miércoles, 17 de enero de 2018

Conocimiento de sí mismo (15) Cap. VI. Funciones del Cuerpo Emocional.

Como se dijo en el capítulo segundo, el cuerpo emocional ocupa el lugar que sigue al físico al ir de la periferia al centro de nuestro ser. Está compuesto de materia del plano emocional, de todos sus siete subplanos. Quien desarrolla la visión de este cuerpo por la vivificación de los chakras en el doble etérico, puede entrar en contacto con el plano emocional y observar sus fenómenos con ayuda de los sentidos pertenecientes al cuerpo emocional, tal como lo hacemos en el mundo físico con nuestros sentidos físicos.

Como estamos considerando este tema desde el punto de vista especial de la Renovación Propia, no es preciso describir la apariencia y constitución del cuerpo emocional, lo cual puede hallarse en cualquier texto elemental de Teosofía. El conocimiento detallado y exacto de la constitución y funciones del cuerpo emocional, solamente se necesita cuando desarrollamos los poderes extrasensorios y queremos usar este cuerpo como un vehículo de conciencia independiente en el plano emocional. Aquí sólo tenemos que tratar sobre hechos y datos que nos permitan entender la índole de nuestros deseos y emociones a fin de ayudarnos a purificar y controlar el cuerpo emocional. El control de los deseos es una de las tareas más necesarias y más difíciles que el candidato a la iluminación tiene que emprender desde el principio mismo, y es una tarea que solamente se completa ya casi al llegar al umbral del Nirvana. Las pruebas y sufrimientos más severos nos vienen al luchar con nuestra naturaleza emocional, y el que logra dominar sus deseos ha avanzado mucho en la senda hacia esa liberación.

Para entender el papel del deseo en nuestra vida, examinemos primero algunas funciones elementales del cuerpo emocional a más simple y generalmente no reconocida, es la de convertir en sensaciones las vibraciones que se reciben en el plano físico a través de los sentidos. Conforme a la ciencia moderna, las vibraciones captadas por los órganos sensorios se transmiten por los nervios a los centros cerebrales correspondientes, donde ocurre ese cambio extraño que las hace aparecer como sensaciones en la conciencia. Las doctrinas Teosóficas a este respecto son algo diferentes, porque se basan en una visión más amplia que permite rastrear estas vibraciones hasta mucho más allá del cerebro físico. El Teósofo coincide con el fisiólogo en lo referente a la transmisión de las vibraciones desde los órganos de los sentidos hasta los correspondientes centros cerebrales; pero afirma, con base en investigaciones que ha realizado, que esas vibraciones se reflejan primero del cerebro físico al cerebro etérico, y desde éste a los correspondientes centros del cuerpo emocional, donde aparecen como sensaciones.

Todos los órganos sensorios están situados en el cuerpo emocional. La conversión de las vibraciones físicas en sensaciones es, por tanto, una de las funciones primariasimportantes de este cuerpo. Los centros del cuerpo emocional que tienen que hacer esa transformación, no deben confundirse con los órganos sensorios del cuerpo emocional, por medio de los cuales se reciben impresiones del plano emocional cuando se ejercen los poderes extrasensorios. Estos centros del cuerpo emocional, que están conectados con los órganos sensorios físicos y convierten las vibraciones físicas en sensaciones, forman un juego separado e independiente, y empiezan a existir mucho más temprano en el curso de la evolución, junto con el sistema simpático nervioso.

Llegamos ahora a otra etapa en esta serie de cambios en el tránsito de las vibraciones físicas a la conciencia interna. Algunas de estas sensaciones permanecen como tales y se reflejan hacia adentro en el cuerpo mental, donde aparecen como percepciones corrientes de la mente. Pero otras sensaciones conllevan esa cualidad peculiar que denotamos con las palabras ‘agradable’ y ‘desagradable’, y entonces la mente las percibe como sensaciones agradables o desagradables. Esta clase de sensaciones se denominan ‘sentimientos’. Pero aún en esta etapa en que aparecen el dolor y el placer, la sensación sigue siendo sensación aunque se la llame por otro nombre. Tenemos, pues, que la segunda función del cuerpo emocional es la de agregar esta calidad de agradable o desagradable a algunas de las sensaciones, y convertirlas así en sentimientos placenteros o penosos.

Ahora bien, en esta etapa puede ocurrir un cambio primario y fundamental en la conciencia. Junto con ese sentimiento de placer o dolor puede surgir un deseo de volver a experimentar ese placer, o de evitar ese dolor. Esto es deseo, en su forma más simple y elemental. Nótese que en este cambio que envuelve atracción o repulsión, están involucrados tanto el cuerpo emocional como el mental. El elemento mental, aun en esta forma primaria de deseo, se debe a que hay memoria o anticipación, sin las cuales no podría nacer el deseo.

A medida que entran más factores mentales en esta entremezcla de sentimientos y pensamientos durante el curso de nuestra evolución, los deseos se vuelven más y más complejos e influyen cada vez más en nuestra vida. Sería un estudio psicológico muy interesante el de seguir el rastro del desarrollo de toda clase de deseos y analizarlos hasta en sus componentes más simples; pero como esto no importa para el tema entre manos, no vemos necesario entrar aquí en esto. La razón para que hayamos tocado esta cuestión tan sutil y hayamos tratado de rastrear la génesis del deseo, es la de entender mejor la naturaleza del deseo y poder saber en dónde tenemos que aplicar los frenos en esta serie de cambios en nuestro conciencia, cuando queremos controlar los deseos. Veamos unos pocos ejemplos concretos para explicar esto.

