, pero hemos olvidado lo que
verdaderamente significa la libertad.
Si vemos a un niño de dos o tres años, o quizá de cuatro, descubrimos un ser humano libre. ¿Por qué lo es? Porque hace lo que quiere hacer. El ser humano es completamente salvaje, igual que una flor, un árbol o un animal que no ha sido domesticado: ¡salvaje! Y si observamos a estos seres humanos de dos años de edad, descubrimos que la mayor parte del tiempo sonríen y se divierten. Exploran el mundo. No les da miedo jugar. Sienten miedo cuando se hacen daño, cuando tienen hambre y cuando algunas de sus necesidades no se ven satisfechas; pero no les preocupa el pasado, no les importa el futuro y sólo viven en el momento presente.
Los niños muy pequeños no tienen miedo de expresar lo que sienten. Son tan afectuosos que, si perciben amor, se funden en él. No les da miedo el amor. Esta es la descripción de un ser humano normal. De niños, no le tenemos miedo al futuro ni nos avergonzamos del pasado. Nuestra tendencia natural es disfrutar de la vida, jugar, explorar, ser felices y amar.
Pero ¿qué le ha pasado al ser humano adulto? ¿Por qué somos tan diferentes? ¿Por qué no somos salvajes? Desde el punto de vista de la Víctima, diremos que nos ocurrió algo triste, y desde el punto de vista del guerrero, diremos que lo que nos sucedió fue normal. Lo que pasa es que el Libro de la Ley, el gran Juez, la Víctima y el sistema de creencias dirigen nuestra vida, y ya no somos libres porque no nos permiten ser quienes realmente somos. Una vez nuestra mente ha sido programada con toda esa basura, dejamos de ser felices.
Esta cadena de aprendizaje que se transmite de un ser humano a otro, de generación en generación, es muy corriente en la sociedad humana. No culpes a tus padres por enseñarte a ser como ellos. ¿Qué otra cosa podían enseñarte sino lo que sabían? Lo hicieron lo mejor que supieron, y si te maltrataron, fue debido a su propia domesticación, a sus propios miedos y a sus propias creencias. No tenían ningún control sobre la programación que ellos mismos recibieron, de modo que no podían actuar de otra forma.
No culpes a tus padres ni a ninguna otra persona que te haya maltratado en la vida, incluyéndote a ti mismo. Pero ya es hora de poner fin a ese maltrato. Ya es hora de que te liberes de la tiranía del Juez y de que cambies los fundamentos de tus propios acuerdos. Ya es hora de que te liberes del papel de Víctima.
Tu verdadero yo es todavía un niño pequeño que nunca creció. En ocasiones, cuando te diviertes o juegas, cuando te sientes feliz, cuando pintas, escribes poesía o tocas el piano, o cuando te expresas de cualquier otro modo, ese niño pequeño reaparece. Estos son los momentos más felices de tu vida: cuando surge tu yo verdadero, cuando no te importa el pasado y no te preocupas por el futuro. Entonces eres como un niño.
Pero hay algo que cambia todo esto: son lo que llamamos
responsabilidades. El Juez dice: “Espera un momento, eres
responsable, tienes cosas que hacer, tienes que trabajar, tienes que ir a la universidad, tienes que ganarte la vida”. Nos acordamos de todas estas responsabilidades y la expresión de nuestro rostro cambia y se ensombrece de nuevo. Si observas a unos niños que juegan a ser adultos, verás de qué manera se transforma la expresión de su cara. Un niño dice: “Juguemos a que soy un abogado”, e inmediatamente adopta la expresión del adulto. Si asistimos a un juicio, esas son las caras que vemos, y eso es lo que somos. Sin embargo, todavía somos niños, pero hemos perdido nuestra libertad.
La libertad que buscamos es la de ser nosotros mismos, la de expresarnos tal como somos. Sin embargo, si observamos nuestra vida, veremos que, en lugar de vivir para complacernos a nosotros mismos, la mayor parte del tiempo sólo hacemos cosas para complacer a los demás, para que nos acepten. Esto es lo que le ha ocurrido a nuestra libertad. En nuestra sociedad, y en todas las sociedades del mundo, de cada mil personas, novecientas noventa y nueve están totalmente domesticadas.
Lo peor de todo es que la mayoría de la gente ni siquiera se da cuenta de que no es libre. Algo en su interior se lo susurra, pero no lo comprende, y no sabe por qué no es libre. Para la mayoría de las personas, el problema reside en que viven sin llegar a descubrir que el Juez y la Víctima dirigen su vida, y por consiguiente, no tienen la menor oportunidad de ser libres. El primer paso hacia la libertad personal consiste en ser conscientes de que no somos libres. Necesitamos ser conscientes de cuál es el problema para poder resolverlo.
El primer paso es siempre la conciencia, porque hasta que no seas consciente no podrás hacer ningún cambio. Hasta que no seas consciente de que tu mente está llena de heridas y de veneno emocional, no limpiarás ni curarás las heridas y continuarás sufriendo.
No hay ninguna razón para sufrir. Si eres consciente, puedes rebelarte y decir: “ya basta”. Puedes buscar una manera de sanar y transformar tu sueño personal. El sueño del planeta es sólo un sueño. Ni tan siquiera es real. Si entras en el sueño y empiezas a poner en tela de juicio tu sistema de creencias, descubrirás que la mayor parte de las creencias que abrieron heridas en tu mente ni siquiera son verdad. Descubrirás que durante todos estos años has vivido un drama por nada. ¿Por qué? Porque el sistema de creencias que te inculcaron está basado en mentiras.
