domingo, 6 de mayo de 2018

Del conocimiento a la sabiduría. (Sugiero una reflexión profunda del tema compartido.)

Al observar el estado del mundo en el que vivimos, podemos preguntarnos si aumentar nuestro conocimiento no impide el despertar de la Sabiduría. Ha habido un progreso enorme en los campos de la ciencia y el conocimiento humano en general. Pero el mundo no ha mejorado. El sufrimiento y la miseria de la humanidad no han disminuido. Nunca nos hemos enfrentado a tantas malas noticias. La inseguridad ha crecido. Los conflictos van en aumento. El crimen crece sin cesar. Incluso parece que son las sociedades más avanzadas las que causan los problemas más serios.

La informática y sus tecnologías avanzadas, cuyo progreso se encuentra entre los logros más espectaculares del siglo, están produciendo una verdadera mutación en la vida laboral. El propósito de la máquina ya no es simplemente ayudar al hombre. Lo está reemplazando. La introducción de robots, al liberar al hombre de tareas repetitivas, exigentes y fastidiosas, podría haberle dado más tiempo para el ocio, la reflexión y una cierta cantidad de introspección. Podría haber reducido el estrés. En cambio, parece haber aumentado su insatisfacción y avivó su codicia por ganancias materiales y objetos supuestos para garantizar su comodidad. El egoísmo aparentemente se ha extendido más; por lo tanto, se rechaza el intercambio de trabajo, el abismo comienza a ampliarse entre ricos y pobres, y el interés propio aumenta a expensas del bien general.

Todo esto es comprensible por parte de personas que son decididamente materialistas, aquellas para quienes el objetivo en la vida es simplemente aumentar su riqueza, poder o fama. A esas personas se aplica la máxima "La ciencia sin conciencia es la ruina del alma".

Sin embargo, podríamos imaginar que las personas que dicen tener inclinaciones espirituales tendrían una actitud fundamentalmente diferente. Pero si observamos lo que sucede 
en casi todos los movimientos espirituales o religiosos, encontramos que también existe una gran cantidad de egoísmo, orgullo e intolerancia. ¡Y a menudo son aquellos que son más sabios en las "Sagradas Escrituras" o en la literatura espiritual quienes están más lejos de la sabiduría!

En el seno mismo de nuestros grupos, hay personas que poseen un amplio conocimiento teosófico pero 
cuyo comportamiento en la vida diaria es muy similar al de los materialistas. Temen por su seguridad y comodidad. Sus reacciones de autoprotección crean conflictos que son quizás sutiles pero que muestran una gran falta de sabiduría. Es obvio que el conocimiento, ya sea científico, lógico o "espiritual", no conduce necesariamente a la sabiduría. Incluso puede ser un obstáculo para el progreso humano, para el florecimiento de la conciencia, una barrera que bloquea el acceso al camino espiritual.

De las enseñanzas teosóficas sabemos lo que debemos hacer y, sin embargo, seguimos haciendo lo contrario. Sabemos qué etapas conducen al camino, a qué tipo de comportamiento se debe renunciar, qué cualidades se deben desarrollar. Pero seguimos viviendo como si no supiéramos todo esto. Nuestro conocimiento es teórico, es una masa de información, datos que hemos almacenado en nuestra memoria. Pero todo esto permanece en el nivel superficial del intelecto, fuera de nosotros mismos en cierto sentido, como una prenda de la que estamos orgullosos pero que de ninguna manera altera nuestra naturaleza y, por lo tanto, nuestro comportamiento. Nuestro conocimiento es estéril.

Podríamos preguntarnos: "¿Por qué estudiamos?" Si nuestro motivo fuera correcto, no caeríamos en la trampa del conocimiento teórico. Escuchemos los consejos del Dalai Lama durante una sesión de estudio en Francia en 1991: "Para nosotros, ya seamos maestros o estudiantes, es muy importante usar las enseñanzas para transformar nuestra mente, y no para aumentar nuestra conocimiento del libro, para agregar a nuestra fama o satisfacer otros fines cotidianos ".

¿Estudiamos para aumentar nuestro conocimiento del libro? El materialista es codicioso de los bienes materiales. El estudiante espiritual puede ser codicioso de las enseñanzas espirituales. El objeto de la codicia ha cambiado, pero la avaricia permanece y puede manifestarse en un deseo incesante de aumentar nuestro conocimiento.

¿Estudiamos para agregar a nuestra fama o satisfacer otras necesidades cotidianas? El conocimiento puede ser una herramienta de poder o prestigio. Si tales actitudes constituyen incluso sutilmente, los motivos de nuestro estudio, entonces nuestro conocimiento permanecerá estéril y no seremos transformados en profundidad.

Si las enseñanzas han de transformar nuestra mente y todo nuestro ser, deben ser asimiladas. El conocimiento debe convertirse en conocimiento interno o realización. La información no debe permanecer almacenada en la memoria intelectual. Debe ser digerido y debe penetrar profundamente en nuestra naturaleza. Puede ser que en nuestra relación con las enseñanzas teosóficas impidamos este proceso por temor a olvidar los detalles de nuestro conocimiento y perder el prestigio que se le atribuye.

Se podría decir que el verdadero conocimiento, que es la comprensión y no la acumulación de hechos, es el resultado de la lucha por liberarse del conocimiento. En verdad es una lucha, porque el conocimiento da la ilusión de seguridad y, por lo tanto, es difícil renunciar. El conocimiento nos tranquiliza. Puede producir una cierta sensación de intoxicación. Es como un tranquilizante que da una impresión de bienestar, pero que no cura nuestra profunda angustia; o como un medicamento del cual nos volvemos dependientes. 


Si realmente deseamos transitar por el camino espiritual, es decir, lograr en nosotros mismos las transformaciones que pueden liberarnos del sentimiento de separación y de todos los errores y sufrimientos que resultan, entonces debemos liberarnos del apego al conocimiento ". "Dijo Lao-Tsu," consiste en aumentar nuestro inventario de conocimiento todos los días. "Practicar Tao consiste en disminuirlo." Practicar Tao significa pisar el camino. 