Supongamos que me siento a comer. Cierto bocado entra en contacto con mi paladar, afecta los puntos del gusto, inicia vibraciones físicas, y éstas aparecen como una sensación particular en el cuerpo emocional. Si el plato es sabroso la sensación será naturalmente agradable. Cuando termino el plato, la sensación se desvanece pero queda el recuerdo de la sensación, y este recuerdo puede, a la vista del mismo plato o por asociación de ideas, despertar más adelante el deseo de volver a experimentar esa sensación. Y entonces yo desearé volver a saborear ese plato particular.

Tomemos otro ejemplo. Salgo a dar una caminata, y al pasar ante un jardín noto un aroma particular que me agrada. Busco la flor que produce ese aroma, y entonces deseo tener esa planta en mi jardín para poder repetir esa sensación olfatoria.

Estos ejemplos pueden multiplicarse; pero estos dos sirven para ilustrar el punto de que tratamos, y nos permiten entender el principio que subyace en el control de los deseos. Se habrá visto que en tales casos se llega a un punto en que la sensación agradable o desagradable emerge en la conciencia, y que a ese punto llega inevitablemente toda persona que pase por esas experiencias, puesto que no podemos andar por ahí con las avenidas de nuestros sentidos cerradas.

El cambio en la conciencia contra el cual debemos estar en guardia y evitarlo si posible, si queremos no tener deseos, es el de sentir atracción o repulsión; pues ahí nace el deseo de repetir la sensación si es agradable, o de evitarla si es desagradable. Cuando andamos por el mundo y encontramos experiencias de toda clase, las vibraciones que nos tocan por todos lados han de producir sus correspondientes sensaciones, alguna de las cuales las sentiremos como agradables o como desagradables. Dije que algunas, porque esta cualidad de placer o dolor no caracteriza a todas las sensaciones. La mayoría de nuestras sensaciones visuales o auditoras no son ni agradables ni desagradables, sino simplemente lo que pudiéramos llamar percepciones mentales neutras.

Un hombre que no entiende la naturaleza del deseo, o que no está resuelto a controlarla, queda constantemente atrapado por esas atracciones y repulsiones, que son ligaduras que lo atan a los mundos inferiores. En cambio un hombre prudente que ha superado el deseo se mueve por el mundo en medio de esos mismos atractivos y pasando por las mismas experiencias, pero se mantiene libre porque no permite que su mente establezca conexión alguna con los objetos de deseo. Es necesario darnos cuenta de que no se causa daño alguno al sentir placer por ciertas experiencias; ese placer es un resultado natural de los contactos del cuerpo con los objetos placenteros. El problema surge cuando nos dejamos atar a un objeto con las ligaduras de atracción o de repulsión.

De lo dicho se sigue que quien es suficientemente fuerte para no dejarse afectar por el placer o el dolor mientras vive en medio de objetos agradables o desagradables, es un verdadero Vairagi (desapasionado), y no lo es quien le tema a verse envuelto en las redes del deseo y por eso se mantiene enclaustrado. Este último tendrá que salir algún día al campo abierto para aprender a superar las tentaciones en medio de ellas. Pero si bien este es el camino apropiado para quienes han desarrollado fuerza suficiente y han aprendido a controlar el deseo, un principiante que quiera luchar contra cualquier deseo en particular encontrará eso menos difícil si se aparta del ambiente que esté lleno de la tentación, hasta que haya desarrollado fuerza suficiente para resistir la tentación. Al bebedor que se mantiene en compañía de personas adictas a la bebida le será mucho más difícil superar su mal hábito, y por el principio hará bien en mantenerse en un ambiente puro y más sobrio. Pero no habrá superado verdaderamente su deseo mientras no pueda conservarse inafectado en compañía de bebedores y en medio de todas las atracciones de un bar moderno.


El enlace al libro, por si prefieres leerlo a tu ritmo:

El enlace al canal de youtube, por si prefieres escuchar: 









lunes, 15 de enero de 2018

Conocimiento de sí mismo (14) Cap. V - Control, Purificación y Sensibilización del cuerpo físico.

Supongamos que hemos adquirido ya el control necesario sobre el cuerpo físico y podemos hacer con él lo que queramos: ¿qué sigue? Tenemos que purificarlo. ¿Qué significa pureza? Pureza, en conexión con el cuerpo físico, como también con el emocional y mental, significa que en nuestros vehículos prevalecen aquellos constituyentes o combinaciones de materia que pueden responder fácilmente a vibraciones superiores y que no responden a las inferiores. En todos los planos, las combinaciones de materia guardan relación definida y específica con ciertos poderes vibratorios, de modo que cierto grado particular de materia sólo puede responder dentro de ciertos límites vibratorios, sin salirse de ellos. Este fenómeno es bien conocido en Ciencia, y sólo tenemos que aplicar este principio de una manera más general a la materia de que están formados nuestros diversos vehículos.