Por ello es muy importante para ti que domines tu propio sueño; este es el motivo por el que los toltecas se convirtieron en maestros del sueño. Tu vida es la manifestación de tu sueño; es un arte. Y puedes cambiar tu vida en cualquier momento si no disfrutas de tu sueño. Los maestros del sueño crean una vida que es una obra maestra; controlan el sueño a través de sus elecciones. Todo tiene sus consecuencias, y un maestro del sueño es consciente de ellas.
Ser un tolteca es una forma de vivir en la cual no existen los
líderes ni los seguidores, donde tú tienes y vives tu propia
verdad. Un tolteca se vuelve sabio, se vuelve salvaje y se
vuelve libre de nuevo.
Existen tres maestrías que llevan a la gente a convertirse en
toltecas. La primera es la Maestría de la Conciencia: ser
conscientes de quiénes somos realmente, con todas nuestras posibilidades. La segunda es la Maestría de la Transformación: cómo cambiar, cómo liberarnos de la domesticación. La tercera es la Maestría del Intento: desde el punto de vista tolteca, el Intento es esa parte de la vida que hace que la transformación de la energía sea posible; es el ser viviente que envuelve toda energía, o lo que llamamos “Dios”. Es la vida misma; es el amor incondicional. La Maestría del Intento es, por lo tanto, la Maestría del Amor.
Hablamos del camino tolteca hacia la libertad porque los
toltecas tienen un plan completo para liberarse de la
domesticación. Comparan al Juez, a la Víctima y el sistema de creencias con un parásito que invade la mente humana. Desde el punto de vista tolteca, todos los seres humanos domesticados están enfermos. Lo están porque un parásito controla su mente y su cerebro, un parásito que se alimenta de las emociones negativas que provoca el miedo.
Si buscamos la descripción de un parásito, vemos que es un ser vivo que subsiste a costa de otros seres vivos, chupa su energía sin dar nada a cambio y daña a su anfitrión poco a poco. El Juez, la Víctima y el sistema de creencias encajan muy bien en esta descripción. Juntos, constituyen un ser viviente formado de energía psíquica o emocional, y esa energía está viva. No se trata de energía material, por supuesto, pero las emociones tampoco son energía material, ni lo son nuestros sueños, y sin embargo, sabemos que existen.
Una función del cerebro es la de transformar la energía material en energía emocional. Nuestro cerebro es una fábrica de emociones. Y ya hemos dicho que la principal función de la mente es soñar. Los toltecas creen que el parásito -el Juez, la Víctima y el sistema de creencias- controla nuestra mente y nuestro sueño personal. El parásito sueña en nuestra mente y vive en nuestro cuerpo. Se alimenta de las emociones que surgen del miedo, y le encantan el drama y el sufrimiento.
La libertad que buscamos consiste en utilizar nuestra propia
mente y nuestro propio cuerpo, en vivir nuestra propia vida en lugar de la vida de nuestro sistema de creencias. Cuando
descubrimos que nuestra mente está controlada por el Juez y la Víctima y que nuestro verdadero yo está arrinconado, sólo tenemos dos opciones.
Una es continuar viviendo como lo hemos hecho hasta ese
momento, rindiéndonos al Juez y la Víctima, seguir viviendo en el sueño del planeta. La otra opción es actuar como cuando éramos niños y nuestros padres intentaban domesticarnos. Podemos rebelarnos y decir: “¡No!”. Podemos declarar una guerra contra el parásito, contra el Juez y la Víctima, una guerra por nuestra independencia, por el derecho de utilizar nuestra propia mente y nuestro propio cerebro.
Por este motivo, quienes siguen las tradiciones chamánicas de América, desde Canadá hasta Argentina, se llaman a sí mismos guerreros, porque están en guerra contra el parásito de la mente. Esto es lo que significa en verdad ser un guerrero. El guerrero es el que se rebela contra la invasión del parásito. Se rebela y le declara la guerra. Pero eso no quiere decir que siempre se gane; quizá ganemos o quizá perdamos, pero siempre hacemos lo máximo que podemos, y al menos tenemos la oportunidad de recuperar nuestra libertad. Elegir este camino nos da, como mínimo, la dignidad de la rebelión y nos asegura que no seremos la víctima desvalida de nuestras caprichosas emociones o de las emociones venenosas de los demás. Incluso aunque sucumbamos ante el enemigo -el parásito-, no estaremos entre las víctimas que no se defienden.
En el mejor de los casos, ser un guerrero nos da la oportunidad de trascender el sueño del planeta y cambiar nuestro sueño personal por otro al que llamamos cielo. Igual que el infierno, el cielo es un lugar que existe en nuestra mente. Es un lugar lleno de júbilo, en el que somos felices, en el que somos libres para amar y para ser nosotros mismos. Podemos alcanzar el cielo en vida; no tenemos que esperar a morirnos. Dios siempre está presente y el reino de los cielos está en todas partes, pero en primer lugar necesitamos que nuestros ojos sean capaces de ver la verdad y nuestros oídos puedan escucharla. Necesitamos librarnos del parásito.