Si no deseamos seguir siendo meros teóricos teosóficos, bloqueados a la entrada del Sendero, debemos estar dispuestos a des-aprender. Sin embargo, antes de que podamos desaprender, debemos haber aprendido. Lo contrario de saber, al que se hace referencia en Zen, Tao y otras tradiciones, no es ignorancia. Va más allá del conocimiento, es la ausencia de la acumulación de conocimiento. Por lo tanto, cuando estudiamos para lograr una transformación interna, debemos aprender y desaprender de inmediato. Los dos procesos pueden tener lugar simultáneamente si tratamos de comprender, en lugar de estar contentos con la acumulación. Cuando la mente está llena de conocimiento teórico, se cierra sobre sí misma, se aprisiona en la separación. 

Por lo tanto, saber teóricamente que la vida es una puede, paradójicamente, fortalecer la sensación de separación. San Juan de la Cruz dijo que solo vaciando nuestra memoria podremos escapar de nuestra soledad fundamental y prepararnos, en todo momento, para comprender, en todos los niveles. Una mente impedida no tiene acceso a la comprensión. 

El conocimiento es, pues, solo una etapa más allá de la cual tenemos que pasar para alcanzar el verdadero conocimiento, que es la comprensión y la sabiduría. La memoria sobrecargada es como un cuerpo extraño que pesa mucho y oscurece la mente. Entonces las ventanas de la percepción son tenues. Cuando la mente está vacía, recupera su naturaleza esencial que es la transparencia, el aislamiento se rompe, la comprensión es posible, las causas del conflicto y el sufrimiento se desvanecen. Según Aldous Huxley, la comprensión se logra cuando uno se libera de lo viejo (eso es, de todos los contenidos de la mente) y cuando uno hace posible el contacto directo, sin interferencia del pensamiento y sin referencia al pasado. Plotinus dijo algo similar: "Debemos trascender la ciencia y retirarnos a lo que es esencialmente Uno. Debemos renunciar a la ciencia, los objetos de la ciencia y toda la investigación intelectual. "(Podemos reemplazar la palabra" ciencia "por" conocimiento ".) Y él define sus estados de éxtasis como" la liberación de la mente de las cadenas en su limitada conciencia para que esté unida e identificada con el infinito. "La conciencia mental limitada es la conciencia identificada con el conocimiento y encarcelada en la memoria conceptual. 

Solo una mente liberada de esos grilletes puede unirse al Infinito, o más bien, en ese momento, es el infinito, el Uno, ya que toda barrera que lo aísla del infinito ha desaparecido. Todo esto puede resumirse en la declaración de Krishnamurti. que es solo cuando el pensamiento cesa que existe la Sabiduría y ese pensamiento puede cesar solo cuando hay un final en el proceso de acumulación. 

Por lo tanto, debemos darnos cuenta de los límites del conocimiento. Aunque es indispensable en la vida práctica, no ofrece al mundo ni seguridad ni paz. No contribuye al verdadero progreso de la humanidad. No tiene cabida en una búsqueda interna, en el despertar de la conciencia, en el descubrimiento del significado más profundo de la vida. 

También debemos darnos cuenta del motivo de nuestro apetito de conocimiento. Lo acumulamos por necesidad de seguridad, por seguridad. Así construimos una fortaleza de ideas y conceptos que resulta ser una verdadera prisión. ¿Podemos darnos cuenta de que las paredes de esa prisión son en última instancia solo como un viento? Si tuviéramos una realización tan total, podría haber una liberación instantánea. Es nuestra obstinación en el uso, en nuestra investigación de la sabiduría, una herramienta inadecuada que coloca el objetivo que se alcanzará en el futuro lejano. 

La confusión mental crea distancia. Cuando la mente está vacía, esa distancia se evapora y el objetivo se vuelve uno con el camino. Por esa razón se ha dicho que el primer paso es también el último.

Texto anónimo recogido por nuestro querido amigo Pocarropa. 






Los 4 Acuerdos (16). El 4º Acuerdo: Haz siempre lo máximo que puedas (3)

Si siempre haces lo máximo que puedas, una y otra vez, te convertirás en un maestro de la transformación. La práctica forma al maestro. Cuando haces lo máximo que puedes, te conviertes en un maestro. Todo lo que sabes lo has aprendido mediante la repetición. Aprendiste así a escribir, a conducir e incluso a andar. Eres un maestro hablando tu lengua porque la has practicado. La acción es lo que importa.

Si haces lo máximo que puedas en la búsqueda de tu libertad personal y de tu autoestima, descubrirás que encontrar lo que buscas es sólo cuestión de tiempo. No se trata de soñar despierto ni de sentarse varias horas a soñar mientras meditas. Debes ponerte en pie y actuar como un ser humano. Debes honrar al hombre o la mujer que eres. Debes respetar tu cuerpo, disfrutarlo, amarlo, alimentarlo, limpiarlo y sanarlo. Ejercítalo y haz todo lo que le haga sentirse bien. Esto es una puja para tu cuerpo, es una comunión entre Dios y tú.

No es necesario que adores a ninguna imagen de la Virgen María, de Cristo o de Buda. Puedes hacerlo si quieres; si te hace sentir bien, hazlo. Tu propio cuerpo es una manifestación de Dios, y si honras a tu cuerpo, todo cambiará para ti. Cuando des amor a todas las partes de tu cuerpo, plantarás semillas de amor en tu mente, y cuando crezcan, amarás, honrarás y respetarás tu cuerpo inmensamente.