De esta correspondencia entre materia y vibración se sigue que la capacidad vibratoria de nuestros cuerpos en conjunto (y por ahora nos limitaremos a considerar el cuerpo físico) está determinada y limitada por la calidad y la proporción de los diversos grados de materia que los forman. Un cuerpo en el que prevalecen las combinaciones más finas, podrá responder fácilmente a las vibraciones superiores, y será más o menos impenetrable a las inferiores. Pero un cuerpo en el que predominen las combinaciones más toscas, responderá fácil instantáneamente a pensamientos y emociones bajos, y no será capaz de captar los que pertenecen a los grados más finos.

De modo que purificación significa en realidad aumentar en el cuerpo la proporción de las clases más finas de materia, y eliminar o disminuir por lo menos las clases más toscas.vale la pena recordar que es por medio del sistema nervioso que el alma opera cuando usa el cuerpo físico. En un sentido, todo el cuerpo es su instrumento; pero el sistema nervioso es el instrumento especial por cuyo medio se expresan las emociones y pensamientos y otras energías superiores del alma, en el plano físico, y surgen en la conciencia. El cuerpo total, con su mecanismo complicado, sostiene y conserva en orden el sistema nervioso. Nada entorpece más la acción del alma sobre el cuerpo, que cualquier desorden en el sistema nervioso. Un coágulo en el cerebro puede paralizar por completo el cuerpo y detener todo el trabajo que el alma quiere hacer por medio del cuerpo. El sistema nervioso, cuyas vibraciones producen todos los fenómenos de la conciencia, depende de la totalidad del cuerpo para nutrirse, y tal como sea la calidad del cuerpo físico será la del sistema nervioso y por ende su capacidad de responder a vibraciones de diferentes clases.

El cuerpo físico se construye con el alimento y bebidas que ingerimos, y naturalmente la calidad de sus constituyentes dependerá en grandísima medida de la calidad de esos
alimentos y bebidas. El conocimiento de la naturaleza de diferentes clases de alimentos, y la experiencia práctica, han capacitado a los Oculistas para clasificar los alimentos bajo diferentes categorías según afectan la capacidad vibratoria del cuerpo. La clasificación más conocida los divide en tres grupos: Tamásicos, Rajásicos y Sáttvicos. Los alimentos Tamásicos provocan inercia; los Rajásicos, actividad, y los Sáttvicos armonía y ritmo. El aspirante al conocimiento espiritual debe hacer su selección entre los del grupo Sáttvico, hasta donde sea posible.

Es necesario decir aquí, a manera de prevención, que se puede abusar en forma dañina de este principio de selección, y aplicarlo en la forma más torpe y rutinaria. Algunos hacen de este principio un fetiche, y es patético ver personas que confinan casi únicamente a la esfera de la cocina sus esfuerzos por llevar una vida espiritual. La pureza corporal es solamente un medio para lograr un fin, y por sí sola no puede conducir a la espiritualidad, como tampoco un buen violín puede por sí solo producir buena música. A menos que se combine la pureza con otras condiciones de vida espiritual, casi no tiene objeto.

Después de la purificación, el requisito más importante es la salud. Salud verdadera significa funcionamiento armonioso de todos los órganos vitales del cuerpo físico. Esto produce no sólo una sensación de bienestar sino capacidad para ocuparse sin cansancio en prolongada actividad física y mental. El que goza de buena salud casi no se da cuenta de su cuerpo físico, mientras que el que sufre de mala salud crónica está siempre pendiente de alguna parte de su cuerpo. Como la enfermedad es causa de constante distracción de la mente, se la considera como un obstáculo en el camino de la Yoga. Los que estén preparándose para este camino deben proponerse superarla, sistemáticamente. En muchos casos la enfermedad resulta de desarmonía interna y falta de dominio propio, y desaparece cuando se eliminan estas causas. Pero también a veces están involucradas causas kármicas y la persona sigue sufriendo de mala salud a pesar de la más rigurosa disciplina y abstenciones. En tales casos, que son pocos, el aspirante debe proseguir jovialmente por esta etapa de su existencia, mantener resueltamente la actitud correcta y la regulación estricta de su vida física. La fase de mala salud pasará tarde o temprano, y para entonces habrá colocado el cimiento sólido para una vida saludable en el futuro.

Llegamos ahora a otro factor referente al problema de hacer del cuerpo físico un instrumento adecuado del alma, capaz de traer a la conciencia física la vida superior que el alma vive en sus propios planos. Hemos visto que la pureza del cuerpo físico es necesaria, pero que ella sola no basta. Se necesita algo más para capacitar al cuerpo y especialmente al sistema nervioso para que responda a las energías superiores. Ese algo más se expresa mejor con la palabra ‘sensibilidad’. La pureza tiene que ver con la calidad del material; la sensibilidad, con su capacidad vibratoria. Podemos explicar la diferencia por medio de una analogía tomada de la música. La nota musical que podemos sacar de una cuerda depende, en primer lugar, de la calidad del material, y, en segundo lugar, de la tensión de la cuerda. Seleccionando diferentes clases de materiales, hierro, cobre, platino, podemos obtener diferentes clases de sonidos, diferentes timbres como se dice técnicamente. Pero las notas que pueden obtenerse de las cuerdas dependerán también de la tensión a que estén sujetas, y cuanto más alta sea la tensión más fina serán las notas. Del mismo modo, la sola pureza y buena calidad del material del sistema nervioso, no nos capacitará para entrar en contacto con la vida superior, hay que sensibilizar el sistema nervioso para que pueda responder a las vibraciones mas sutiles de esa vida.

