jueves, 24 de agosto de 2017

Método Kabaleb - 11: La muerte y el ciclo de la vida

2. Capítulo VII - La muerte y el ciclo de la vida.
     Nos adentramos ahora en el ciclo de la vida. Para ello quizá será necesario romper alguna creencia, “cambiar de chip.” (Tengo muchos chips que cambiar).
     Ya hemos comentado que la vida se desarrolla en tres mundos: el Físico, el de Deseos/emocional (al que también se le llama Astral en la terminología esotérica) y el del
Pensamiento; y para poder vivir en ellos, disponemos de tres cuerpos: EL FÍSICO, EL DE DESEOS Y EL MENTAL. (Os recuerdo que aunque el cuerpo de deseos y el mental no lo vemos, están ahí, porque forman parte de mi experiencia de Vida). 
     El cuerpo físico es el único en el cual el ser humano puede realizarse, adquirir experiencias, progresar. El cuerpo mental y el cuerpo emotivo o de deseos actúan a través del físico, que les sirve de vehículo. De ahí la enorme importancia que debe tener para nosotros la existencia física. (No se trata de "elevarme" hasta tal punto que me olvido de lo físico, ya que he elegido experimentar esto, luego voy a experimentarlo con todas sus consecuencias). 
     Cuando el cuerpo físico muere, la vida se retira al cuerpo de deseos y en él prosigue su evolución. La teoría que desarrollamos a continuación se basa en la REENCARNACIÓN. Sabemos que existen dos grandes corrientes evolutivas: la de la fe y la del conocimiento. La reencarnación forma parte del segundo grupo, debe comprenderse y asimilarse a través del sentido común. Nadie debe convencernos sino que conviene llegar a esta conclusión siguiendo una lógica evolutiva. (Aunque no creas en la reencarnación, deberías seguir leyendo y escuchando. El saber no ocupa lugar. Yo decido lo que quiero creer, y no pasa nada si en un momento de mi vida cambio mis creencias, dependiendo de mis experiencias).
     Resulta difícil (por lo menos desde nuestro punto de vista) desarrollar una teoría de la evolución mínimamente creíble sin apoyarnos en la reencarnación, porque sin ella, todo se transforma en casualidad, buena o mala suerte y nada tiene sentido. Nos encontraríamos en un universo arbitrario, sin futuro, sin apenas ilusiones, dado que sus desigualdades son demasiado evidentes si las miramos bajo la perspectiva de que aquí empieza y aquí acaba. La idea de un proceso evolutivo continuado facilita una explicación plausible y fomenta la libertad de interpretación. (Desde mi sentir: si sólo tuviéramos esta vida una sola vida ¡vaya un desperdicio de energía! En el Uni-verso nada se desperdicia. Ya sabemos que la energía no se pierde, tan sólo se trans-forma).