Entonces, toda acción se convertirá en un ritual mediante el cual honrarás a Dios. Después de esto, el siguiente paso consistirá en honrar a Dios con cada pensamiento, con cada emoción, con cada creencia, tanto si es “correcta” como si es “incorrecta”. Cada pensamiento se convertirá en una comunión con Dios y vivirás un sueño sin juicios, sin ser una víctima y libre de la necesidad de chismorrear y maltratarte.
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Cuando honres estos cuatro acuerdos juntos, ya no vivirás más en el infierno. Definitivamente, no. Si eres impecable con tus palabras, no te tomas nada personalmente, no haces suposiciones y siempre haces lo máximo que puedas, tu vida será maravillosa y la controlarás al cien por cien. 

Los Cuatro Acuerdos son un resumen de la maestría de la transformación, una de las maestrías de los toltecas. 
Transformas el infierno en cielo. El sueño del planeta se transforma en tu sueño personal del cielo. El conocimiento está ahí; sólo espera a que tú lo utilices. Los Cuatro Acuerdos están ahí; sólo tienes que adoptarlos y respetar su significado y su poder.

Lo único que tienes que hacer es lo máximo que puedas para honrar estos acuerdos. Establece hoy este acuerdo: “Elijo respetar los Cuatro Acuerdos”. Son tan sencillos y lógicos que incluso un niño puede entenderlos. Pero para mantenerlos, necesitas una voluntad fuerte, una voluntad muy fuerte. ¿Por qué? Porque vayamos donde vayamos descubrimos que nuestro camino está lleno de obstáculos. Todo el mundo intenta sabotear nuestro compromiso con estos nuevos acuerdos, y todo lo que nos rodea está estructurado para que los rompamos. El problema reside en los otros acuerdos que forman parte del sueño del planeta. Están vivos y son muy fuertes.

Por esta razón es necesario que seas un gran cazador, un gran guerrero capaz de defender los Cuatro Acuerdos con tu vida. Tu felicidad, tu libertad, toda tu manera de vivir dependen de ello. El objetivo del guerrero es trascender este mundo, escapar de este infierno y no regresar jamás a él. Tal como nos enseñan los toltecas, la recompensa consiste en trascender la experiencia humana del sufrimiento, y convertirse en la encarnación de Dios. Esa es la recompensa.

Verdaderamente, para triunfar en el cumplimiento de estos acuerdos, necesitamos utilizar todo el poder que tenemos. Al principio, yo no creía que pudiera ser capaz de hacerlo. He fracasado muchas veces, pero me levanté y seguí adelante. No me compadece de mí mismo. De ninguna manera iba a compadecerme de mí mismo. Dije: “Si me caigo, soy lo bastante fuerte, lo bastante inteligente, ¡puedo hacerlo!”. Me levanté y seguí adelante. Me caí y seguí adelante, y adelante, y cada vez me resultó más y más fácil. Sin embargo, al comienzo era tan duro y tan difícil...

De modo que, si te caes, no te juzgues. No le des a tu Juez la satisfacción de convertirte en una víctima. No, sé firme contigo mismo. Levántate y establece el acuerdo de nuevo: “Está bien, rompí el acuerdo de ser impecable con mis palabras. Empezaré otra vez desde el principio. Voy a mantener los Cuatro Acuerdos sólo por hoy. Hoy seré impecable con mis palabras, no me tomaré nada personalmente, no haré suposiciones y haré lo máximo que pueda”.

Si rompes un acuerdo, empieza de nuevo mañana y de nuevo al día siguiente. Al principio será difícil, pero cada día te parecerá más y más fácil hasta que, un día, descubrirás que los Cuatro Acuerdos dirigen tu vida. Te sorprenderá ver cómo se ha transformado tu existencia.

No es necesario que seas religioso ni que vayas a la iglesia cada día. Tu amor y tu respeto por ti mismo crecen incesantemente. Puedes hacerlo. Si yo lo hice, también té puedes hacerlo. No te inquietes por el futuro; mantén tu atención en el día de hoy y permanece en el momento presente. Vive el día a día. Haz siempre lo máximo que puedas por mantener estos acuerdos, y pronto te resultará sencillo. Hoy es el principio de un nuevo sueño.




domingo, 29 de abril de 2018

¿Me dejo engañar por las señales? Reflexiones para el blog.


El pasado viernes 26 de Abril (2018), comparto con Ana Belén, una querida compi de güasa que sé que está interesada en los temas de sincronías, señales, numerología … un texto de David Topí que siento le va a interesar:

"""Así que puede haber “coincidencias” que sean para ayudarte, orientarte, hacerte llegar algo, y puede haber manipulaciones en tu realidad que parecen lo mismo pero son para desorientarte, alejarte de algo, entorpecer tu camino, etc. ¿Cómo distinguirlas? Sintiendo, viendo y percibiendo las energías de lo que te sucede, como te hacen sentir, si hay algo que no te cuadra, si algo no termina de resonarte en esos encuentros o situaciones “causales”, etc. Y luego, aprendiendo a pedir a tu YS ayuda y guía para que puedas orientarte por la vida siguiendo las pistas que te pone y las señales que te envía de la forma más nítida, clara e inequívoca posible."""
David Topí. 

"""Me acordé de ti al leerlo."""
Le comparto a Ana Belén.

Me he acordado de que, en diferentes situaciones de mi vida, he sentido que había señales que me llevaban a un lugar/persona determinada. Al cabo de un tiempo más o menos largo, hago realidad de que esas “señales”, o lo que yo he considerado como tales, no tienen la lectura que yo le había dado. No solamente yo, sino otras personas con las que he compartido el caso. 

Me ha vuelto a pasar hace pocos días. Dado que me gusta mucho la numerología, me dejé llevar por los números y llegué a creer en algo, aparentemente, muy fantástico para la mente terrícola. Como sigo siendo muy crédula y confiada, me decía, una y otra vez: “Esto puede ser cierto”. Hasta que la realidad se ha impuesto a mis … ¿alucinaciones?