Si la mera pureza fuera suficiente, cualquier niño nacido de padres con cuerpos puros y sensibles, y alimentado con comidas puras desde que nace, podría entrar fácilmente en contacto con la vida superior; pero lo cierto es que no puede; su sistema nervioso no ha sido sometido a aquel proceso especial que lo sensibiliza y lo hace responsivo a las vibraciones más sutiles.

Esta sensibilización del sistema nervioso se consigue por medio de la meditación, aquella intensa concentración de la mente, combinada con una ardiente aspiración del alma, que polariza todas las energías que operan en los vehículos inferiores en dirección al Yo Superior, y así permite el influjo de las fuerzas sutiles en el cerebro físico. Las prácticas preliminares de concentración y meditación llevan gradualmente a aquella disciplina más intensa y control de la mente que se conoce como Yoga y que culmina finalmente en la fusión de la conciencia inferior con la superior.

No se han dado detalles sobre los cambios reales que ocurren en la constitución del cuerpo físico como fruto de la meditación prolongada, ni es necesario saber esto para el propósito de sensibilizar el cuerpo físico a las vibraciones superiores. Pero sí se sabe esto: que una parte del proceso consiste en que entran en actividad aquellos órganos y centros a que se hizo referencia en el capítulo anterior; y que otra parte consiste en producir cierto cambio de calidad en las fuerzas que fluyen, en los átomos que forman el sistema nervioso. No es necesario entrar en detalle sobre estas cosas; primero, porque el problema es muy complejo, y, segundo, porque no hace falta conocer el modus operandi con el objeto de sensibilizar el vehículo.

Vemos, pues, que hacer del cuerpo físico un instrumento sensitivo por cuyo medio el alma pueda trabajar sin impedimentos en el plano físico, no es cosa fácil. Envuelve cambios profundamente asentados en la constitución de la materia que compone el cuerpo. Es por eso que se requiere un entrenamiento muy prolongado y riguroso para formar un ocultista verdadero, y por qué solamente los que tienen paciencia y perseverancia excepcionales pueden cumplir con buen éxito esta difícil tarea. Es cierto que en algunas personas parece fácil producir estos cambios; pero eso se debe únicamente a que han trabajado en esta dirección en vidas anteriores, y así lo que parece ahora como un desarrollo fácil no es sino realmente la recapitulación de un progreso que ya se logró en el pasado. Cada uno obtiene lo que merece y ha conquistado. La Naturaleza no tiene favoritos.


El enlace al libro, por si prefieres leerlo a tu ritmo:

El enlace al canal de Youtube, por si prefieres escuchar:
https://www.youtube.com/watch?v=GKDuuHQaci4&feature=youtu.be 









domingo, 14 de enero de 2018

Los Cuatro Acuerdos. Un libro de sabiduría tolteca. (2)

Es fácil vivir con los ojos cerrados,
interpretando mal todo lo que se ve...
JOHN LENNON


1.- LA DOMESTICACIÓN Y EL SUEÑO DEL PLANETA.

Lo que ves y escuchas ahora mismo no es más que un sueño. En este mismo momento estás soñando. Sueñas con el cerebro despierto.

Soñar es la función principal de la mente, y la mente sueña veinticuatro horas al día. Sueña cuando el cerebro está despierto y también cuando está dormido. La diferencia estriba en que, cuando el cerebro está despierto, hay un marco material que nos hace percibir las cosas de una forma lineal. Cuando dormimos no tenemos ese marco, y el sueño tiende a cambiar constantemente.

Los seres humanos soñamos todo el tiempo. Antes de que naciésemos, aquellos que nos precedieron crearon un enorme sueño externo que llamaremos el sueño de la sociedad o el sueño del planeta. El sueño del planeta es el sueño colectivo hecho de miles de millones de sueños más pequeños, de sueños personales que, unidos, crean un sueño de una familia, un sueño de una comunidad, un sueño de una ciudad, un sueño de un país, y finalmente, un sueño de toda la humanidad. El sueño del planeta incluye todas las reglas de la sociedad, sus creencias, sus leyes, sus religiones, sus diferentes culturas y maneras de ser, sus gobiernos, sus escuelas, sus acontecimientos sociales y sus celebraciones.

Nacemos con la capacidad de aprender a soñar, y los seres humanos que nos preceden nos enseñan a soñar de la forma en que lo hace la sociedad. El sueño externo tiene tantas reglas que, cuando nace un niño, captamos su atención para introducir estas reglas en su mente. El sueño externo utiliza a mamá y papá, la escuela y la religión para enseñarnos a soñar.

La atención es la capacidad que tenemos de discernir y centrarnos en aquello que queremos percibir. Percibimos millones de cosas simultáneamente, pero utilizamos nuestra atención para retener en el primer plano de nuestra mente lo que nos interesa. Los adultos que nos rodeaban captaron nuestra atención y, por medio de la repetición, introdujeron información en nuestra mente. Así es como aprendimos todo lo que sabemos.

Utilizando nuestra atención aprendimos una realidad completa, un sueño completo. Aprendimos cómo comportarnos en sociedad: qué creer y qué no creer; qué es aceptable y qué no lo es; qué es bueno y qué es malo; qué es bello y qué es feo; qué es correcto y qué es incorrecto. Ya estaba todo allí. Todo el conocimiento, todos los conceptos y todas las reglas sobre la manera de comportarse en el mundo.