Podemos comparar el parásito con un monstruo de cien
cabezas. Cada una de ellas es uno de nuestros miedos. Si
queremos ser libres, tenemos que destruir el parásito. Una
solución es atacar sus cabezas una a una, es decir,
enfrentarnos a nuestros miedos uno a uno. Es un proceso lento, pero funciona. Cada vez que nos enfrentamos a uno de nuestros miedos, somos un poco más libres.
Una segunda solución sería dejar de alimentar al parásito. Si no le damos ningún alimento, lo mataremos por inanición. Para poder hacerlo, tenemos que ser capaces de controlar nuestras emociones, debemos abstenernos de alimentar las emociones que surgen del miedo. Resulta fácil decirlo, pero es muy difícil hacerlo, porque el Juez y la Víctima controlan nuestra mente.
Una tercera solución es la que se denomina la iniciación a la
muerte. Esta iniciación se encuentra en muchas tradiciones y
escuelas esotéricas de todo el mundo. La hallamos en Egipto, la India, Grecia y América. Es una muerte simbólica que mata al parásito sin dañar nuestro cuerpo. Cuando “morimos”, simbólicamente, el parásito también tiene que morir. Esta solución es más rápida que las dos anteriores, pero resulta todavía más difícil. Necesitamos un gran valor para enfrentarnos al ángel de la muerte. Tenemos que ser muy fuertes.
Veamos más de cerca cada una de estas soluciones.
domingo, 6 de mayo de 2018
Del conocimiento a la sabiduría. (Sugiero una reflexión profunda del tema compartido.)
Al observar el estado del mundo en el que vivimos, podemos preguntarnos si aumentar nuestro conocimiento no impide el despertar de la Sabiduría. Ha habido un progreso enorme en los campos de la ciencia y el conocimiento humano en general. Pero el mundo no ha mejorado. El sufrimiento y la miseria de la humanidad no han disminuido. Nunca nos hemos enfrentado a tantas malas noticias. La inseguridad ha crecido. Los conflictos van en aumento. El crimen crece sin cesar. Incluso parece que son las sociedades más avanzadas las que causan los problemas más serios.
La informática y sus tecnologías avanzadas, cuyo progreso se encuentra entre los logros más espectaculares del siglo, están produciendo una verdadera mutación en la vida laboral. El propósito de la máquina ya no es simplemente ayudar al hombre. Lo está reemplazando. La introducción de robots, al liberar al hombre de tareas repetitivas, exigentes y fastidiosas, podría haberle dado más tiempo para el ocio, la reflexión y una cierta cantidad de introspección. Podría haber reducido el estrés. En cambio, parece haber aumentado su insatisfacción y avivó su codicia por ganancias materiales y objetos supuestos para garantizar su comodidad. El egoísmo aparentemente se ha extendido más; por lo tanto, se rechaza el intercambio de trabajo, el abismo comienza a ampliarse entre ricos y pobres, y el interés propio aumenta a expensas del bien general.
Todo esto es comprensible por parte de personas que son decididamente materialistas, aquellas para quienes el objetivo en la vida es simplemente aumentar su riqueza, poder o fama. A esas personas se aplica la máxima "La ciencia sin conciencia es la ruina del alma".
Sin embargo, podríamos imaginar que las personas que dicen tener inclinaciones espirituales tendrían una actitud fundamentalmente diferente. Pero si observamos lo que sucede en casi todos los movimientos espirituales o religiosos, encontramos que también existe una gran cantidad de egoísmo, orgullo e intolerancia. ¡Y a menudo son aquellos que son más sabios en las "Sagradas Escrituras" o en la literatura espiritual quienes están más lejos de la sabiduría!
En el seno mismo de nuestros grupos, hay personas que poseen un amplio conocimiento teosófico pero cuyo comportamiento en la vida diaria es muy similar al de los materialistas. Temen por su seguridad y comodidad. Sus reacciones de autoprotección crean conflictos que son quizás sutiles pero que muestran una gran falta de sabiduría. Es obvio que el conocimiento, ya sea científico, lógico o "espiritual", no conduce necesariamente a la sabiduría. Incluso puede ser un obstáculo para el progreso humano, para el florecimiento de la conciencia, una barrera que bloquea el acceso al camino espiritual.
De las enseñanzas teosóficas sabemos lo que debemos hacer y, sin embargo, seguimos haciendo lo contrario. Sabemos qué etapas conducen al camino, a qué tipo de comportamiento se debe renunciar, qué cualidades se deben desarrollar. Pero seguimos viviendo como si no supiéramos todo esto. Nuestro conocimiento es teórico, es una masa de información, datos que hemos almacenado en nuestra memoria. Pero todo esto permanece en el nivel superficial del intelecto, fuera de nosotros mismos en cierto sentido, como una prenda de la que estamos orgullosos pero que de ninguna manera altera nuestra naturaleza y, por lo tanto, nuestro comportamiento. Nuestro conocimiento es estéril.
Podríamos preguntarnos: "¿Por qué estudiamos?" Si nuestro motivo fuera correcto, no caeríamos en la trampa del conocimiento teórico. Escuchemos los consejos del Dalai Lama durante una sesión de estudio en Francia en 1991: "Para nosotros, ya seamos maestros o estudiantes, es muy importante usar las enseñanzas para transformar nuestra mente, y no para aumentar nuestra conocimiento del libro, para agregar a nuestra fama o satisfacer otros fines cotidianos ".
