lunes, 18 de diciembre de 2017

Conocimiento de Sí Mismo (4) Cap. 1.- La Evolución a la Luz de la Teosofía.

Una de las ideas más brillantes y fructuosas que la Ciencia ha dado al mundo moderno es la de la Evolución. Pero el sesgo materialista que el pensamiento científico ha tomado desde el principio, ha hecho que esta idea quede como una verdad a medias, desprovista de su verdadera importancia y valía en la vida humana. Le ha correspondido a la Teosofía proveer la otra mitad de la verdad y hacer así que esta idea sea realmente dinámica y de gran ayuda en la comprensión de la vida y sus fenómenos.

La idea básica de la evolución como la da la Ciencia es fácil de captar. La teoría de la evolución fue formulada originalmente por Darwin para explicar la gran variedad de especies en el reino animal; pero pronto se aplicó y se extendió en otras direcciones y se vio que arroja luz sobre fenómenos de muy diversas clases. Su idea central es la de que los cambios que han producido tan gran variedad de especies en el reino animal, no ocurren al azar sino son el resultado de los esfuerzos que las formas hacen para adaptarse gradualmente al ambiente. Las formas continúan modificándose para adaptarse a las condiciones peculiares del ambiente cambiante. Cambios mayores y más fundamentales producen los diferentes géneros, mientras cambios menores y locales producen la gran variedad de especies. La continuidad de cambios en las formas, que se observa como un hecho en la naturaleza, se explica por la dependencia de estas formas de un ambiente que cambia gradualmente. De suerte que lo que esta teoría hizo realmente fue introducir orden en la confusión de los fenómenos biológicos, al mostrar que la gran variedad de formas vivientes no carecen de relación unas con otras sino que tras de este cambio de formas opera un principio de derivación que las va adaptando al ambiente en que se encuentran.

Se verá que en la idea de la evolución, tal como la dio la Ciencia, los cambios en las formas se atribuyen al esfuerzo de las formas por adaptarse a su ambiente. Este es el resultado natural de considerar este proceso como un fenómeno puramente físico y de estimar el aspecto vital del proceso como un subproducto de los cambios físicos. Puesto que se considera que la vida es el resultado de la interacción de materia y fuerza, es inevitable que no se la tenga en cuenta al considerar la serie de cambios que ocurren en las formas, y que se atribuyan estos cambios solamente a la influencia del ambiente. Se ve, pues, que lo limitado del concepto científico de la evolución se debe a la posición adoptada por la Ciencia moderna con respecto a la naturaleza del Universo; posición que puede resumirse en una sola palabra: materialismo.

La contribución importante y vital de la Teosofía a la idea de la Evolución, fue la de mostrar el otro lado de la medalla y dar así un cuadro completo del proceso. La Ciencia Teosófica dispone de medios para investigar los fenómenos de la vida de un modo más directo y amplio que como puede hacerlo la Ciencia moderna. Y como resultado de estas investigaciones ha definido que la vida no es un subproducto de la materia y la fuerza, sino un principio independiente que utiliza materia y fuerza para expresarse en el plano físico. Las formas existen para que la vida que las anima pueda expresarse. Y cambian para atender a las demandas crecientes y diversas de la vida que quiere expresarse más plenamente. La vida toma para sí forma tras forma y gracias a los estímulos que recibe por medio de ellas desarrolla y manifiesta gradualmente sus posibilidades latentes. Las formas mueren y desaparecen, pero la vida que funcionó por medio de ellas crece más y más.

De suerte que detrás de la serie de cambios en las formas, que la teoría científica de la Evolución hace aparecer como un panorama sin sentido de cambios interminables, vemos ahora que la vida está evolucionando continuamente por medio de estas formas diversas que utiliza en sus diferentes etapas de evolución. Vemos que en la infinita variedad de formas que constantemente están destruyéndose, hay un propósito inteligente y definido de la naturaleza; propósito que hoy por hoy le niega la Ciencia. La Ciencia moderna es como un sordo que estudia diferentes instrumentos musicales de creciente delicadeza; los estudia con gran cuidado, pero se niega a aceptar la existencia de la música.

No es raro, pues que el tema de la Evolución tal como lo estudia y lo expone la Ciencia, sea tan poco atractivo; cuestión de hechos áridos, de fósiles desenterrados de las entrañas de la tierra, de esqueletos armados pieza por pieza. Y que nos de una visión muy parcial, si no torcida, del proceso.