Cuando íbamos al colegio, nos sentábamos en una silla pequeña y prestábamos atención a lo que el maestro nos enseñaba. Cuando íbamos a la iglesia, prestábamos atención a lo que el sacerdote o el pastor nos decía. La misma dinámica funcionaba con mamá y papá, y con nuestros hermanos y hermanas. Todos intentaban captar nuestra atención. También aprendimos a captar la atención de otros seres humanos y desarrollamos una necesidad de atención que siempre acaba siendo muy competitiva. Los niños compiten por la atención de sus padres, sus profesores, sus amigos: “Mírame! ¡Mira lo que hago! ¡Eh, que estoy aquí!”. La necesidad de atención se vuelve muy fuerte y continúa en la edad adulta.

El sueño externo capta nuestra atención y nos enseña qué creer, empezando por la lengua que hablamos. El lenguaje es el código que utilizamos los seres humanos para comprendernos y comunicarnos. Cada letra, cada palabra de cada lengua, es un acuerdo. Llamamos a esto una página de un libro; la palabra página es un acuerdo que comprendemos. Una vez entendemos el código, nuestra atención queda atrapada y la energía se transfiere de una persona a otra.

Tú no escogiste tu lengua, ni tu religión ni tus valores morales: ya estaban ahí antes de que nacieras. Nunca tuvimos la oportunidad de elegir qué creer y qué no creer. Nunca escogimos ni el más insignificante de estos acuerdos. Ni siquiera elegimos nuestro propio nombre.

De niños no tuvimos la oportunidad de escoger nuestras creencias, pero estuvimos de acuerdo con la información que otros seres humanos nos transmitieron del sueño del planeta. La única forma de almacenar información es por acuerdo. El sueño externo capta nuestra atención, pero si no estamos de acuerdo, no almacenaremos esa información. Tan pronto como estamos de acuerdo con algo, nos lo creemos, y a eso lo llamamos “fe”. Tener fe es creer incondicionalmente.

Así es como aprendimos cuando éramos niños. Los niños creen todo lo que dicen los adultos. Estábamos de acuerdo con ellos, y nuestra fe era tan fuerte, que el sistema de creencias que se nos había transmitido controlaba totalmente el sueño de nuestra vida. No escogimos estas creencias, y aunque quizá nos rebelamos contra ellas, no éramos lo bastante fuertes para que nuestra rebelión triunfase. El resultado es que nos rendimos a las creencias mediante nuestro acuerdo.

(((Te dejo el enlace del libro, por si lo quieres leer a tu ritmo.
Es bueno que lo reflexiones: NO es un libro de historias para leer rápidamente, sino para integrarlo a nuestras vidas. 









viernes, 12 de enero de 2018

Conocimiento de Sí Mismo (13).- Cap IV - V: Control Purificación y Sensibilización del cuerpo físico.

Mientras tratamos sobre la constitución del cuerpo físico, es conveniente también tener alguna idea respecto a las funciones de ciertos órganos y centros que se mencionan con frecuencia en la literatura Oculta pertinente. Estos órganos desempeñan un papel cada vez mayor en las últimas etapas de la evolución humana, cuando la comunicación entre la conciencia inferior y la superior se intensifica y el cuerpo físico se convierte en un eficaz instrumento del Yo Superior.

Consideremos primero dos órganos muy nombrados: la glándula pineal y el cuerpo pituitario, que están situados dentro del cerebro y de cuya función real prácticamente nada saben los fisiólogos. Los biólogos suponen que estos dos órganos son rudimentarios; que desempeñaron un papel en las etapas previas de la evolución, y que en la etapa actual juegan un papel menor: el de suministrar ciertas secreciones para el crecimiento y mantenimiento del cuerpo físico. La verdadera función de estos órganos, que serán de muchísima importancia en las etapas futuras de la evolución humana, la conocen solamente los Ocultistas.

El cuerpo pituitario es el órgano que sirve como válvula para la transmisión de vibraciones pertenecientes a los planos Intuicional y Mental superior, al cerebro físico. Su vivificación hace parte del adiestramiento a que se somete todo estudiante avanzado de Ocultismo práctico. Y la glándula pineal es el órgano de transmisión del pensamiento. Su vivificación capacita al hombre para enviar cualquier pensamiento de su cerebro al de otro.

También podemos tratar aquí muy brevemente de la función de ciertos chakras tan mencionados en la literatura sobre Yoga. Si se examina el doble etérico con visión extrasensorial, se ven en él en diferentes puntos, ciertos vórtices de materia que gira con gran rapidez. Estos vórtices tienen una apariencia brillante; parecen divididos en un número variado de segmentos coloreados semejantes a pétalos. En la terminología Yóguica se les llama chakras y se les considera como puntos de contacto entre los vehículos físicos y emocional. Por medio de estos puntos penetran al cuerpo físico varias clases de energías del cuerpo emocional; y el movimiento giratorio peculiar que se observa en ellos se debe a esta rápida entrada de energías procedentes de una dimensión superior. Estos chakras tienen varias funciones; una de las más importantes es la de servir como puente de la conciencia: su vivificación nos permite establecer comunicación directa entre los planos físico y emocional. Cuando estos chakras se vivifican y se activan, se desarrolla la clarividencia emocional que permite traer al cerebro el recuerdo claro y correcto de todas las experiencias vividas en el plano emocional. Con lo cual, y para todos los propósitos prácticos, los dos planos se vuelven como uno solo, como parte de la conciencia despierta.