¿Estudiamos para aumentar nuestro conocimiento del libro? El materialista es codicioso de los bienes materiales. El estudiante espiritual puede ser codicioso de las enseñanzas espirituales. El objeto de la codicia ha cambiado, pero la avaricia permanece y puede manifestarse en un deseo incesante de aumentar nuestro conocimiento.
¿Estudiamos para agregar a nuestra fama o satisfacer otras necesidades cotidianas? El conocimiento puede ser una herramienta de poder o prestigio. Si tales actitudes constituyen incluso sutilmente, los motivos de nuestro estudio, entonces nuestro conocimiento permanecerá estéril y no seremos transformados en profundidad.
Si las enseñanzas han de transformar nuestra mente y todo nuestro ser, deben ser asimiladas. El conocimiento debe convertirse en conocimiento interno o realización. La información no debe permanecer almacenada en la memoria intelectual. Debe ser digerido y debe penetrar profundamente en nuestra naturaleza. Puede ser que en nuestra relación con las enseñanzas teosóficas impidamos este proceso por temor a olvidar los detalles de nuestro conocimiento y perder el prestigio que se le atribuye.
Se podría decir que el verdadero conocimiento, que es la comprensión y no la acumulación de hechos, es el resultado de la lucha por liberarse del conocimiento. En verdad es una lucha, porque el conocimiento da la ilusión de seguridad y, por lo tanto, es difícil renunciar. El conocimiento nos tranquiliza. Puede producir una cierta sensación de intoxicación. Es como un tranquilizante que da una impresión de bienestar, pero que no cura nuestra profunda angustia; o como un medicamento del cual nos volvemos dependientes.
Si realmente deseamos transitar por el camino espiritual, es decir, lograr en nosotros mismos las transformaciones que pueden liberarnos del sentimiento de separación y de todos los errores y sufrimientos que resultan, entonces debemos liberarnos del apego al conocimiento ". "Dijo Lao-Tsu," consiste en aumentar nuestro inventario de conocimiento todos los días. "Practicar Tao consiste en disminuirlo." Practicar Tao significa pisar el camino.
Si no deseamos seguir siendo meros teóricos teosóficos, bloqueados a la entrada del Sendero, debemos estar dispuestos a des-aprender. Sin embargo, antes de que podamos desaprender, debemos haber aprendido. Lo contrario de saber, al que se hace referencia en Zen, Tao y otras tradiciones, no es ignorancia. Va más allá del conocimiento, es la ausencia de la acumulación de conocimiento. Por lo tanto, cuando estudiamos para lograr una transformación interna, debemos aprender y desaprender de inmediato. Los dos procesos pueden tener lugar simultáneamente si tratamos de comprender, en lugar de estar contentos con la acumulación. Cuando la mente está llena de conocimiento teórico, se cierra sobre sí misma, se aprisiona en la separación.
Por lo tanto, saber teóricamente que la vida es una puede, paradójicamente, fortalecer la sensación de separación. San Juan de la Cruz dijo que solo vaciando nuestra memoria podremos escapar de nuestra soledad fundamental y prepararnos, en todo momento, para comprender, en todos los niveles. Una mente impedida no tiene acceso a la comprensión.
El conocimiento es, pues, solo una etapa más allá de la cual tenemos que pasar para alcanzar el verdadero conocimiento, que es la comprensión y la sabiduría. La memoria sobrecargada es como un cuerpo extraño que pesa mucho y oscurece la mente. Entonces las ventanas de la percepción son tenues. Cuando la mente está vacía, recupera su naturaleza esencial que es la transparencia, el aislamiento se rompe, la comprensión es posible, las causas del conflicto y el sufrimiento se desvanecen. Según Aldous Huxley, la comprensión se logra cuando uno se libera de lo viejo (eso es, de todos los contenidos de la mente) y cuando uno hace posible el contacto directo, sin interferencia del pensamiento y sin referencia al pasado. Plotinus dijo algo similar: "Debemos trascender la ciencia y retirarnos a lo que es esencialmente Uno. Debemos renunciar a la ciencia, los objetos de la ciencia y toda la investigación intelectual. "(Podemos reemplazar la palabra" ciencia "por" conocimiento ".) Y él define sus estados de éxtasis como" la liberación de la mente de las cadenas en su limitada conciencia para que esté unida e identificada con el infinito. "La conciencia mental limitada es la conciencia identificada con el conocimiento y encarcelada en la memoria conceptual.
Solo una mente liberada de esos grilletes puede unirse al Infinito, o más bien, en ese momento, es el infinito, el Uno, ya que toda barrera que lo aísla del infinito ha desaparecido. Todo esto puede resumirse en la declaración de Krishnamurti. que es solo cuando el pensamiento cesa que existe la Sabiduría y ese pensamiento puede cesar solo cuando hay un final en el proceso de acumulación.
Por lo tanto, debemos darnos cuenta de los límites del conocimiento. Aunque es indispensable en la vida práctica, no ofrece al mundo ni seguridad ni paz. No contribuye al verdadero progreso de la humanidad. No tiene cabida en una búsqueda interna, en el despertar de la conciencia, en el descubrimiento del significado más profundo de la vida.