Como comparto, al principio, y siempre basándome en que “Todo puede ser cierto” y no voy a consentir más limitaciones de mi mente (en ello estoy), creo a pies juntillas lo que se me manifiesta, aunque mi mente terrícola me dice que es demasiado bueno para ser verdad. Yo le recuerdo: “Confía”. El quid de la cuestión es no aferrarse a lo que pienso que creo y saber dis-cernir (separar las cosas y decidir) cuando es "una manipulación de mi realidad" de quienes ya sabemos que andan moviendo los hilos en la sombra (se les conoce con varios nombres: "Gobierno en la sombra", "Nuevo Orden Mundial", "Estado Profundo" ...) o una Realidad que me envía mi Yo Superior.

Fdo: Encarna G M 





Los 4 Acuerdos (15). El 4º Acuerdo: Haz siempre lo máximo que puedas.

Cuando haces lo máximo que puedes, no le das al Juez la oportunidad de que dicte sentencia y te considere culpable. Si has hecho lo máximo que podías y el Juez intenta juzgarte basándose en tu Libro de la Ley, tú tienes la respuesta: “Hice lo máximo que podía”. No hay reproches. Esta es la razón por la cual siempre hacemos lo máximo que podemos. No es un acuerdo que sea fácil de mantener, pero te hará realmente libre.

Cuando haces lo máximo que puedes, aprendes a aceptarte a ti mismo, pero tienes que ser consciente y aprender de tus errores. Eso significa practicar, comprobar los resultados con honestidad y continuar practicando. Así se expande la conciencia.

Cuando haces lo máximo que puedes no parece que trabajes, porque disfrutas de todo lo que haces. Sabes que haces lo máximo que puedes cuando disfrutas de la acción o la llevas a cabo de una manera que no te repercute negativamente. Haces lo máximo que puedes porque quieres hacerlo, no porque tengas que hacerlo, ni por complacer al Juez o a los demás.

Si emprendes la acción porque te sientes obligado, entonces, de ninguna manera harás lo máximo que puedas. En ese caso, es mejor no hacerlo. Cuando haces lo máximo que puedes, siempre te sientes muy feliz, por eso lo haces. Cuando haces lo máximo que puedes por el mero placer de hacerlo, emprendes la acción porque disfrutas de ella.

La acción consiste en vivir con plenitud. La inacción es nuestra forma de negar la vida, y consiste en sentarse delante del televisor cada día durante años porque te da miedo estar vivo y arriesgarte a expresar lo que eres. Expresar lo que eres es emprender la acción. Puede que tengas grandes ideas en la cabeza, pero lo que importa es la acción. Una idea, si no se lleva a cabo, no producirá ninguna manifestación, ni resultados ni recompensas.

La historia de Forrest Gump es un buen ejemplo. No tenía grandes ideas, pero actuaba. Era feliz porque hacía lo máximo que podía en todo lo que emprendía. Recibió importantes recompensas que no había esperado. Emprender la acción es estar vivo. Es arriesgarse a salir y expresar tu sueño. Esto no significa que se lo impongas a los demás, porque todo el mundo tiene derecho a expresar su propio sueño.

Hacer lo máximo que puedas es un gran hábito que te conviene adquirir. Yo hago lo máximo que puedo en todo lo que emprendo y siento. Hacerlo se ha convertido en un ritual que forma parte de mi vida, porque yo escogí que así fuese. Es una creencia, como cualquier otra de las que he elegido tener. Lo convierto todo en un ritual y siempre hago lo máximo que puedo. Para mí, ducharse es un ritual; con esta acción le digo a mi cuerpo lo mucho que lo amo. Disfruto al sentir el agua correr por mi cuerpo. Hago lo máximo que puedo para que las necesidades de mi cuerpo se vean satisfechas, para cuidarlo y para recibir lo que me da.

En la India celebran un ritual denominado puja. En él cogen unas imágenes que representan a Dios de muy diversas maneras y las bañan, les dan de comer y les ofrecen su amor. Incluso les cantan mantras. Las imágenes no son importantes en sí. Lo que importa es la forma en que celebran el ritual, el modo en que dicen: “Te amo, Dios”.

Dios es vida. Dios es vida en acción. La mejor manera de decir: “Te amo, Dios”, es vivir haciendo lo máximo que puedas. La mejor manera de decir: “Gracias, Dios”, es dejar ir el pasado y vivir el momento presente, aquí y ahora. Sea lo que sea lo que la vida te arrebate, permite que se vaya. Cuando te entregas y dejas ir el pasado, te permites estar plenamente vivo en el momento presente. Dejar ir el pasado significa disfrutar del sueño que acontece ahora mismo.

Si vives en un sueño del pasado, no disfrutas de lo que sucede en el momento presente, porque siempre deseas que sea distinto. No hay tiempo para que te pierdas nada ni a nadie, porque estás vivo. No disfrutar de lo que sucede ahora mismo es vivir en el pasado, es vivir sólo a medias. Esto conduce a la autocompasión, el sufrimiento y las lágrimas.

Naciste con el derecho de ser feliz. Naciste con el derecho de amar, de disfrutar y de compartir tu amor. Estás vivo, así que toma tu vida y disfrútala. No te resistas a que la vida pase por ti, porque es Dios que pasa a través de ti. Tu existencia prueba, por sí sola, la existencia de Dios. Tu existencia prueba la existencia de la vida y la energía.

No necesitamos saber ni probar nada. Ser, arriesgarnos a vivir y disfrutar de nuestra vida, es lo único que importa. Di que no cuando quieras decir que no, y di que sí cuando quieras decir que sí. Tienes derecho a ser tú mismo. Y sólo puedes serlo cuando haces lo máximo que puedes. Cuando no lo haces, te niegas el derecho a ser tú mismo. Esta es una semilla que deberías nutrir en tu mente. No necesitas muchos conocimientos ni grandes conceptos filosóficos. No necesitas que los demás te acepten. Expresas tu propia divinidad mediante tu vida y el amor por ti mismo y por los demás. Decir: “Eh, te amo”, es una expresión de Dios.