La vivificación de estos chakras se produce con la ayuda de Kundalini, esa energía misteriosa que tiene su sede en la base de la columna vertebral y que desempeña un papel tan importante en algunas prácticas de Yoga. Al someterse a ciertas prácticas Yóguicas que nunca deben intentarse sino bajo la guía directa de un instructor competente, se despierta esta energía y se la hace pasar hacia arriba a lo largo de un pasaje interno de la columna vertebral llamado Sushumna. El paso de esta energía de Kundalini a través de los chakras los vivifica, y capacita al practicante para entrar en contacto más y más íntimo con el plano emocional. Pero toda esta clase de prácticas pertenecen a las últimas etapas del sendero del discipulado que conduce a la Iluminación, y ningún novicio puede jugar con estas cosas sin gran peligro para su cuerpo físico. (Quiero incidir en la importancia de trabajar, por llamarlo de alguna manera, la Kundalini con persona con alto conocimiento de ello. Me asombra la superficialidad con la que se trata este tema en el mundo espiritualoide).

CAPITULO V
CONTROL PURIFICACIÓN Y SENSIBILIZACIÓN DEL CUERPO FÍSICO.

Al tratar de las funciones y constitución del cuerpo físico en el capítulo anterior, se indicó que su principal función es la de servir de instrumento al alma en el plano físico. De esto se deriva que si queremos recorrer el camino que conduce hacia la perfección, debernos entrenar y desarrollar este cuerpo de tal manera que pueda cumplir esa función tan perfectamente como sea posible. Es cierto que el plano físico tiene ciertas limitaciones insuperables. Pero aun con estas limitaciones es posible llevar el cuerpo a un grado de eficiencia y perfección muy superior al que ahora posee, como instrumento del alma. Se nos dice que en un futuro lejanísimo, cuando la materia del plano físico estará mucho más altamente evolucionada que ahora, los cuerpos físicos serán mucho más idóneos para responder a vibraciones provenientes de los planos superiores, y que los Hombres Perfectos de ese entonces serán capaces de traer a su conciencia física mucho más de su divinidad que lo que podemos traer ahora. Pero el hecho de que esa posibilidad esté tan lejana no debe desalentarnos. Dentro de las limitaciones actuales hay sin embargo inmensas posibilidades de progreso y adelanto abiertas para nosotros. Y todo cuanto puede exigírsenos es que hagamos ahora el mejor uso del material de que disponemos.

Se ha dicho ya al principio de este libro que no estamos tratando de la Renovación Propia en general, sino que buscamos esa Renovación con un objeto particular bien definido que es el de la Realización-Directa. Todo, pues, lo veremos desde este punto de mira particular, hasta donde sea posible. Ello podrá en cierta medida restringir los alcances del tema pero probablemente hará más provechoso el tratarlo.

El primer problema que tenemos que acometer es el de someter a control el cuerpo físicopues sin cierta medida de control no será posible purificarlo ni sensibilizarlo suficientemente a las vibraciones exquisitamente delicadas que provienen del interior. Debemos recordar que el cuerpo físico es un instrumento viviente y no un instrumento inanimado como un motor o un violín que no obedecen sino a las leyes de la física y la química. Posee algo que puede llamarse semi-conciencia; tiene ciertos hábitos o idiosincrasias, y algo que se asemeja a una voluntad; de suerte que puede resistirse a nuestros esfuerzos por cambiar sus métodos, y así lo hace. Todos hemos experimentado esa resistencia del cuerpo físico cuando tratamos de cambiar nuestros hábitos físicos y nuestro modo de vivir. Es cierto que la mayor parte de la dificultad que encontramos cuando nos esforzamos por cambiar nuestro comportamiento no se debe al cuerpo físico sino a los cuerpos emocional y mental; y que en la mayoría de los casos el cuerpo físico no es sino el instrumento por medio del cual nuestros cuerpos emocional y mental tratan de obtener lo que desean. Sin embargo, dejando a un lado los factores originados en nuestra índole emocional y mental, queda algo que se origina en la parte física de nuestra constitución. Este algo debemos tenerlo en cuenta en nuestro esfuerzo por dominar nuestra naturaleza inferior.

El primer paso para someter el cuerpo físico a nuestro control, es separarnos de él en conciencia y darnos cuenta lo mas cabal posible de que no somos él sino somos su dueño. Al hablar de la necesidad de conocer el cuerpo físico indicamos que uno de los frutos de ese conocimiento es cierta capacidad de separarnos mentalmente de él, o sea de objetivarlo. Este poder de disociarnos del cuerpo y objetivarlo, debe desarrollarse asiduamente por un curso intenso de entrenamiento, hasta que seamos plenamente conscientes de ese dualismo y ya no nos identifiquemos con el cuerpo, como no nos identificaríamos con un corcel que cabalgáramos y utilizáramos para hacer nuestro trabajo. Alimentamos bien al caballo, lo cuidamos y hasta podemos permitirle ciertos caprichos inocentes; pero no lo dejamos que interfiera nuestro trabajo, y lo obligamos siempre a que haga lo que se necesita hacer. Similar debe ser nuestra actitud hacia nuestro cuerpo físico que reconocernos como una cosa viviente, con sus caprichos e idiosincrasias, con su deseo natural de confort y de evitar todo aquello a que no esté acostumbrado.