También debemos darnos cuenta del motivo de nuestro apetito de conocimiento. Lo acumulamos por necesidad de seguridad, por seguridad. Así construimos una fortaleza de ideas y conceptos que resulta ser una verdadera prisión. ¿Podemos darnos cuenta de que las paredes de esa prisión son en última instancia solo como un viento? Si tuviéramos una realización tan total, podría haber una liberación instantánea. Es nuestra obstinación en el uso, en nuestra investigación de la sabiduría, una herramienta inadecuada que coloca el objetivo que se alcanzará en el futuro lejano.
La confusión mental crea distancia. Cuando la mente está vacía, esa distancia se evapora y el objetivo se vuelve uno con el camino. Por esa razón se ha dicho que el primer paso es también el último.
Texto anónimo recogido por nuestro querido amigo Pocarropa.
La informática y sus tecnologías avanzadas, cuyo progreso se encuentra entre los logros más espectaculares del siglo, están produciendo una verdadera mutación en la vida laboral. El propósito de la máquina ya no es simplemente ayudar al hombre. Lo está reemplazando. La introducción de robots, al liberar al hombre de tareas repetitivas, exigentes y fastidiosas, podría haberle dado más tiempo para el ocio, la reflexión y una cierta cantidad de introspección. Podría haber reducido el estrés. En cambio, parece haber aumentado su insatisfacción y avivó su codicia por ganancias materiales y objetos supuestos para garantizar su comodidad. El egoísmo aparentemente se ha extendido más; por lo tanto, se rechaza el intercambio de trabajo, el abismo comienza a ampliarse entre ricos y pobres, y el interés propio aumenta a expensas del bien general.
Todo esto es comprensible por parte de personas que son decididamente materialistas, aquellas para quienes el objetivo en la vida es simplemente aumentar su riqueza, poder o fama. A esas personas se aplica la máxima "La ciencia sin conciencia es la ruina del alma".
Sin embargo, podríamos imaginar que las personas que dicen tener inclinaciones espirituales tendrían una actitud fundamentalmente diferente. Pero si observamos lo que sucede en casi todos los movimientos espirituales o religiosos, encontramos que también existe una gran cantidad de egoísmo, orgullo e intolerancia. ¡Y a menudo son aquellos que son más sabios en las "Sagradas Escrituras" o en la literatura espiritual quienes están más lejos de la sabiduría!
En el seno mismo de nuestros grupos, hay personas que poseen un amplio conocimiento teosófico pero cuyo comportamiento en la vida diaria es muy similar al de los materialistas. Temen por su seguridad y comodidad. Sus reacciones de autoprotección crean conflictos que son quizás sutiles pero que muestran una gran falta de sabiduría. Es obvio que el conocimiento, ya sea científico, lógico o "espiritual", no conduce necesariamente a la sabiduría. Incluso puede ser un obstáculo para el progreso humano, para el florecimiento de la conciencia, una barrera que bloquea el acceso al camino espiritual.
De las enseñanzas teosóficas sabemos lo que debemos hacer y, sin embargo, seguimos haciendo lo contrario. Sabemos qué etapas conducen al camino, a qué tipo de comportamiento se debe renunciar, qué cualidades se deben desarrollar. Pero seguimos viviendo como si no supiéramos todo esto. Nuestro conocimiento es teórico, es una masa de información, datos que hemos almacenado en nuestra memoria. Pero todo esto permanece en el nivel superficial del intelecto, fuera de nosotros mismos en cierto sentido, como una prenda de la que estamos orgullosos pero que de ninguna manera altera nuestra naturaleza y, por lo tanto, nuestro comportamiento. Nuestro conocimiento es estéril.
Podríamos preguntarnos: "¿Por qué estudiamos?" Si nuestro motivo fuera correcto, no caeríamos en la trampa del conocimiento teórico. Escuchemos los consejos del Dalai Lama durante una sesión de estudio en Francia en 1991: "Para nosotros, ya seamos maestros o estudiantes, es muy importante usar las enseñanzas para transformar nuestra mente, y no para aumentar nuestra conocimiento del libro, para agregar a nuestra fama o satisfacer otros fines cotidianos ".
¿Estudiamos para aumentar nuestro conocimiento del libro? El materialista es codicioso de los bienes materiales. El estudiante espiritual puede ser codicioso de las enseñanzas espirituales. El objeto de la codicia ha cambiado, pero la avaricia permanece y puede manifestarse en un deseo incesante de aumentar nuestro conocimiento.
¿Estudiamos para agregar a nuestra fama o satisfacer otras necesidades cotidianas? El conocimiento puede ser una herramienta de poder o prestigio. Si tales actitudes constituyen incluso sutilmente, los motivos de nuestro estudio, entonces nuestro conocimiento permanecerá estéril y no seremos transformados en profundidad.
Si las enseñanzas han de transformar nuestra mente y todo nuestro ser, deben ser asimiladas. El conocimiento debe convertirse en conocimiento interno o realización. La información no debe permanecer almacenada en la memoria intelectual. Debe ser digerido y debe penetrar profundamente en nuestra naturaleza. Puede ser que en nuestra relación con las enseñanzas teosóficas impidamos este proceso por temor a olvidar los detalles de nuestro conocimiento y perder el prestigio que se le atribuye.