En cambio, la Evolución como nos la presenta la Teosofía es una idea dinámica, más fascinante cuanto más se la estudia. Nos da como en un relámpago una penetración en todos los procesos de la Naturaleza que ocurren ante nuestros ojos. Fusiona en un conjunto integrado todos los hechos y fenómenos de la vida que alcanzamos a conocer. No sólo ilumina el pasado y el presente, sino también nos da una vislumbre del futuro. Y esto no sólo en relación con la humanidad en conjunto sino con nosotros como individuos. Nos indica la perfección que hemos de alcanzar algún día, y también los peldaños de la escala por los cuales ascendemos hacia esa perfección. En efecto, el rasgo más importante de esta visión Oculta de la evolución no es el de la penetración intelectual en cuanto al funcionamiento de la Naturaleza, sino el de la certeza que nos da de nuestro triunfo final sobre todas las dificultades, imperfecciones y limitaciones. De esta manera se nos capacita para tratar el problema global de la renovación de sí mismo de una manera científica, y para desarrollar nuestros poderes y facultades con tanta confianza como la que muestra un científico al trabajar en su laboratorio.

Como este libro tiene por objeto tratar de una manera comprensiva el problema de la renovación propia, y eso sólo puede hacerse desde el punto de vista más amplio que sobre la evolución nos ofrece la Teosofía, tenemos que separarnos desde aquí de la teoría de la Ciencia sobre la Evolución, para ver qué significa Evolución en Teosofía y cuáles son las diferentes etapas de esa larga ruta que nos lleva a la perfección. Pero antes echemos un vistazo a lo que significa esa perfección que es la meta del esfuerzo humano. (Desde mi humilde sentir, esta Evolución se puede alcanzar desde muchos puntos de partida. La cuestión es que, desde el punto de partida de la Teosofía, se nos facilita, y mucho, el Camino). 

Debe entenderse claramente que no existe límite alguno para el desenvolvimiento gradual de la Vida Divina que está manifestándose en el Universo en diversas formas. No existe un punto en que pueda decirse que se ha alcanzado la perfección final. Pero para la humanidad hay un lindero que puede considerarse que marca el límite del reino humano; se alcanza cuando un Arhat que marcha por el Sendero de Santidad se convierte en un Jivanmukta o Maestro de Sabiduría. Cuando un Adepto alcanza este punto definido, deja de ser compulsoria para él la reencarnación, pues ha pasado de la etapa humana a la Superhumana y de ahí en adelante su desenvolvimiento continúa en planos superfísicos. La perfección a que se ha aludido arriba es, pues, la perfección relativa que alcanza un Maestro de Sabiduría. (Arhat = (En el budismo y el jainismo) Alguien que ha alcanzado la meta de la vida religiosa.- Jivanmukta = sánscrito, Literalmente; “libertado o emancipado en vida. De nuevo: no te quedes en lo que no entiendes del todo, y déjate guiar por lo que tu corazón te dicta). 

También es necesario recordar que no podemos saber lo que es esta perfección mientras no alcancemos esa etapa nosotros mismos. Pues las realidades de la vida superior no pueden conocerse sino por experiencia directa, y ninguna descripción verbal, ni siquiera el máximo esfuerzo imaginativo, pueden capacitamos para comprenderlas como realmente son. De modo que al decir que estamos tratando de entender estas cosas, mientras estamos todavía confinados dentro de los ámbitos del intelecto, lo que realmente se quiere decir es que estamos tratando de captar vislumbres o débiles reflejos parciales de ese esplendor oculto que es totalmente inconcebible y sólo puede ser realizado hasta cierto grado en nuestro corazón cuando lo permite nuestro desarrollo interno.

Luego de esta explicación, echemos un vistazo panorámico a este vasto proceso de la Evolución. Un tema tan fascinante como es este, y sin embargo no podemos tratarlo detalladamente en el espacio de este capítulo. Apenas podemos exponer ciertas amplias generalidades y señalar los puntales más importantes de esta ruta a lo largo de la cual todos estamos viajando.

Conforme a las enseñanzas Teosóficas, toda vida que vemos en manifestación a nuestro rededor, proviene de la Esencia Divina Una, y después de desarrollar todas sus potencialidades se sumergirá otra vez en esa Fuente Divina. Todas las cualidades y poderes que asociamos con la Perfección Divina están latentes cuando la vida surge de su Divino Origen, en estado germinal, tal como un árbol está oculto en su semilla. Esas cualidades se desenvuelven o empiezan a funcionar lentísimamente, gracias a los impactos del exterior que proveen la fuerza evolutiva, y gracias también a la constante presión que la Voluntad Divina ejerce desde adentro. Y cuando la vida, después de alcanzar su perfección, vuelve a fundirse conscientemente en la Divinidad, todas las cualidades y poderes pertenecientes a esa etapa particular de evolución están en plena manifestación.

El enlace al libro, por si prefieres leerlo a tu ritmo:
http://www.logiamdblavatsky.com/resources/Taimni_RenovacionDeSiMismo.pdf 

(El enlace al canal de youtube, por si eres de los que prefieren escuchar: 
https://www.youtube.com/watch?v=A0Aevl32W_o&feature=youtu.be






 

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