El átomo germen.
     En el momento de la muerte, el Átomo-Germen del cuerpo físico, que podríamos definir como un chip de memoria del disco duro humano, (que durante la vida se encuentra en la punta del ventrículo izquierdo del corazón), (dato cuanto menos curioso) asciende hasta el cerebro por el nervio neumogástrico y abandona el cuerpo por las suturas de los huesos parietal y occipital. (Ambos lados de la cabeza y detrás)
     Este Átomo Germen (chip), también llamado Átomo Simiente, contiene la grabación de todas las experiencias conseguidas y asimiladas a lo largo de la vida. La sangre, que es la que contiene grabadas las experiencias que vive cada ser humano, deja una huella impresa sobre ese átomo, como un archivo temporal que queda inscrito en el disco duro y que después de pasar por los distintos filtros (que veremos más adelante) se graba de una forma definitiva.
     Entonces, si la sangre contiene las experiencias, ¿qué ocurre cuando alguien se desangra, cuando tiene un accidente o en una transfusión? (Buena pregunta). La persona pierde una parte de sus experiencias. Sólo tenemos que fijarnos en cómo cambia el carácter de quien recibe mucha sangre ajena o un órgano trasplantado. (Está estudiado en casos reales: una persona puede cambiar su forma de comportarse después de un trasplante y volverse más como era su donante)     
     Este tema genera a menudo controversia porque la sociedad asume como una buena acción la entrega de sangre, y lo es, pero cuando disponemos de nueva información, nuestra forma de actuar cambia y analizamos cada movimiento en función de las circunstancias y de nuestras necesidades evolutivas, teniendo en cuenta que siempre debe prevalecer el sentido común. Si sabemos que una transfusión puede salvar una vida, resultará más importante esa supervivencia que las experiencias que perdamos donando sangre, que en definitiva siempre podremos revivir.
     Así es como funcionan las cosas de oficio, con el piloto automático, podríamos decir, pero es importante saber que es posible ir grabando las experiencias a medida que se producen. Cuando estamos escribiendo un texto en el ordenador, si se produce un corte del fluido eléctrico, y no la hemos grabado, podemos perder toda la información. Lo mismo pasa con las experiencias, para grabarlas no es necesario esperar el proceso de la muerte, podemos hacerlo todos los días en el ejercicio de retrospección nocturna, reconsiderando todo lo que nos ha pasado durante el día y registrando/grabando en nuestra conciencia la enseñanza que cada acto, pensamiento o emoción contenía. (Es una buena costumbre que la inmensa mayoría no hacemos).  O incluso, si nuestro nivel de conciencia es muy avanzado, podemos ir grabando sobre la marcha a cada paso que damos. (Esto se llama auto-consciencia, o al menos yo lo llamo así: hacerme en cada momento auto-consciente de lo que estoy viviendo, de lo que estoy experimentando). En este caso, aunque perdiéramos la sangre, no perderíamos las experiencias porque ya las habríamos pasado al disco duro.
     Es importante que conozcamos los procesos que están conectados a nuestra vida y a la evolución de la especie, porque LA INFORMACIÓN NOS AYUDA A ELIMINAR CONDICIONANTES Y NOS VUELVE MÁS LIBRES. Después cada cual la utilizará como mejor le parezca.
     Volviendo al Átomo Germen, ese microchip nos sigue a lo largo de todas nuestras encarnaciones y en él está depositada, en consecuencia, la memoria de las vidas pasadas. Al morir, se incorpora al cuerpo de deseos.       Podemos pensar que es como si a un ordenador le quitáramos el disco duro para ponérselo a otro de nueva generación. O como si la caja negra de un avión fuera incorporada a otro aparato, del mismo tipo pero de una serie superior, para que éste pudiera integrar la experiencia del anterior. En el mundo entero se trabaja con el programa informático Windows, y cada año Microsoft (la empresa que lo fabrica) incorpora novedades y saca un nuevo Windows al mercado. (Buenos símiles, fáciles de entender).

El cerebro y el corazón.
     El Átomo Germen se encuentra en el ventrículo izquierdo del corazón. Buscando la aplicación práctica, podríamos decir que la parte izquierda es la que aporta la experiencia. Todo lo que se encuentra en la izquierda en el organismo es portador de cristalizaciones y constituye la parte "acabada". En el hemisferio izquierdo se sitúan, por ejemplo: la lógica, el análisis, el detalle, el método, el lenguaje, la memoria concreta, la percepción del bien y del mal, la racionalidad, la estrategia.
     Estamos hablando de conceptos mentales, pero ¿qué sucede con el corazón? El cerebro es el que gobierna el organismo. A través de los músculos, imprime un movimiento al cuerpo y cuando un órgano se siente enfermo, es al cerebro que transmite su pesar. A través del filamento nervioso, emite sus órdenes hacia abajo y obtiene la información de abajo hacia arriba. EL CEREBRO ES EL ORDENADOR QUE LLEVAMOS DENTRO. (También un magnífico símil). Pero EL CORAZÓN, SIENDO EL QUE ASEGURA LA CIRCULACIÓN DE LA SANGRE, ES QUIEN POSIBILITA EL FUNCIONAMIENTO DEL CEREBRO, O SEA, ES COMO LA CORRIENTE ELÉCTRICA SIN LA CUAL EL ORDENADOR NUNCA PODRÍA FUNCIONAR.

     En resumen, el cerebro es el centro controlador de acontecimientos y el corazón es el que los valora y el que guarda memoria, es decir, conciencia de ellos.


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