Se podría decir que el verdadero conocimiento, que es la comprensión y no la acumulación de hechos, es el resultado de la lucha por liberarse del conocimiento. En verdad es una lucha, porque el conocimiento da la ilusión de seguridad y, por lo tanto, es difícil renunciar. El conocimiento nos tranquiliza. Puede producir una cierta sensación de intoxicación. Es como un tranquilizante que da una impresión de bienestar, pero que no cura nuestra profunda angustia; o como un medicamento del cual nos volvemos dependientes.
Si realmente deseamos transitar por el camino espiritual, es decir, lograr en nosotros mismos las transformaciones que pueden liberarnos del sentimiento de separación y de todos los errores y sufrimientos que resultan, entonces debemos liberarnos del apego al conocimiento ". "Dijo Lao-Tsu," consiste en aumentar nuestro inventario de conocimiento todos los días. "Practicar Tao consiste en disminuirlo." Practicar Tao significa pisar el camino.
Si no deseamos seguir siendo meros teóricos teosóficos, bloqueados a la entrada del Sendero, debemos estar dispuestos a des-aprender. Sin embargo, antes de que podamos desaprender, debemos haber aprendido. Lo contrario de saber, al que se hace referencia en Zen, Tao y otras tradiciones, no es ignorancia. Va más allá del conocimiento, es la ausencia de la acumulación de conocimiento. Por lo tanto, cuando estudiamos para lograr una transformación interna, debemos aprender y desaprender de inmediato. Los dos procesos pueden tener lugar simultáneamente si tratamos de comprender, en lugar de estar contentos con la acumulación. Cuando la mente está llena de conocimiento teórico, se cierra sobre sí misma, se aprisiona en la separación.
Por lo tanto, saber teóricamente que la vida es una puede, paradójicamente, fortalecer la sensación de separación. San Juan de la Cruz dijo que solo vaciando nuestra memoria podremos escapar de nuestra soledad fundamental y prepararnos, en todo momento, para comprender, en todos los niveles. Una mente impedida no tiene acceso a la comprensión.
El conocimiento es, pues, solo una etapa más allá de la cual tenemos que pasar para alcanzar el verdadero conocimiento, que es la comprensión y la sabiduría. La memoria sobrecargada es como un cuerpo extraño que pesa mucho y oscurece la mente. Entonces las ventanas de la percepción son tenues. Cuando la mente está vacía, recupera su naturaleza esencial que es la transparencia, el aislamiento se rompe, la comprensión es posible, las causas del conflicto y el sufrimiento se desvanecen. Según Aldous Huxley, la comprensión se logra cuando uno se libera de lo viejo (eso es, de todos los contenidos de la mente) y cuando uno hace posible el contacto directo, sin interferencia del pensamiento y sin referencia al pasado. Plotinus dijo algo similar: "Debemos trascender la ciencia y retirarnos a lo que es esencialmente Uno. Debemos renunciar a la ciencia, los objetos de la ciencia y toda la investigación intelectual. "(Podemos reemplazar la palabra" ciencia "por" conocimiento ".) Y él define sus estados de éxtasis como" la liberación de la mente de las cadenas en su limitada conciencia para que esté unida e identificada con el infinito. "La conciencia mental limitada es la conciencia identificada con el conocimiento y encarcelada en la memoria conceptual.
Solo una mente liberada de esos grilletes puede unirse al Infinito, o más bien, en ese momento, es el infinito, el Uno, ya que toda barrera que lo aísla del infinito ha desaparecido. Todo esto puede resumirse en la declaración de Krishnamurti. que es solo cuando el pensamiento cesa que existe la Sabiduría y ese pensamiento puede cesar solo cuando hay un final en el proceso de acumulación.
Por lo tanto, debemos darnos cuenta de los límites del conocimiento. Aunque es indispensable en la vida práctica, no ofrece al mundo ni seguridad ni paz. No contribuye al verdadero progreso de la humanidad. No tiene cabida en una búsqueda interna, en el despertar de la conciencia, en el descubrimiento del significado más profundo de la vida.
También debemos darnos cuenta del motivo de nuestro apetito de conocimiento. Lo acumulamos por necesidad de seguridad, por seguridad. Así construimos una fortaleza de ideas y conceptos que resulta ser una verdadera prisión. ¿Podemos darnos cuenta de que las paredes de esa prisión son en última instancia solo como un viento? Si tuviéramos una realización tan total, podría haber una liberación instantánea. Es nuestra obstinación en el uso, en nuestra investigación de la sabiduría, una herramienta inadecuada que coloca el objetivo que se alcanzará en el futuro lejano.
La confusión mental crea distancia. Cuando la mente está vacía, esa distancia se evapora y el objetivo se vuelve uno con el camino. Por esa razón se ha dicho que el primer paso es también el último.
Texto anónimo recogido por nuestro querido amigo Pocarropa.
Los 4 Acuerdos (16). El 4º Acuerdo: Haz siempre lo máximo que puedas (3)
Si siempre haces lo máximo que puedas, una y otra vez, te convertirás en un maestro de la transformación. La práctica forma al maestro. Cuando haces lo máximo que puedes, te conviertes en un maestro. Todo lo que sabes lo has aprendido mediante la repetición. Aprendiste así a escribir, a conducir e incluso a andar. Eres un maestro hablando tu lengua porque la has practicado. La acción es lo que importa.