Pero esta actitud no se adquiere con sólo pensar en ello. Es el resultado de una disciplina rígida y persistente. Sin esa disciplina no podemos desarrollar la capacidad de disociarnos del cuerpo, y sin darnos cuenta seguiremos siendo esclavos suyos. Esta disciplina no significa, sin embargo, caer en el extremo de torturar el cuerpo y someterlo a una tensión innecesaria, como hacen algunos equivocados fakires y religiosos. Esos métodos extremados son totalmente malos; el Bhagavad Gita y todos los grandes instructores nos previenen contra ello. El cuerpo físico se somete a control, simplemente por la aplicación de una firme presión de la voluntad al cambio de los malos hábitos, usando paciencia y sentido común en su manejo. El propósito de Tapas o austeridades de varias clases, practicadas inteligentemente es lograr este control sobre el cuerpo físico y convertirlo en un obediente instrumento del alma que cumpla con eficiencia y sin resistencia todo lo que se le pida hacer. Cada Sadhaka (aspirante) puede idear sus propios métodos para adquirir este control, pues las circunstancias de cada individuo son diferentes y lo que se considera necesario en el caso de uno puede ser innecesario en el de otro.


El enlace al libro, por si prefieres leerlo a tu ritmo:


El enlace al canal de youtube, por si eres de los que prefieren escuchar: 




miércoles, 10 de enero de 2018

Conocimiento de sí mismo (12) Parte II: Disciplina y conocimiento de sí mismo.- Cap IV: Funciones del cuerpo físico.

En uno de los capítulos anteriores se dio una visión a vuelo de pájaro del problema de la Renovación de Sí Mismo y se vio que consiste parcialmente en perfeccionar los diversos vehículos de conciencia que la Mónada usa en los distintos planos. El más externo y más denso de ellos es el cuerpo físico, que es el que más conocemos y con el que tenemos que tratar más mientras nuestra vida está confinada al plano físico. Estudiaremos primero este cuerpo. El método natural es siempre ir de lo conocido a lo desconocido, y esta línea de acción la indica también el hecho de que en el curso normal de la evolución de nuestros cuerpos el físico es el primero que se organiza y se perfecciona. La Naturaleza generalmente empieza por el fondo y avanza paso a paso hacia el tope.

Hay cierta confusión muy generalizada en el estudiante corriente acerca de la función del cuerpo físico y el método correcto de tratarlo. Mientras algunos aspirantes le conceden demasiada atención a los problemas referentes a este cuerpo y se embrollan demasiado en cosas no esenciales, otros lo olvidan totalmente bajo la idea equivocada de que la vida en el plano físico es Maya y que no importa cómo vivimos ni cómo tratamos este cuerpo. Lo correcto es considerar el cuerpo físico como un instrumento del alma para su tarea en este plano. Es un instrumento vivo y no una máquina insensible, y por tanto tiene sus propias tendencias definidas. El instrumento que necesitamos para cualquier clase de trabajo debe conservarse en perfecto orden y hay que tratarlo y mejorarlo de modo que pueda cumplir sus funciones específicas con la máxima eficacia. Un músico que descuida su violín y lo mantiene desafinado, es tan necio como el que se ajetrea demasiado cuidándolo y desperdicia su tiempo y energía en embellecerlo.

Antes de considerar los métodos que se usan para controlar y purificar el cuerpo físico y convertirlo en un instrumento sensitivo y fuerte de la Mónada, debemos tratar de entender la índole y las funciones de este instrumento. Cualquier cosa que queramos dominar y estrenar para cierto propósito, debemos primero comprenderla y conocerla lo más completamente posible. Un equitador conoce muy bien la índole de un caballo, y este conocimiento lo capacita para domarlo y amansarlo fácilmente. Un preceptor debe conocer completamente la índole de los niños, si ha de guiar sus nacientes facultades en forma recta. Así debemos nosotros conocer y entender bien nuestro cuerpo físico, si queremos disponer de un instrumento eficiente y completamente controlado.

Lo primero que se necesita para esto es tener una idea general de su constitución y su anatomía interna. Cualquier texto elemental de fisiología nos dará una idea adecuada acerca de su estructura interna, y removerá muchos conceptos falsos y generalizados acerca de su funcionamiento. Muchas personas educadas y sensatas no conocen ni siquiera los hechos más elementales acerca de su cuerpo, y si se les pregunta a qué lado queda el hígado no pueden precisarlo. Pueden dar información correcta sobre la constitución del Sol y los elementos presentes en él; saben todo lo referente al motor de un automóvil; pero ignoran lo que se refiere al cuerpo físico con el que tienen que trabajar durante toda su existencia en esta tierra. Este es un comentario triste sobre nuestro sistema educacional que nos atiborra la cabeza con toda clase de conocimientos inútiles sobre lo no esencial, y descuida casi por completo las cosas que más importan en la vida.

El fruto más importante del conocimiento de la estructura interna del cuerpo físico es que nos permite objetivarlo más fácilmente, o sea verlo como algo distinto a nosotros mismos, y darnos cuenta de que no es sino un instrumento nuestro. Si sólo reparamos en su apariencia externa, tenderemos a identificarnos con él más que si lo vemos mentalmente como lo que es: una máquina viva y complicada, más elaborada en sus funciones que
algunas de las plantas industriales modernas.