Los tres primeros acuerdos sólo funcionarán si haces lo máximo que puedas. No esperes ser siempre impecable con tus palabras. Tus hábitos rutinarios son demasiado fuertes y están firmemente arraigados en tu mente. Pero puedes hacer lo máximo posible. No esperes no volver nunca más a tomarte las cosas personalmente; sólo haz lo máximo que puedas. No esperes no hacer nunca más ninguna suposición, pero sí puedes hacer lo máximo posible.

Si haces lo máximo que puedas, hábitos como emplear mal tus palabras, tomarte las cosas personalmente y hacer
suposiciones se debilitarán y con el tiempo, serán menos frecuentes. No es necesario que te juzgues a ti mismo, que te sientas culpable o que te castigues por no ser capaz de mantener estos acuerdos. Cuando haces lo máximo que puedes, te sientes bien contigo mismo aunque todavía hagas suposiciones, aunque todavía te tomes las cosas personalmente y aunque todavía no seas impecable con tus palabras.




domingo, 22 de abril de 2018

Los Cuatro Acuerdos (14). El 4º Acuerdo: Haz siempre lo máximo que puedas.

Sólo hay un acuerdo más, pero es el que permite que los otros tres se conviertan en hábitos profundamente arraigados. El Cuarto Acuerdo se refiere a la realización de los tres primeros: Haz siempre lo máximo que puedas.

Bajo cualquier circunstancia, haz siempre lo máximo que puedas, ni más ni menos. Pero piensa que eso va a variar de un momento a otro. Todas las cosas están vivas y cambian continuamente, de modo que, en ocasiones, lo máximo que podrás hacer tendrá una gran calidad, y en otras no será tan bueno. Cuando te despiertas renovado y lleno de vigor por la mañana, tu rendimiento es mejor que por la noche cuando estás agotado. Lo máximo que puedas hacer será distinto cuando estés sano que cuando estés enfermo, o cuando estés sobrio que cuando hayas bebido. Tu rendimiento dependerá de que te sientas de maravilla y feliz o disgustado, enfadado o celoso.

En tus estados de ánimo diarios, lo máximo que podrás hacer cambiará de un momento a otro, de una hora a otra, de un día a otro. También cambiará con el tiempo. A medida que vayas adquiriendo el hábito de los cuatro nuevos acuerdos, tu rendimiento será mejor de lo que solía ser.

Independientemente del resultado, sigue haciendo siempre lo máximo que puedas, ni más ni menos. Si intentas esforzarte demasiado para hacer más de lo que puedes, gastarás más energía de la necesaria, y al final tu rendimiento no será suficiente. Cuando te excedes, agotas tu cuerpo y vas contra ti, y por consiguiente te resulta más difícil alcanzar tus objetivos. Por otro lado, si haces menos de lo que puedes hacer, te sometes a ti mismo a frustraciones, juicios, culpas y reproches.

Limítate a hacer lo máximo que puedas, en cualquier
circunstancia de tu vida. No importa si estás enfermo o cansado, si siempre haces lo máximo que puedas, no te juzgarás a ti mismo en modo alguno. Y si no te juzgas, no te harás reproches, ni te culparás ni te castigarás en absoluto. Si haces siempre lo máximo que puedas, romperás el fuerte hechizo al que estás sometido.

Había una vez un hombre que quería trascender su sufrimiento, de modo que se fue a un templo budista para encontrar a un maestro que le ayudase. Se acercó a él y le dijo: “Maestro, si medito cuatro horas al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la iluminación?”. EL maestro le miró y le respondió: “Si meditas cuatro horas al día, tal vez lo consigas dentro de diez años”.

El hombre, pensando que podía hacer más, le dijo: “Maestro, y si medito ocho horas al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la iluminación?”.

El maestro le miró y le respondió: “Si meditas ocho horas al día, tal vez lo lograrás dentro de veinte años”.

 “Pero ¿por qué tardaré más tiempo si medito más?”, preguntó el hombre. 

El maestro contestó: “No estás aquí para sacrificar tu alegría ni tu vida. Estás aquí para vivir, para ser feliz y para amar. Si puedes alcanzar tu máximo nivel en dos horas de meditación, pero utilizas ocho, sólo conseguirás agotarte, apartarte del verdadero sentido de la meditación y no disfrutar de tu vida. Haz lo máximo que puedas, y tal vez aprenderás que independientemente del tiempo que medites, puedes vivir, amar y ser feliz”.

Si haces lo máximo que puedas, vivirás con gran intensidad. Serás productivo, y serás bueno contigo mismo porque te entregarás a tu familia, a tu comunidad, a todo. Pero la acción es lo que te hará sentir inmensamente feliz. Siempre que haces lo máximo que puedes, actúas. Hacer lo máximo que puedas significa actuar porque amas hacerlo, no porque esperas una recompensa. La mayor parte de las personas hacen exactamente lo contrario: sólo emprenden la acción cuando esperan una recompensa, y no disfrutan de ella. Y ese es el motivo por el que no hacen lo máximo que pueden.

Por ejemplo, la mayoría de las personas van a trabajar y piensan únicamente en el día de pago y en el dinero que obtendrán por su trabajo. Están impacientes esperando a que llegue el viernes o el sábado, el día en el que reciben su salario y pueden tomarse unas horas libres. Trabajan por su recompensa, y el resultado es que se resisten al trabajo. Intentan evitar la acción; ésta entonces se vuelve cada vez más difícil, y esos hombres no hacen lo máximo que pueden.