Si haces lo máximo que puedas en la búsqueda de tu libertad personal y de tu autoestima, descubrirás que encontrar lo que buscas es sólo cuestión de tiempo. No se trata de soñar despierto ni de sentarse varias horas a soñar mientras meditas. Debes ponerte en pie y actuar como un ser humano. Debes honrar al hombre o la mujer que eres. Debes respetar tu cuerpo, disfrutarlo, amarlo, alimentarlo, limpiarlo y sanarlo. Ejercítalo y haz todo lo que le haga sentirse bien. Esto es una puja para tu cuerpo, es una comunión entre Dios y tú.
No es necesario que adores a ninguna imagen de la Virgen María, de Cristo o de Buda. Puedes hacerlo si quieres; si te hace sentir bien, hazlo. Tu propio cuerpo es una manifestación de Dios, y si honras a tu cuerpo, todo cambiará para ti. Cuando des amor a todas las partes de tu cuerpo, plantarás semillas de amor en tu mente, y cuando crezcan, amarás, honrarás y respetarás tu cuerpo inmensamente.
Entonces, toda acción se convertirá en un ritual mediante el cual honrarás a Dios. Después de esto, el siguiente paso consistirá en honrar a Dios con cada pensamiento, con cada emoción, con cada creencia, tanto si es “correcta” como si es “incorrecta”. Cada pensamiento se convertirá en una comunión con Dios y vivirás un sueño sin juicios, sin ser una víctima y libre de la necesidad de chismorrear y maltratarte.
------
Cuando honres estos cuatro acuerdos juntos, ya no vivirás más en el infierno. Definitivamente, no. Si eres impecable con tus palabras, no te tomas nada personalmente, no haces suposiciones y siempre haces lo máximo que puedas, tu vida será maravillosa y la controlarás al cien por cien.
Los Cuatro Acuerdos son un resumen de la maestría de la transformación, una de las maestrías de los toltecas.
Transformas el infierno en cielo. El sueño del planeta se transforma en tu sueño personal del cielo. El conocimiento está ahí; sólo espera a que tú lo utilices. Los Cuatro Acuerdos están ahí; sólo tienes que adoptarlos y respetar su significado y su poder.
Lo único que tienes que hacer es lo máximo que puedas para honrar estos acuerdos. Establece hoy este acuerdo: “Elijo respetar los Cuatro Acuerdos”. Son tan sencillos y lógicos que incluso un niño puede entenderlos. Pero para mantenerlos, necesitas una voluntad fuerte, una voluntad muy fuerte. ¿Por qué? Porque vayamos donde vayamos descubrimos que nuestro camino está lleno de obstáculos. Todo el mundo intenta sabotear nuestro compromiso con estos nuevos acuerdos, y todo lo que nos rodea está estructurado para que los rompamos. El problema reside en los otros acuerdos que forman parte del sueño del planeta. Están vivos y son muy fuertes.
Por esta razón es necesario que seas un gran cazador, un gran guerrero capaz de defender los Cuatro Acuerdos con tu vida. Tu felicidad, tu libertad, toda tu manera de vivir dependen de ello. El objetivo del guerrero es trascender este mundo, escapar de este infierno y no regresar jamás a él. Tal como nos enseñan los toltecas, la recompensa consiste en trascender la experiencia humana del sufrimiento, y convertirse en la encarnación de Dios. Esa es la recompensa.
Verdaderamente, para triunfar en el cumplimiento de estos acuerdos, necesitamos utilizar todo el poder que tenemos. Al principio, yo no creía que pudiera ser capaz de hacerlo. He fracasado muchas veces, pero me levanté y seguí adelante. No me compadece de mí mismo. De ninguna manera iba a compadecerme de mí mismo. Dije: “Si me caigo, soy lo bastante fuerte, lo bastante inteligente, ¡puedo hacerlo!”. Me levanté y seguí adelante. Me caí y seguí adelante, y adelante, y cada vez me resultó más y más fácil. Sin embargo, al comienzo era tan duro y tan difícil...
De modo que, si te caes, no te juzgues. No le des a tu Juez la satisfacción de convertirte en una víctima. No, sé firme contigo mismo. Levántate y establece el acuerdo de nuevo: “Está bien, rompí el acuerdo de ser impecable con mis palabras. Empezaré otra vez desde el principio. Voy a mantener los Cuatro Acuerdos sólo por hoy. Hoy seré impecable con mis palabras, no me tomaré nada personalmente, no haré suposiciones y haré lo máximo que pueda”.
Si rompes un acuerdo, empieza de nuevo mañana y de nuevo al día siguiente. Al principio será difícil, pero cada día te parecerá más y más fácil hasta que, un día, descubrirás que los Cuatro Acuerdos dirigen tu vida. Te sorprenderá ver cómo se ha transformado tu existencia.
No es necesario que seas religioso ni que vayas a la iglesia cada día. Tu amor y tu respeto por ti mismo crecen incesantemente. Puedes hacerlo. Si yo lo hice, también té puedes hacerlo. No te inquietes por el futuro; mantén tu atención en el día de hoy y permanece en el momento presente. Vive el día a día. Haz siempre lo máximo que puedas por mantener estos acuerdos, y pronto te resultará sencillo. Hoy es el principio de un nuevo sueño.