Lo siguiente que tenemos que hacer es darnos cuenta clara de las funciones del cuerpo físico. Vimos que es un instrumento; pero ¿para qué sirve? Es un instrumento con ayuda del cual la Mónada entra en contacto con el plano físico. A través del largo proceso de la evolución, este instrumento se ha mejorado lentamente gracias a los diversos agentes divinos que trabajan en el sistema Solar. Además de permitirle a la Mónada entrar en contacto con los objetos y fenómenos de este plano, la capacita para producir cambios en ellos. Con ayuda de los cinco órganos de los sentidos que lentamente se han desarrollado durante la evolución del cuerpo, el alma obtiene el conocimiento del plano físico. Y por medio de los órganos de acción produce cambios en el mundo externo. (Los órganos sensorios se llaman Jnanendriyas, y los de acción Karmendriyas, en sánscrito). (Aquí te vuelvo a recordar: no te quedes enganchado con las palabras que no entiendes y déjate sentir por lo que sí entiendes). 

Por medio de un experimento simple podemos darnos cuenta de hasta qué punto dependemos de esos órganos sensorios para conocer el mundo físico. Cerremos las avenidas sensorias una tras otra hasta donde sea posible, y no que nuestro contacto con el mundo físico se reduce más y más, hasta que, cerradas todas las cinco avenidas nos encontramos completamente ajenos al mundo físico, y todo lo que nos quedará será las imágenes mentales conjuradas por la imaginación, o el recuerdo de experiencias tenidas por medio de nuestros contactos con ese mundo.

Vista bajo esta luz, el cuerpo físico no es sino un instrumento portátil que combina las funciones de un transmisor y un receptor inalámbrico. Del mundo físico capta las vibraciones de luz, sonido, etc., y las transmite hacia dentro, con lo cual capacita al Ego para conocer los diversos objetos de dicho mundo. Y del Ego interno recibe impulsos y pensamientos motores que transmite al mundo externo por medio de los órganos de acción. Andamos por todas partes con este instrumento portátil, y nos ponemos en contacto con diferentes porciones del mundo físico según sea necesario. Pero se nos ha grabado tanto la costumbre de identificamos con el cuerpo físico que si en vez de decir ‘estoy haciendo tal cosa’ o ‘voy para tal parte’, usáramos un lenguaje más acorde con los hechos reales y dijéramos ‘estoy obligando a mi cuerpo a hacer tal cosa’ o ‘estoy llevando mi cuerpo a tal parte’, sonaría muy raro a nuestros oídos.

Llegamos ahora a una contribución muy importante de la Teosofía a la comprensión de la constitución del cuerpo físico. La ciencia moderna que ha dedicado dos siglos de labor investigadora continua al cuerpo físico, ha reunido información muy detallada sobre su mecanismo. Cada músculo, hueso, nervio y arteria, ha sido investigado completamente y catalogado, y se ha determinado cómo ocurren los diversos procesos metabólicos. Pero a
pesar de este cuantioso trabajo ha pasado por alto totalmente, debido a una actitud materialista ortodoxa, más de la mitad del cuerpo físico, o sea la que en la literatura Teosófica se llama el doble etéreo. La parte densa del cuerpo físico, que los científicos han investigado y que podemos ver con los ojos, está compuesta de materia perteneciente a los tres subplanos inferiores del plano físico. Pero existen otros cuatro subplanos más sutiles, que interpenetran la materia sólida, líquida y gaseosa que forma la parte más densa. Y de estos cuatros subplanos menos densos, la ciencia no sabe aún nada.

La materia que pertenece a estos cuatro grados más sutiles, entra en la composición de esa contraparte sutil del cuerpo físico que llamamos doble etérico; etérico porque se da el nombre de éteres a esos cuatro grados más finos de materia, y doble porque es la contraparte exacta del cuerpo denso, aunque sobresale de éste unos siete centímetros. Este doble etérico no debe considerarse como un vehículo más de la conciencia, sino como un complemento del cuerpo físico denso; los dos juntos constituyen el cuerpo físico total.

La función del doble-etérico es la de servir como vehículo de Prana, que es una energía especializada que en sus diversas modificaciones mantiene y regula las actividades del cuerpo físico. Esta energía proviene del Sol; un chakra situado cerca del bazo la descompone en sus constituyentes, y luego las corrientes de estas diferentes clases de Prana fluyen hacia diferentes partes del cuerpo por canales bien demarcados, para cumplir su trabajo especializado en esas partes. Esta vitalidad solar y especializada por el doble etérico, es la fuente de todas las energías vitales que el cuerpo físico necesita para su mantenimiento. La Ciencia se equivoca al considerar que los alimentos son la fuente de esas energías, y basada en esa equivocación ha elaborado una deficiencia de la nutrición. El cuerpo físico necesita comida y bebidas para reparar sus tejidos, para producir calor, y para otros propósitos; pero no para adquirir vitalidad. Es bueno tener esto en mente, porque nuestras falsas ideas acerca de la función del alimento engendran en la mente dudas y temores sin fundamento y nos dificulta el prescindir del mal hábito de comer demasiado que es responsable de muchas enfermedades. No es necesario entrar en más detalles sobre este punto, porque en la literatura Oculta existen varias obras que dan toda la información que uno pueda necesitar al respecto.

El enlace al libro, por si prefieres leerlo a tu ritmo:


El enlace al canal de youtube, por si eres de los que prefieren escuchar: 
https://www.youtube.com/watch?v=ByCnCBeBP7Y&feature=youtu.be