domingo, 24 de mayo de 2020

"Las Leyes Espirituales" Vicent Guillem (55) Almas gemelas 2

¿Me puedes aclarar cómo la necesidad evolutiva puede influir en la composición familiar y qué diferencia hay entre expiaciones y misiones?

Sí. Existen familias cuyos componentes, sean estos hermanos, padres o hijos, han sido enemigos acérrimos en otras vidas y pueden haberse hecho mucho daño, motivados por el odio, deseo de venganza o resentimiento que han sentido los unos por los otros. Estos espíritus encarnarían juntos con el objeto de limar sus asperezas a través de la estimulación del afecto que proviene de la consanguinidad. Es decir, se trata de una expiación en el sentido de que estos espíritus tienen deudas que saldar entre ellos, por haberse hecho daño mutuamente, por haber actuado en otras vidas contra la ley del amor. En el caso de las misiones, los espíritus no se unen ya porque tengan deudas que saldar, sino porque se aman y deciden encarnar juntos para ayudarse mutuamente en el cumplimiento de objetivos espirituales más avanzados, que tienen que ver con la ayuda a seres espiritualmente menos evolucionados, aunque al mismo tiempo esto les sirva para mejorarse espiritualmente. Entre esos dos extremos existen situaciones intermedias de todos los matices, en las que existe parte de egoísmo y parte de sentimiento, parte de expiación y parte de misión, porque a medida que el espíritu avanza por el camino de la evolución espiritual, cada vez tiene menos deudas que saldar y más amor para dar de forma incondicional.

Pero, en el caso de las relaciones por expiación, ¿no se producirá el efecto contrario al que se persigue? Es decir, si las personas que se odian son obligadas a convivir bajo el mismo techo, ¿no se generarán abusos, malos tratos, tensión y discusiones constantes?

No son obligadas, sino que ellas mismas han aceptado la sugerencia de los guías espirituales para vencer sus malos sentimientos. Los abusos, malos tratos y discusiones a los que haces referencia aparecen porque estos espíritus continúan aferrándose a sus malos hábitos espirituales y no quieren reformarse.

De todas formas, me parece una terapia demasiado agresiva el situar a personas que se odian en la misma familia. Es como juntar a todos los presos peligrosos en la misma celda, ¿no acabarán despellejándose? No veo que de esa situación pueda surgir el amor.

No he dicho que todas las personas de la familia se lleven mal entre sí. Se puede dar, por ejemplo, que el choque sea entre el padre y un hijo, o entre un hermano y otro, pero no de estos con los otros miembros de la familia. Generalmente, en estas familias también encarnan espíritus más avanzados que dan el ejemplo a seguir de cómo ha de ser una conducta amorosa. El hecho de que espíritus con defectos semejantes encarnen juntos es precisamente para que uno sirva de espejo del otro, y aprendan de la experiencia de convivir con alguien que se parece a uno mismo.

¿Y qué es lo que han de aprender de esta experiencia?

Lo primero, saber que todos somos hermanos, y aquí es literal, porque la persona más odiada en la vida anterior puede ser tu hermano de sangre en la siguiente. Tened clara una cosa: no se puede evolucionar queriendo solo a unos cuantos y odiando a los demás. Hasta que no transformemos el odio en amor no avanzaremos. Por ello debemos reparar el daño que hemos hecho por odio, y qué mejor manera que hacerlo con la persona con quien más nos cuesta y a quien más le debemos. También sirve para conocer y vivir en carne propia las manifestaciones del defecto de otra persona que tiene el mismo defecto que nosotros, si entendemos como defecto una manifestación del egoísmo. Tenemos tendencia a ver la paja del ojo ajeno pero no la viga del propio, es decir, nos fijamos muy bien en los defectos de los demás, especialmente los de las personas que no nos son queridas, pero no queremos ver los propios, que suelen ser semejantes a los de los demás. Si vivimos en nosotros los efectos del defecto, la experiencia propia del sufrimiento que genera esa manifestación del egoísmo de los demás en nosotros mismos, tomaremos conciencia de que existe y de que es algo que hay que ir eliminando.

Volvamos al tema de las relaciones personales, ¿por qué motivos pueden unirse dos personas en una pareja?

Por amor, por necesidad de evolución espiritual o por apego. Los dos primeros son motivos que obedecen a criterios espirituales y se deciden antes de encarnar. La última es elegida por la persona cuando ya está encarnada y suele tomarse más por razones “terrenales” que espirituales, lo que altera muchas veces los compromisos espirituales adquiridos antes de encarnar.

¿Me puedes explicar qué diferencias hay entre unos tipos de unión y otros?

La primeras se producen por la unión de sentimientos y la afinidad espiritual.
Las segundas por una necesidad de aprendizaje mutua y generalmente se dan entre espíritus que tienen algún tipo de cuenta pendiente, o que pueden mejorar espiritualmente a través de la convivencia, por tener determinados defectos o virtudes que pueden trabajarse a través de esa convivencia.
Las terceras se dan por una atracción física o sexual, por afinidad de objetivos mentales o materiales, o por necesidad material, necesidad afectiva, conveniencia u obligación entre las personas que se han unido.

En el caso de la encarnación de los hijos puedo entender que esto sea decidido en el mundo espiritual. Pero la decisión de unirse dos personas como pareja ¿acaso no se toma siempre en el mundo físico, una vez está uno encarnado?

Cierto es que la decisión final se toma cuando uno está encarnado. Pero yo me pregunto, ¿cuál es la probabilidad de que dos personas que no se conocen, entre tantos miles de millones, se encuentren en una vida? ¿Casualidad? Para que las circunstancias confluyan, es decir, para que ciertas personas se conozcan y tengan la oportunidad de conocerse, hace falta que converjan un cúmulo de circunstancias, y esto es lo que se organiza desde el lado del mundo espiritual. También, el reconocimiento de que cierta persona va a ser alguien importante en la vida de uno es una impresión que viene del recuerdo de la otra vida.

Según lo que cuentas, deduzco que uno puede tener parejas diferentes en cada encarnación, ¿no?

Sí, claro. Suele ser lo normal en los mundos de vuestro nivel evolutivo y, además, muchas veces es necesario para la evolución espiritual, o es la consecuencia de los actos de otras vidas.

¿Qué quieres decir?

Que aun tratándose de almas gemelas, de espíritus totalmente afines, si les pueden más los defectos que los sentimientos, pueden acabar separándose, aunque sea solo temporalmente, por no querer reconocer ni modificar los malos hábitos espirituales. A veces solo se aprecia lo que se tiene cuando se pierde. De ahí que para otras vidas elijan a otras parejas con menor afinidad, pero que les pueden ayudar a modificar estos hábitos. En vuestro mundo hay muy pocas parejas que se unan por amor, porque la mayoría hace poco caso del interior. La gran mayoría lo hace por necesidad o conveniencia material o afectiva, o atracción sexual, y solo una pequeña parte se une en función de las necesidades espirituales. En los mundos más avanzados, donde los espíritus ya han eliminado gran parte del egoísmo y son más consecuentes con sus sentimientos, la mayoría de uniones se dan por amor, por que los espíritus afines se reconocen inequívocamente y por que saben que la satisfacción de ningún anhelo material les puede hacer más felices que el sentimiento mutuo que experimentan.
Encontrarás pocas parejas que no sean almas gemelas y ninguna que haya sido elegida en función de intereses egoístas.




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