Trabajan muy duramente durante toda la semana, soportan el trabajo, soportan la acción, no porque les guste, sino porque sienten que es lo que deben hacer. Tienen que trabajar porque han de pagar el alquiler y mantener a su familia. Son hombres frustrados, y cuando reciben su paga, no se sienten felices. Tienen dos días para descansar, para hacer lo que les apetezca, ¿y qué es lo que hacen? Intentan escaparse. Se emborrachan porque no se gustan a sí mismos. No les gusta su vida. Cuando no nos gusta cómo somos, nos herimos de muy diversas maneras.

Sin embargo, si emprendes la acción por el puro placer de hacerlo, sin esperar una recompensa, descubrirás que disfrutas de cada cosa que llevas a cabo. Las recompensas llegarán, pero tu no estarás apegado a ellas. Si no esperas una recompensa, es posible que incluso llegues a conseguir más de lo que hubieses imaginado. Si nos gusta lo que hacemos y si siempre hacemos lo máximo que podemos, entonces disfrutamos realmente de nuestra vida. Nos divertimos, no nos aburrimos y no nos sentimos frustrados.







domingo, 15 de abril de 2018

Discapacidad, karma y significado.


Discapacidad, karma y significado. 
(Jim Colbert –  EE. UU)

La pregunta del “por qué estoy yo discapacitado y otros no” es una pregunta que atormenta a muchas personas afectadas por alguna discapacidad. ¿Por qué yo? ¿Hay algún significado especial que deba entender? Y si es así, ¿cuál es? Por supuesto, estas preguntas van mucho más allá de la discapacidad. La sensación que se tiene de que: ‘Creo que debería hacer algo con esta vida’, pero ‘no estoy seguro de qué es’ - es algo de lo que mucha gente se lamenta.

La discapacidad conlleva cierto grado de sufrimiento. El 80% de los más de seis millones de personas discapacitadas que viven en países del Tercer Mundo pueden ser testimonios de ello. Los que no tienen dinero ni un sistema de apoyo muchas veces pasan hambre y viven en un ciclo interminable de privaciones. La difícil situación de los discapacitados implica en sí misma una pesada carga. La sociedad en general contempla la discapacidad con una mirada abatida. A pesar de sus importantes leyes federales, en los Estados Unidos la tasa de empleo para los discapacitados es del 41%. La mayoría están subvencionados por el gobierno. Con suficiente dinero y una familia de apoyo, muchas de las personas discapacitadas podrían salir adelante, adaptándose a la discapacidad y siendo independientes. Pero la gran mayoría de los discapacitados de la mayor parte del mundo viven sin dinero ni apoyo. Para los que cuentan con apoyo, éste suele proceder, por lo general, de los amigos o de la familia, que deben dedicar un gran esfuerzo para su cuidado. La discapacidad, pues, no implica sólo a millones de víctimas, sino también a millones de cuidadores.

Según James Carlton en su libro, ” Nada sobre nosotros, sin nosotros: Discapacidad, opresión y empoderamiento.”: “La gente con discapacidades sigue estando marginada en todo el mundo y vive en medio de la vergüenza y la miseria en poblaciones que carecen no sólo de recursos para ayudarles sino también de comprensión. Y como el número va aumentando, su situación empeora... La percepción normal es la de que no se puede hacer nada por los niños discapacitados. Es algo que tiene que ver con los prejuicios y con la idea anticuada de creer que es un castigo de Dios, de los espíritus malignos o la hechicería... Es una situación catastrófica en cuanto a los derechos humanos…Ellos [las personas discapacitadas] son un grupo sin poder alguno.”

Carlton más adelante escribe: “Millones de personas con discapacidad se mueren de hambre, y muchas más están hambrientas. El subdesarrollo ha llevado a la miseria a cientos de millones de personas con discapacidad. Las personas con discapacidad son el grupo más pobre y aislado en los lugares más pobres y aislados.”

La pregunta “Por qué soy como soy y no tengo ni dinero ni apoyos”, equivale a decir, “¿por qué me ha tocado llevar este karma tan pesado?" Preguntarse sobre su significado puede parecer un lujo, dada la escasez de recursos necesarios para la supervivencia. No obstante, convendría recordar aquí la cita de Nietzsche: “El que tiene un POR QUÉ para vivir puede soportar casi cualquier CÓMO”. Una de las razones que suelen darse respecto al “por qué” de la discapacidad es que se trata de “una lotería”. Simplemente ha ocurrido así. La idea de la casualidad o coincidencia sería algo que muchos aceptarían. Simplemente estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. En otras palabras, la discapacidad no tiene ningún significado. En cierto sentido es la actitud que adoptan muchos de los discapacitados. A veces un discapacitado oye lo siguiente: “Eres muy valiente. Es extraordinario lo que haces, con la discapacidad que tienes. Yo no sería nunca capaz de hacerlo”. Es algo que carece de sentido para muchos discapacitados, porque simplemente están haciendo lo que pueden, dada su discapacidad. No ven que haya nada especial en ello. Sólo tratan de adaptarse a lo que se les ha dado.

La teoría de la 'casualidad' está muy extendida en la ciencia moderna. Tomemos, por ejemplo, la declaración de Edward O. Wilson - un científico ganador del Premio Nobel, que escribió lo siguiente en su libro, El Sentido de la Existencia Humana: "La humanidad surgió como un accidente de la evolución, un producto de mutación arbitraria y selección natural. Nuestra especie fue sólo el punto final de numerosos giros y vueltas en un solo linaje de primates del Viejo Mundo (prosimios, monos, simios, humanos) de los cuales existen hoy en día varios cientos de otras especies nativas. En otras palabras, la existencia en sí no tiene ningún “significado” y mucho menos la discapacidad. Todo ‘simplemente sucedió así’."