Si haces lo máximo que puedas en la búsqueda de tu libertad personal y de tu autoestima, descubrirás que encontrar lo que buscas es sólo cuestión de tiempo. No se trata de soñar despierto ni de sentarse varias horas a soñar mientras meditas. Debes ponerte en pie y actuar como un ser humano. Debes honrar al hombre o la mujer que eres. Debes respetar tu cuerpo, disfrutarlo, amarlo, alimentarlo, limpiarlo y sanarlo. Ejercítalo y haz todo lo que le haga sentirse bien. Esto es una puja para tu cuerpo, es una comunión entre Dios y tú.
No es necesario que adores a ninguna imagen de la Virgen María, de Cristo o de Buda. Puedes hacerlo si quieres; si te hace sentir bien, hazlo. Tu propio cuerpo es una manifestación de Dios, y si honras a tu cuerpo, todo cambiará para ti. Cuando des amor a todas las partes de tu cuerpo, plantarás semillas de amor en tu mente, y cuando crezcan, amarás, honrarás y respetarás tu cuerpo inmensamente.
Entonces, toda acción se convertirá en un ritual mediante el cual honrarás a Dios. Después de esto, el siguiente paso consistirá en honrar a Dios con cada pensamiento, con cada emoción, con cada creencia, tanto si es “correcta” como si es “incorrecta”. Cada pensamiento se convertirá en una comunión con Dios y vivirás un sueño sin juicios, sin ser una víctima y libre de la necesidad de chismorrear y maltratarte.
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Cuando honres estos cuatro acuerdos juntos, ya no vivirás más en el infierno. Definitivamente, no. Si eres impecable con tus palabras, no te tomas nada personalmente, no haces suposiciones y siempre haces lo máximo que puedas, tu vida será maravillosa y la controlarás al cien por cien.
Los Cuatro Acuerdos son un resumen de la maestría de la transformación, una de las maestrías de los toltecas.
Transformas el infierno en cielo. El sueño del planeta se transforma en tu sueño personal del cielo. El conocimiento está ahí; sólo espera a que tú lo utilices. Los Cuatro Acuerdos están ahí; sólo tienes que adoptarlos y respetar su significado y su poder.
Lo único que tienes que hacer es lo máximo que puedas para honrar estos acuerdos. Establece hoy este acuerdo: “Elijo respetar los Cuatro Acuerdos”. Son tan sencillos y lógicos que incluso un niño puede entenderlos. Pero para mantenerlos, necesitas una voluntad fuerte, una voluntad muy fuerte. ¿Por qué? Porque vayamos donde vayamos descubrimos que nuestro camino está lleno de obstáculos. Todo el mundo intenta sabotear nuestro compromiso con estos nuevos acuerdos, y todo lo que nos rodea está estructurado para que los rompamos. El problema reside en los otros acuerdos que forman parte del sueño del planeta. Están vivos y son muy fuertes.
Por esta razón es necesario que seas un gran cazador, un gran guerrero capaz de defender los Cuatro Acuerdos con tu vida. Tu felicidad, tu libertad, toda tu manera de vivir dependen de ello. El objetivo del guerrero es trascender este mundo, escapar de este infierno y no regresar jamás a él. Tal como nos enseñan los toltecas, la recompensa consiste en trascender la experiencia humana del sufrimiento, y convertirse en la encarnación de Dios. Esa es la recompensa.
Verdaderamente, para triunfar en el cumplimiento de estos acuerdos, necesitamos utilizar todo el poder que tenemos. Al principio, yo no creía que pudiera ser capaz de hacerlo. He fracasado muchas veces, pero me levanté y seguí adelante. No me compadece de mí mismo. De ninguna manera iba a compadecerme de mí mismo. Dije: “Si me caigo, soy lo bastante fuerte, lo bastante inteligente, ¡puedo hacerlo!”. Me levanté y seguí adelante. Me caí y seguí adelante, y adelante, y cada vez me resultó más y más fácil. Sin embargo, al comienzo era tan duro y tan difícil...
De modo que, si te caes, no te juzgues. No le des a tu Juez la satisfacción de convertirte en una víctima. No, sé firme contigo mismo. Levántate y establece el acuerdo de nuevo: “Está bien, rompí el acuerdo de ser impecable con mis palabras. Empezaré otra vez desde el principio. Voy a mantener los Cuatro Acuerdos sólo por hoy. Hoy seré impecable con mis palabras, no me tomaré nada personalmente, no haré suposiciones y haré lo máximo que pueda”.
Si rompes un acuerdo, empieza de nuevo mañana y de nuevo al día siguiente. Al principio será difícil, pero cada día te parecerá más y más fácil hasta que, un día, descubrirás que los Cuatro Acuerdos dirigen tu vida. Te sorprenderá ver cómo se ha transformado tu existencia.
No es necesario que seas religioso ni que vayas a la iglesia cada día. Tu amor y tu respeto por ti mismo crecen incesantemente. Puedes hacerlo. Si yo lo hice, también té puedes hacerlo. No te inquietes por el futuro; mantén tu atención en el día de hoy y permanece en el momento presente. Vive el día a día. Haz siempre lo máximo que puedas por mantener estos acuerdos, y pronto te resultará sencillo. Hoy es el principio de un nuevo sueño.
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