Otra teoría sobre el “por qué” de la discapacidad es la de que existe algún fallo intrínseco en la persona discapacitada. Puede que hayan pecado, o incluso peor, puede que tengan demonios. Dios les ha dado una prueba especial. Deben soportar lo que les ha sido dado para demostrarle a Dios que son dignos. En Levítico 21:17-23 leemos este pasaje: “El Señor, hablando a Aaron, ‘Ninguno de tus descendientes ni de todas sus generaciones que tenga una imperfección puede acercarse a su Dios para ofrecerle alimento. Porque nadie que tenga un defecto se debe acercar, nadie que sea ciego o cojo, o que tenga la cara mutilada o una extremidad demasiado larga o que tenga el pie o la mano rota o un jorobado, o un enano, o un hombre con un defecto en los ojos o una enfermedad de picazón o costras’”.

En el Nuevo Testamento, Jesús sana a los discapacitados, pero lo hace expulsando a los demonios y/o perdonándoles por sus pecados. Esto supone que los discapacitados tienen pecados o demonios en contraposición a quienes no los tienen.

Kim E. Nielson, en su obra, Una Historia de los discapacitados de los Estados Unidos, hace una fuerte afirmación: “… la historia de la discapacidad ha sido con frecuencia una historia de estigmas y de orgullo negado en particular cuando la discriminación define la discapacidad y a las personas con discapacidades como defectuosas e inadecuadas, y cuando la discapacidad se utiliza para crear y justificar unas jerarquías. Las ideologías discriminatorias convierten el orgullo en algo difícil para las personas con discapacidad. Y como Clare ha escrito, 'El orgullo no es una cosa no esencial. Sin el orgullo, es mucho más probable que las personas con discapacidad acepten incondicionalmente la condición material diaria de la discriminación: desempleo, pobreza, educación segregada y deficiente, años encerrados en centros especiales, violencia perpetrada por cuidadores, falta de accesos. Sin el orgullo, la resistencia individual y colectiva a la opresión resulta casi imposible'. Pero el orgullo junto con la discapacidad no es algo fácil de conseguir. La discapacidad se ha impregnado de vergüenza, se ha vestido de silencio y se ha enraizado en el aislamiento.”

La esterilización forzada (más de 65 mil americanos en la década de 1960 (Kim E. Nielson) “y las leyes más restrictivas de la inmigración en la historia de los E.E.U.U. (restringiendo al discapacitado) forman parte de la historia de la discapacidad.”

En su discurso de 1923 sobre el Estado de la Unión, el presidente Calvin Coolidge proclamó, “América tiene que seguir siendo americana. Con este objetivo, es necesario seguir una política de inmigración restringida”. Dicho de manera más directa, esto significa que hay algo defectuoso en las personas con discapacidades y hay que esterilizarlas para que no se reproduzcan en la sociedad.

Si tratamos de tener en cuenta la teoría de la reencarnación, aunque juzguemos duramente la causa de las discapacidades físicas de las personas, podríamos decir que los discapacitados hicieron algo en una vida anterior. Sin embargo, si pensamos en la culpabilización de la víctima, ¿qué diferencia habría entre la evaluación de una persona discapacitada que está siendo castigada por los pecados de una vida anterior y la explicación bíblica según la cual arrostraban el mal del pecado original?

En lugar de considerar la discapacidad como un castigo por el pecado original o por los actos de una vida pasada, tal vez sería una perspectiva más elevada, que se tuviera realmente en consideración la teoría de la reencarnación, es decir, que la discapacidad es una oportunidad de equilibrar el karma.

En la revista Sunrise (febrero/marzo de 1982), Grace F. Knoche, autora teosófica, escribió un artículo titulado, “¿Es justa la vida?”. En él incluye un pasaje de una carta que recibió de uno de los lectores que decía: “En algún lugar de una de las publicaciones recogí una idea que no me gusta nada. Puedo estar mal interpretando, pero creo que el concepto era la posible consideración de ver una aflicción congénita como un castigo por alguna transgresión de una reencarnación previa. Esa propuesta me parece muy injusta. El ser humano no puede saber nada de su vida anterior; entonces ¿de qué sirve el castigo si el castigado ni siquiera sabe, por ningún método fiable, que había cometido un delito?”

Aquí está la respuesta aclaratoria y compasiva que le da la Sra. Knoche a su interlocutor: “… en primer lugar, no creo que nadie pueda decir categóricamente que un niño nacido con un defecto congénito esté pagando alguna fechoría de una vida o varias vidas anteriores. Bien podría ser el caso; pero igualmente puede que no lo sea en absoluto. ¿No es posible, por ejemplo, que una entidad que regresa - ya que somos sobre todo almas espirituales – pueda estar lo suficientemente avanzada como para elegir el karma de una grave malformación con el fin de conseguir una comprensión más profunda del sufrimiento humano?”

La respuesta de la Sra. Knoche es quizás una visión más filosófica del motivo de la existencia de personas discapacitadas: El Yo Superior de la persona, en algún nivel, elige ser discapacitado en esta vida. El desafío de llevar una vida con discapacidades se puede considerar como una forma de equilibrar alguna tendencia de vidas anteriores. 

La literatura teosófica nos habla de lo que se conoce como La Visión del Nacimiento, una revisión de lo que va a ocurrir en la vida que está a punto de iniciarse. H. P. Blavatsky, en su libro La clave de la Teosofía, escribe: “Así como el hombre, en el momento de su muerte, tiene una visión retrospectiva de la vida que ha llevado, del mismo modo, en el momento de volver a nacer en la tierra, el Ego, que despierta del estado del Devachán, tiene una visión anticipada de la vida que le espera y se hace consciente de todas las causas que le han conducido hasta aquí. Se da cuenta de ellas y ve el futuro, porque es entre el Devachán y el renacimiento cuando el Ego recupera la plena conciencia Manásica y por un corto tiempo vuelve a ser el Dios que fue antes de descender, entrar en la materia y encarnar por primera vez en hombre de carne y hueso, siempre de acuerdo con la Ley Kármica”.

Según la Historia de la Discapacidad, de Nielsen, previamente citada, la mayor parte de las tribus indígenas americanas enseñan lo siguiente: “… el espíritu elige el cuerpo que va a ocupar. Así cada persona es responsable de quién es y de qué es; no puede culpar a otros de las deficiencias de su cuerpo. Los espíritus eligen su cuerpo físico a fin de llevar a cabo su propósito. Si un individuo no cumple con su propósito, no es culpa del cuerpo –independientemente de lo que ese cuerpo pueda o no pueda hacer. Cuando lo que importa es un espíritu equilibrado, los distintos cuerpos importan menos”.

Annemarie Postma, en su libro, The Secret Within: No Nonsense Spirituality for the Curious Soul (El Secreto interior: Espiritualidad práctica para el Alma Curiosa), postula que nuestra alma toma la decisión de adoptar una discapacidad: “… esto me ha dejado claro que una forma externa 'dañada' no es ningún castigo, sino más bien un privilegio que te permite vivir a un nivel muy consciente y contribuir sin complejos a la vida de los demás. Es muy similar al hecho de llevar un traje hecho a la medida, pensado para encajar perfectamente y posibilitar el llevar a cabo la tarea que tu alma eligió.”

C. Jinarajadasa, en un artículo sobre la ceguera  (Theosophist magazine, 1941) escribió: “Cuando... la Conciencia está limitada por los Señores del Karma, podemos estar seguros de que nunca representa un castigo, sino que siempre es una experiencia de la cual el Alma debe obtener lo que necesita para su desenvolvimiento.”

Más adelante escribe: “El motivo por el que, en el proceso de expansión de nuestra Conciencia, algunos deben aprender a través de la ceguera y otros no, es algo que no entiendo. Sin embargo sabemos, por los primeros principios, que no sólo tiene un significado, sino también un significado inspirador. Algún día comprenderemos cada detalle de estos procesos kármicos. Hasta ese día, añadamos a nuestra actitud de simpatía por quienes sufren la ceguera una actitud de reverencia hacia quienes están aprendiendo una gran lección espiritual que no nos corresponde a nosotros saber.” La manifestación del Sr. Jinarajadasa sobre “la reverencia” hacia los discapacitados merece nuestra profunda consideración. Observad que él no identifica el karma como retributivo y/o castigador.

Hay un artículo en la revista Vidya, del Verano de 2016, que nos proporciona una explicación del sufrimiento que, según este escritor, es muy profunda. Hace referencia a una conversación que tuvieron el Dalai Lama y Huston Smith (el fallecido estudioso de las religiones) acerca de un pasaje bíblico de Isaias que muestra cómo el pueblo judío es elegido como la tribu errante que se hace cargo del sufrimiento de la humanidad. También se nos sugiere que el pueblo tibetano está cumpliendo ahora un destino similar ya que ha perdido su patria. ¿Podría ser que las personas discapacitadas hayan asumido algo parecido? Tal vez fue una opción, previa a su nacimiento, de asumir parte del sufrimiento.

Tal vez todos los que sufren - sufren por todos. ¿Puede ser que cuando experimentamos el sufrimiento tengamos la oportunidad de tener una visión más amplia? Quizás es por eso que en La Voz del Silencio leemos: “¡Ay de aquellos que no sufren!”. ¿Por qué el sufrimiento forma parte integral del crecimiento espiritual? ¿Acaso es el Dharma de la personalidad promover la satisfacción, el placer, y la seguridad? ¿Acaso es el Dharma del Alma promover el cambio, el crecimiento y el desenvolvimiento–y por lo tanto el sufrimiento? Cada etapa de crecimiento hacia otros niveles más elevados de Conciencia implica el dolor de dejar ir una etapa anterior. El significado de la discapacidad podría ser, al menos para muchos, una oportunidad de crecer.

No estamos diciendo que el sufrimiento que Victor Frankl describió en El hombre en busca de un significado (campos de concentración, tortura y hambre) sea el mismo que el que padecen los discapacitados, pero en algunos casos es parecido. Este autor escribe sobre la pesada carga que llevan los que sufren: “Estas tareas, y por lo tanto el significado de la vida, difieren de hombre a hombre y de momento a momento. Por esto es imposible definir el significado de la vida de un modo general”. Frankl continúa: “Ya hace mucho tiempo que dejamos atrás la etapa en la que preguntábamos por el sentido de la vida, una pregunta ingenua que entendía la vida como el logro de algún objetivo mediante la creación activa de algo de valor. Para nosotros, el significado de la vida abarcaba los ciclos más amplios de la vida y la muerte, del sufrimiento y del morir”.

Frankl más adelante explica: “Una vez que el sentido del sufrimiento se nos ha revelado, nos negamos a minimizar o empequeñecer las torturas de los campos, ignorándolas o abrigando falsas ilusiones y adoptando un optimismo artificial. El sufrimiento se había convertido en algo a lo que no queríamos dar la espalda. Nos habíamos dado cuenta de sus ocultas oportunidades de logros, de las oportunidades que impulsaron al poeta Rilke a decir “¡Wievielistaufzuleiden!” (¡Por cuánto sufrimiento debemos pasar!). Rilke hablaba de 'tener que sufrir igual que otros hablaban de tener que trabajar' “.

Victor Frankl: “Hay sólo una cosa que temo: no ser digno de mis sufrimientos” - llega a la esencia de la búsqueda del significado que se halla dentro de todos nosotros. Persiste la pregunta de por qué estamos involucrados con las personas con las que estamos: con nuestra familia, nuestros amigos, nuestra profesión, nuestros negocios, etc. Y llegamos a la pregunta sobre la Conciencia y sobre el por qué estamos aquí y cómo sucedió. ¿Por qué elegimos el camino que hemos elegido? ¿Acaso las pruebas y los sufrimientos de nuestra vida están relacionados con nuestro destino cósmico?

Es algo especialmente importante para los discapacitados, porque siempre hay un momento en que se hacen esta pregunta.

Fin

Recopilación de Pocarropa.